Afectividades y juventudes votantes

Voces de la UAM

Alfredo Nateras Domínguez*

Pensar a las juventudes implica necesariamente reflexionar al país y, pensar al país, pasa también de manera obligada, por reflexionar a sus juventudes, esto debido a lo que representan real como simbólicamente, es decir,además de su presencia demográfica —el INEGI estima que hay 30.6 millones de jóvenes entre los 15 y los 29 años de edad— son los sujetos y actores sociales —hombres como mujeres— que de mejor manera están dando cuenta de las contradicciones y tensiones de nuestras sociedades contemporáneas y, han sido las y los protagonistas más importantes en la expresión del descontento afectivo y del malestar social, expresado en el uso de las redes sociales —laciberpolítica/la cibermilitancia— y, en las múltiples y, multitudinarias protestas callejeras, llevadas a cabo en una gran diversidad de espacios públicos de las grandes ciudades, tanto en lo local/nacional —México— como en lo global/mundial —Turquía, Grecia, España, Estados Unidos, Honduras, Colombia, Brasil y Argentina, entre otros países—.

El estado de ánimo afectivo que recorre a una gran parte de las juventudes en nuestro país, está plagado de emociones como el enojo, la indignación, la rabia y el coraje, por los interminables escándalos de corrupción, impunidad, prepotencia y cinismo de una parte de la clase política y de sus partidos, sobretodo del PRI —remember la Casa Blanca de la pareja presidencial; o el condominio de un millón de dólares en Miami, Florida, de la exdirigente del PRD, Alejandra Barrales, ocultado en su declaración patrimonial; o el aumento desmedido del patrimonio inmobiliario de Ricardo Anaya, del PAN— aunado al fracaso de las reformas educativa, energética y económica —que tienen principalmente a estas juventudes— y, no sólo a ellas —en los umbrales de la precariedad y de la pobreza y,con serias dificultades para acceder a la educación, o para conseguir un empleo digno, o circular en sus ciudades con seguridad— las juventudes son las que más sufren la violencia tanto del Estado como del crimen organizado, recordar el caso de Ayotzinapa, Iguala Guerrero, 2014 y, que se traduce en incertidumbre, zozobra, desaliento y desesperanza; máxime ante el panorama gris y oscuro, por no poder construir sus proyectos presentes de vida, en el aquí y en el ahora social.

Algunos estados de ánimo afectivos traducidos en miedo grupal, o de dolor social, o de indignaciones colectivas, dadas las circunstancias y los acontecimientos vividos en común, como por ejemplo, las violencias sociales/el feminicido/el juvenicidio, o el terremoto del 19 de septiembre del año pasado que desnudó algunos fraudes inmobiliarios, por una parte; pueden inmovilizar e inhibir la participación y la acción colectiva, bajo el discurso en este caso de: ¿para qué votar? y, por la otra, al contrario, impulsar e incentivar la acción y la participación ciudadana electoral —juvenil— aún a pesar de los partidos y de esa clase política totalmente desacreditada para una gran parte de la gente en general y de las juventudes en particular. Y, este es a mi parecer, el gran dilema, o la paradoja a la que se van a enfrentar, aquellas juventudes que por primera vez irán a las urnas en este año electoral —y también las que ya ejercieron alguna vez su voto—.

En términos amplios, serán las juventudes —si es que salen a votar y no les vence la indiferencia y el “encabronamiento”— las que marcarán significativamente el rumbo político y social de nuestro país, particularmente para la presidencia de la República. Si bien es cierto, que asistimos a nuevas formas de organización social juvenil y de participación política, que están en clave cultural; en formatos de nuevos movimientos sociales; en asociaciones de la sociedad civil; en grupos de autogestión y; en el uso de las Tecnologías de la Comunicación y de la Información (TICS); una de sus características es que se declaran apartidistas más no apolíticos, es decir, a una parte significativa de las juventudes ¡claro¡ que les interesan los asuntos nacionales y están más cerca en apoyar las causas de las minorías indígenas; o las orientaciones no heterosexuales —LGBTI—; o a favor del respeto a los Derechos Humanos; preocupados por el calentamiento global y, muy críticos del proyecto neoliberal/del capitalismo depredador/de “cuates”; de los poderes fácticos del duopolio televisivo —TV Azteca y Televisa— entre otros aspectos.

Las narrativas hegemónicas han construido un imaginario colectivo en relación a que las juventudes son tanto el futuro del país como apáticas. Dichos discursos son totalmente falsos. En primera instancia, el futuro para una parte importante de las juventudes —las más desfavorecidas, las de las zonas populares y de las áreas rurales e indígenas— no existe porque se los han expropiado y el presente suele ser borroso e incierto y, en segundo aspecto; la trasnochada y dinosaúrica clase política mexicana, no entiende que la política formal e institucionalizada, ya se vacío de sentido y de significado, justamente para una gran parte de las juventudes, lo cual no quiere decir que no tengan o no lleven a cabo acciones sociales en coordenadas de lo político.

Como siempre ha sucedido, en épocas electorales, la clase política y sus partidos, se acuerdan de las juventudes simplemente para fines de rentabilidad y suelen utilizar de una manera descarada —aunque lo hacen toda vez— a las instituciones para la cooptación de votos a su favor, como ha sido el caso del Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) —ahora cónclave de las juventudes priistas— y del Instituto dela Juventud de la Ciudad de México (Injueve) —ahora conclave de las juventudes de lo que queda del PRD—.

Esperemos que las juventudes —independientemente de su afiliación o adscripción identitaria juvenil; de sus creencias religiosas; de sus apuestas políticas; de su clase social; de su etnia; de su género; del campo o de la ciudad; estudiantes o desempleados; de sus afectividades— le recuerden al poder político/al partido otrora cuasi invencible —el PRI— y, a esa clase política corrupta, que un mundo mejor es posible donde todas las juventudes quepan y sean representadas con justicia social ¡ya¡.

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Profesor—investigador del Deparetamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)

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