El retorno del proteccionismo - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 28 de Enero, 2018
El retorno del proteccionismo | La Crónica de Hoy

El retorno del proteccionismo

Manuel Gómez Granados

Cualquiera que haya seguido, incluso de manera distante, la historia económica reciente tendría que reconocer que lo ocurrido esta semana con la imposición de aranceles a la importación a Estados Unidos de paneles de energía solar y lavadoras implica un cambio radical en la manera en que ese país se ha conducido.

Si uno revisara con cuidado la historia de EU como potencia económica global, vería que una de las grandes preocupaciones de ese país ha sido abatir los obstáculos al comercio internacional por medio de sistemáticas reducciones a los aranceles que impone a los productos importados, a cambio de que sus propios productos reciban un trato similar de otros países.

Esa dinámica orientada a facilitar el comercio tiene sus raíces en las intuiciones más básicas de la obra de Adam Smith: La riqueza de las naciones, que asume que los países cuentan con ventajas específicas, sea por su dotación original de recursos naturales, como el clima o los yacimientos mineros disponibles en su suelo, o por la especialización de sus industrias y mano de obra, con ventajas que los hacían más eficientes y les permitía producir a precios más baratos esos productos.

Esta idea se convirtió en una suerte de principio básico de la política económica de EU y, sobre todo, de su política exterior desde la culminación de la segunda Guerra Mundial, cuando se construyó el sistema económico de Bretton Woods, y que asumía que la mejor manera de evitar un nuevo conflicto global como la primera y segunda guerras mundiales, era promover un sistema global orientado a facilitar los intercambios, todo lo opuesto a la llamada sustitución de importaciones.

Lo que ha hecho Donald Trump la semana que recién concluyó, revienta todos los supuestos de las políticas económica, exterior e incluso de seguridad nacional de EU, también obliga a los países afectados, México entre ellos, a repensar si tiene sentido insistir en la idea del libre comercio o si es necesario regresar a los principios de economía política vigentes hasta antes de la Segunda Guerra Mundial.

Las implicaciones son especialmente dolorosas para México, no por lo que se gane o pierda con las lavadoras, sino porque deja ver con toda claridad que el modelo con el que México se comprometió, a sangre y fuego, desde principios de los ochenta y de manera más clara en 1994, con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ha llegado a su fin o está muy próximo a llegar a su fin.

Es una pena que a lo largo de estos 24 años México no haya logrado resolver problemas clave de su modelo de desarrollo, como la cantidad inhumana de personas pobres que el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social, el Coneval, nos informa que existen, que—a pesar de ligeras variaciones marginales—siguen siendo básicamente los mismos que existían a finales de la década de los noventa del siglo pasado.

Y es cierto. Muchos han hecho en estos años su agosto. Hay historias de éxito que nadie puede subestimar, pero esas historias de éxito se han reconcentrado en un número muy reducido de personas, de familias; han sido posibles gracias a la prevalencia de la corrupción y no se ve para cuando, incluso si elimináramos a Donald Trump de la ecuación, se pudieran superar y resolver. Ojalá la elección se resuelva de manera sensata e inteligente. Ojalá no haya un litigio post-electoral como los que han ocurrido en 1988 o 2006 y, sobre todo, ojalá dejemos de irnos con espejismos que sólo benefician a unos cuantos.

manuelggranados@gmail.com

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