El frio y la indigencia

Carlos Villa Roiz

Es noticia de todos los días el intenso frío que azota al país cuyas temperaturas a veces se manifiestan por debajo de los cero grados centígrados, y que en la Ciudad de México ha puesto el semáforo de alerta en niveles críticos.

La población agradece estas alertas y el oportuno pronóstico del tiempo, así como las recomendaciones pertinentes, sin embargo, hay personas en situación vulnerable a quienes solo les llega esta información a través de la piel que se estremece por las bajas temperaturas y busca cobijo en cualquier lugar de la propia calle, pues carecen no tan solo de vivienda sino hasta de identidad.

Se estima que en la Ciudad de México la cifra de indigentes es superior a las 4 mil personas, y a pesar de que los números pueden parecer reducidos si se toma en cuenta los millones de habitantes que tiene, la indigencia se ve por todas partes, a veces cerca de los mercados donde las personas buscan su alimento entre basureros, o en colonias donde pueden hacerse de algunas monedas a través de la mendicidad.

A través de la Secretaria de Desarrollo Social y de las propias delegaciones políticas, se habilitan albergues y campañas que siempre son insuficientes, y la propia Iglesia, a través de su brazo asistencial: Caritas, y la propia sociedad civil, orquestan programas de reparto de cobijas, ropa y alimentos calientes, pero por desgracia, siempre se ven en las calles a este tipo de personas, aun en altas horas de la noche, durmiendo en el suelo sobre cartones o papel periódico y si acaso, con algún cobertor; también frecuentan lugares como son los cajeros, el Metro o las alcantarillas.

El problema parece no tener solución, pues a nadie se le puede obligar a acudir a un albergue, de modo que eso debe ser una decisión voluntaria. En ocasiones, ellos no saben en donde se instalan estos campamentos temporales, que en algunos casos, llegan a contar con regaderas, algún hornillo y colchonetas. El Ejército de Salvación cuenta con una de las mejores infraestructuras para atender esos casos.

No resulta extraña la noticia que en ocasiones aparece en los diarios informando de la muerte de algún indigente a causa de hipotermia o desnutrición. El sentido de la caridad y la solidaridad, en cada temporada invernal, debe ser más aguda.

El papa Francisco convocó el pasado 19 de noviembre de una Jornada Mundial de los Pobres para impulsar la conciencia sobre las necesidades de los demás, pero esta acción debe ser permanente. No basta con regalar una moneda o una cobija a quienes viven de la caridad como única opción, y a decir verdad, en medio de las campañas electorales que coinciden con esta intensa temporada de frío, ningún candidato ha presentado un programa para atender y remediar los problemas de quienes pudiendo ser electores, carecen hasta de un acta de nacimiento.

 

 

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