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Entre el “así se está quieto” y el niño adicto a la tablet

Padres de niños expertos en el uso de dispositivos electrónicos relatan lo que creían ver y lo que al final descubrieron. Historias de transtornos del sueño, finanzas golpeadas por artefactos caros e incluso la necesidad de intervención médica

Santiago es un niño de 10 años y desde los 5 ha tenido acceso a las nuevas herramientas tecnológicas, descarga juegos, ve videos en YouTube, su tablet lo acompaña a todos lados, pues para él es más que indispensable.

Rocío, la madre de Santiago, comenta que para ella el tiempo excesivo que Santiago se la pasa en la tablet no es nada alarmante; a ella le beneficia ya que así Santiago no hace travesuras y tiene tiempo para ella misma. No le preocupa que esto pueda convertirse en una adicción, pues solo es un niño pequeño con su juguete.

Otra madre, Liliana, es mucho más escéptica y ve en los dolores de espalda de su hijo un problema más grave.

Pero Rocío difiere de esta opinión: “es mejor que mi hijo use la tablet, así puedo hacer mis cosas, es un niño que sólo ve video y juega con ella, no es nada malo”  .

En la escuela, Santiago se enfrenta con escaso acceso a wi-fi  y, cuando lo tiene, los accesos son restringidos. En cualquier caso, los juegos de antaño, tales como matatena, el trompo, le son ajenos. No le interesan. Chicos como Santiago tampoco leen mucho, sí escriben, pero no en papel. Su ortografía depende  de los correctores ortográficos automatizados.

La espalda de mi hijo. Para Liliana Gutiérrez, otra madre, comenta cómo su hijo llegaba a pasar más de 5 horas en su tablet o celular, tal fue el abuso que ahora su hijo, de 11 años, padece de dolores de espalda debido a la mala postura que adopta al estar tanto tiempo en sus dispositivos.

“Me di cuenta que cada vez pasaba más tiempo acostado, al principio no preste atención hasta el día que me llamaron de la escuela porque se quejaba de dolor de espalda, al llevarlo con el especialista le diagnosticaron lumbalgia”. Ahora Liliana y su hijo Martín tienen que recurrir a un especialista mensualmente para poder llevar un tratamiento y evitar que los dolores sean insoportables.

Jesús Camacho, padre, cuenta cómo el gasto monetario afecta, pues cada vez su hija Karla, una joven de 19 años, exige nuevos aparatos tecnológicos que van de los ocho mil hasta los 35 mil pesos. Karla decidió vender el televisor que su familia le asignó hasta sus antiguos celulares, para poder comprar el nuevo iPhone X, pues lo que su padre le da es poco.

Esto es una muestra clara de la adicción a estos nuevos dispositivos y cómo pueden volverse prioritarios en estas nuevas generaciones.

Para Karina Carmona, la madre de Mateo, un pequeño de 10 años, esto se volvió muy difícil: no restringía el uso de los gadgets a su hijo... al final el menor fue diagnosticado con desorden del sueño y vista cansada.

Aunque los cambios no fueron inmediatos, Karina notó que su hijo se dormía hasta tarde, cosa que a ella no le parecía raro, pues pensaba que si su hijo se desvelaba era para hacer la tarea; pero el rendimiento de Mateo disminuyo y finalmente se quedaba dormido en la escuela, lo que provocó que su madre acudiera a un médico. Para entonces, Mateo no sólo comentaba sentirse cansado, sino también veía borroso.

Con la ayuda de los especialistas el diagnóstico de vista cansada fue inmediato, la causa era el abuso de su dispositivo electrónico. Actualmente  Mateo solo puede conciliar el sueño mediante un estricto régimen de pastillas controladas por su madre.  

 

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