Jimmy Morales, un presidente grotescamente cómico | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 29 de Enero, 2018

Jimmy Morales, un presidente grotescamente cómico

Escándalo. El excómico televisivo guatemalteco es el mandatario que más cobra de toda América Latina; aún así, se acaba de desvelar que pagó decenas de lujos con dinero público, en un país donde, según Transparencia Internacional, el 60 por ciento es pobre. No tiene ninguna gracia

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La casa presidencial gastó 4 mil dólares al día en alimentación para Morales y su familia durante 2017.

Cómico y evangelista, Jimmy Morales llegó al poder en Guatemala hace ahora dos años, tras arrasar en las elecciones celebradas en otoño de 2015. Aquellos comicios se celebraron apenas dos meses después de que la Fiscalía del país desatara un verdadero escándalo, imputando al presidente Otto Pérez Molina y a su vicepresidenta, Roxana Baldetti, cargos por asociación delictiva en un caso de fraude aduanero conocido como “La Línea”.

Los guatemaltecos, desencantados y furibundos, apostaron por llevar a la Casa Crema a un hombre que se presentaba como la antipolítica y que conocían de la televisión. Allí, en su programa Moralejas, se pegaba unos dientes postizos al labio superior, se disfrazaba, por ejemplo, de campesino, y hacía un humor burdo de gusto dudoso.

Todo parecía marchar bien. Tras cinco meses de mandato, una encuesta de Gallup le presentaba como el tercer mandatario mejor valorado de Latinoamérica, con un 61 por ciento de aprobación. Si bien su salario mensual, de 150 mil quetzales (20 mil dólares), es el más elevado de un presidente en toda América Latina, su decisión de donar el 60 por ciento del mismo le granjeaba imagen de honrado, agradecida tras el escándalo de Pérez Molina.

TENDENCIAS DESPÓTICAS. Pero todo empezó a torcerse hace un año, precisamente cuando anunció que dejaría de hacer tal generosa donación mensual porque, según explicó, tenía que ayudar a pagar las tasas judiciales por el proceso que afrontan su hermano y un hijo por un caso de corrupción en el Registro de la Propiedad. No sentó bien.

Sin embargo, fue este pasado verano cuando el presidente Morales empezó a acaparar titulares y páginas en medios internacionales. El 25 de agosto de 2017, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), dependiente de la ONU, y que ya había destapado el caso de Pérez Molina, pidió abrir un proceso contra Morales por supuesta financiación irregular de su campaña electoral. La acusación, presentada de forma conjunta con la fiscal general Thelma Aldana, solicitaba el desafuero del presidente por haber, presuntamente, transferido de manera opaca un millón de dólares durante la carrera electoral.

La reacción de Morales fue ordenar la expulsión del país del zar anticorrupción de la CICIG, el jurista colombiano Iván Velásquez, que ocupa el cargo desde 2013. La decisión se leyó como un acto despótico y como un movimiento claramente defensivo. Si Morales trataba de forma tan drástica de librarse del juicio, admitía implícitamente la veracidad de la acusación. En consecuencia, Estados Unidos, buena parte de los países de la Unión Europea e incluso la ONU emitieron una condena.

El Tribunal Constitucional guatemalteco prohibió la expulsión de Velásquez al considerar que la decisión debía recibir apoyo explícito y escrito de sus secretarios, y concedió un amparo definitivo al jefe anticorrupción de la CICIG.

El Congreso debía votar iniciar un juicio político a Morales pero, en cambio, lo que hizo fue aprobar con nocturnidad y alevosía, en la vigilia del día de la Independencia, una reforma legislativa que, ­de ­facto, hubiera concedido inmunidad al presidente, y que se interpretó como una reforma que amparaba la corrupción. Concretamente, se planteaba exculpar de responsabilidad a los secretarios generales de partidos políticos en casos de financiación ilegal. Curiosamente, sería el caso de Morales. Tal fue el escándalo y la presión popular, que dos días después tuvieron que dar marcha atrás.

SOBRESUELDO ILEGAL. Pero eso no es todo. En esas mismas fechas de septiembre el portal ­Nómada reveló que el ejército había estado pagando regularmente a Morales un sobresueldo de 50 mil quetzales, unos 5 mil dólares, mensuales, por un total acumulado de  450 mil quetzales, 60 mil dólares. La Contraloría de Cuentas le obligó a devolver ese dinero.

Tal fue el terremoto político que generó el escándalo, que un sondeo del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala aseguró en septiembre que la popularidad de Morales había descendido del 82 al 19 por ciento en sólo 12 meses.

Pese a todo, Morales logró salvar el impeachment, puesto que la oposición no logró reclutar los 105 votos que necesitaba para abrirle el juicio político y apartarle del cargo; parecía que las aguas se calmaban y que su presidencia estaba salvada.

LUJOS CARGADOS A LOS CIUDADANOS. Pero esta pasada semana otro terremoto sacudía la política guatemalteca. Nuestro Diario publicaba un extenso reportaje explicando que Morales había tenido las agallas de cargar al erario público gastos personales de lujo por valor de 42 mil dólares. Entre ellos, figuran masajes por valor de 460 dólares, unos lentes Carolina Herrera valorados en 3 mil dólares, ropa deportiva de marca, servicio de lavandería por 4 mil dólares o botellas de licores para regalar que costaban hasta 500 dólares.

Días después, el rotativo agregaba que la casa presidencial gastó en 2017 una media de 4 mil dólares diarios en alimentación para Morales y su familia: 16 mil dólares en camarones gigantes, 55 mil dólares en pollo entero blanco o 27 mil dólares en carne de res, a la que hay que agregar otros 18 mil en carne de res molida. Al presidente parecen gustarle también el carpaccio, el salmón y el chorizo argentino.

El gobierno argumenta que los pagos son legales, y justifica cargar estos gastos a las arcas del Estado por la necesidad de que la Presidencia ofrezca al mundo una imagen a la altura del cargo. Morales fue más allá, preguntándose: “¿Por qué tengo que pagarlo de mi salario?”. Quizás él no, pero en Guatemala nadie entiende que no pagara de su bolsillo sus lentes de 3 mil dólares teniendo el salario más alto de la región. Especialmente en un país donde, según un informe de Transparencia Internacional, el 60 por ciento de la población es pobre y casi uno de cada cuatro es extremadamente pobre.

LECCIÓN. En 2007, el ahora presidente protagonizó junto a su hermano Sammy un filme llamado Un presidente de asombrero. Morales interpretaba a Neto, un campesino que rescata al presidente de Guatemala de unos secuestradores, lo que le lleva a ganar una fama que le catapulta hacia las elecciones de aquel año. En la película, Neto personifica la crítica a la corrupción y las mentiras de los políticos.

“Durante 20 años los he hecho reír; les prometo que si llego a ser presidente no los voy a hacer llorar”, afirmaba Morales durante la campaña electoral. Qué ironía.

 

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