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Federer agranda su leyenda

Cuando se retire, será muy difícil tratar de agregar más halagos y palabras hermosas que describan su legendario paso por las canchas de tenis de todo el mundo. Roger Federer sumó la madrugada de este domingo su vigésima corona de Grand Slam, su sexta en Australia, y lo hizo con una dosis de sufrimiento, pero sobre todo, con su cadencioso ritmo que es un disfrute cuando uno lo ve jugar.

No importa que haya aparecido como número dos en la siembra atrás de Rafael Nadal, quien además se presentaba como número uno del mundo al primer Grand Slam del año, pocos tenían dudas de que el maestro suizo no fuera el gran favorito para refrendar la corona que obtuvo también el año pasado, en uno de los más emocionantes partidos en la historia del tenis mundial. Federer sólo acompañó durante dos semanas a las voces que siempre lo marcaron como el hombre a vencer.

Federer hizo gala de su inspiración para pegarle a la pelota, que hay quien dice, más bien la acaricia con la raqueta, pero cuando fue necesario mostrar la fuerza que lo ha catapultado a ser, para muchos de nosotros, el mejor tenista de la historia, independientemente del número de títulos que ha conquistado, se mostró serio y preciso para dominar a un resistente rival, Marin Cilic, sexto en la siembra, que exigió su parte de protagonismo, porque él también buscaba lo mismo que Roger, y por eso estaban frente a frente.

El ahora seis veces campeón del evento, que alcanza en la histórica cifra a Novak Djokovic y a Roy Emerson, se tomó una pausa de seis meses para mantenerse como campeón de un torneo que el año pasado había ganado de forma un tanto inesperada. Pero aun con Cilic a la carga, supo hacerse respetar en la cancha, luego explotó en lágrimas durante la premiación, cuando el otro grande, para muchos el más, Rod Laver, le tomaba fotos para declarar después que “Roger es el más grande”, argumento que tal vez si no fuera una muestra de humildad, por venir de quien viene, significaría que no hay discusión. Incluyendo el hecho de que Roger haya organizado la “Laver Cup”, en honor del hombre que dice, lo ha inspirado más que nadie en su carrera.

Federer tiene 36 años y es visto como un gran veterano luego de 20 años de carrera, pero por ejemplo, Tom Brady, que juega en un deporte que es casi de contacto, tiene 40 y se le venera, pero nadie se acerca a decirle que ya es hora de retirarse. Sus números, como los del quarterback de los Patriotas, quien en forma coincidente va también por un sexto título, pero de la NFL, espantan por perfectos.

Son en total mil 139 triunfos, durante ese largo camino ha sumado 96 títulos, 20 son de Grand Slam obtenidos en 30 finales, 8 en el Reino Sagrado de Wimbledon, más que nadie; 6 en Australia, 5 en Estados Unidos y uno profundamente meritorio en la arcilla de Roland Garros. Más aún, que tres de esos 20 Grand Slams llegaron en sólo 12 meses. Wow, la pausa de los seis años entre 2011 y 2016, en que sólo ganó una vez Wimbledon, es cosa del pasado.

Era evidente que la diferencia de edades pudo haber marcado una diferencia, que finalmente no apareció, 29 años contra 36 del de Basilea, y probablemente el calor sofocante de Melbourne pudo haber jugado una suerte en el marcador, pero el juez principal decidió que se cerrara el techo retráctil aplicando la famosa “Regla del Calor”, que marcó una abismal diferencia entre los casi 40 grados a techo abierto y los máximo 24 a que se jugó en el interior del recinto.

Cilic argumentó que la diferencia es que él se preparó para jugar a cielo abierto, no bajo techo. La polémica creció porque, como bien dijo Federer, nunca había escuchado que se empleara la “Regla del Calor” en un partido jugado de noche. Pero Roger ganó todos sus partidos en sets consecutivos, y la semifinal ante Hyeon Chung en sólo 62 minutos.

Aunque las suposiciones no existen, la noche anterior, la rumana Simona Halep, número uno del mundo que sucumbió ante la danesa Caroline Wozniacki en tres sets, pasó casi siete horas en el hospital , recuperándose de una deshidratación, y eso que la jornada había sido más fresca, la temperatura más baja, que a la que se hubiera jugado la final varonil. Tenis Australia defendió la decisión pero dijo que este hecho, la deshidratación de Halep, no había tenido que ver con su decisión de cerrar el techo retráctil del Estadio.

Pero aunque cambiaron las cosas, bajó la humedad, tal vez Cilic debería haber agradecido que su supervivencia en el partido se debió justo a eso, a jugar bajo techo, pues menos docto y contundente que Federer, recorrió el mismo camino hasta la final, pero consumiendo seis horas más para llegar.  Federer en cambio se paseó, sólo fueron 10 horas y 50 minutos y las tercas 3 horas y 2 minutos que forzó el croata. Pero Cilic sabía que 17 horas y minutos para resolver su camino, fue demasiado tiempo.

El Federer de anoche parecía no ser, de entrada,  el implacable titán del Abierto de Wimbledon del año pasado, cuando pasó por encima de Cilic en tres sets con parciales de 6-3, 6-1 y 6-4. Y aunque pulverizó a su rival en sólo 24 minutos en el primer set, el croata le robó un set, el segundo, por primera vez en el torneo. Y aunque siguieron dividiendo sets, hasta completar 6-2, 6-7, 6-3, 3-6 y 6-1, el cuarto set fue casi una pesadilla para el suizo quien, de pronto traicionado por la presión indiscutible que a su manera ejerció Cilic, sólo acertó el 36 por ciento de sus primeros servicios, mientras le rompían el saque, no una sino dos veces para ganar cuatro juegos seguidos. Una falta de respeto, sí, pero así fue como exigió respeto al ahora número tres del mundo.

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