Las encuestas y los aliens

Francisco Báez Rodríguez

Presenté, hace poco más de un año, una ponencia en el congreso “Las encuestas y los encuestadores frente a la crítica”, organizado por el Colegio de Especialistas en Demoscopia y Encuestas de la Universidad Iberoamericana. En aquel entonces, lejos como estábamos de la cita electoral, decidí esperar a que fuera el momento justo para publicar una versión en mi columna semanal.

Creo que ha llegado el momento para compartir éstas que, considero, son algunas reflexiones fundamentales para mejorar la relación entre medios y encuestas, y con ello servir mejor a la sociedad.

1. Las encuestas son fotografías de la realidad. Espejos momentáneos. Trabajo fundamental de los medios es mostrar la realidad; por eso es correcto e importante divulgarlas.

2. Un problema es que periodistas y encuestadores suelen hablar diferentes idiomas. Números vs. Letras. La mayor parte de los periodistas son ajenos a los datos. Ajenos en el sentido de alien: para ellos los números son un idioma marciano.

3. Este problema no es fácil de resolver, sobre todo cuando no hay un entrenamiento para el manejo de datos estadísticos de parte de los reporteros. A menudo se confunden cantidades con relaciones. Un ejemplo: dar al Estado de México como el estado más violento porque tiene la mayor cantidad de homicidios (en realidad es porque tiene la mayor cantidad de habitantes). Como ése, hay muchos. La experiencia dice que es relativamente más sencillo entrenar en periodismo a alguien avezado en números, que entrenar en números a un periodista ajeno a ellos (aunque hay algunos que sí los pueden manejar con soltura).

4. La tendencia a simplificar. ¿Por qué las encuestas electorales se siguen leyendo como carrera de caballos? Porque es fácil. No se conoce bien el uso de las encuestas, y esto lleva al abuso: es decir, a una interpretación en la que sólo cuenta quién lleva ventaja y de qué tamaño, sin poner a consideración otros factores señalados por la encuesta.

5. El mismo fenómeno suele ser trabajado de manera mejor en Estados Unidos. La diferencia entre voto popular y voto electoral suele quedar clara en la mayoría de los encabezados y análisis. Asimismo, es común que manejen datos desagregados por edad, sexo, raza, religión o clase social. Eso es algo que se dio en México al principio de las encuestas electorales, y que se ha perdido.

6. Muchas veces lo relevante de las encuestas está en el detalle. Quiénes dicen tener determinada preferencia y por cuáles razones. Éstos son elementos que sirven tanto al usuario de los medios como a los contendientes partidistas. En particular, los motivos de la decisión de voto suelen ser escamoteados en las encuestas para difusión pública.

7. Demasiado a menudo los partidos confunden el papel de las encuestas, y pretenden que los medios de comunicación caigan en su juego. Creen —a pesar de las evidencias estadísticas que dicen lo contrario— que mostrar a un candidato adelante en las preferencias se traducirá en votos a su favor. La publicación de encuestas patito con datos inventados no ayuda ni al partido que las promueve ni al medio que las acepta como publicidad. Afecta, de paso, a la credibilidad de las encuestas como instrumento de análisis y a la de los medios como intermediarios imparciales.

8. Cumplir formalmente con los requisitos del INE es relativamente fácil, si se tienen los recursos para inventar una base de datos muestrales. Otra cosa es hacer una encuesta de acuerdo con todos los cánones.

9. Demasiado a menudo los medios confunden a las encuestas con entretenimiento numérico. Eso es más evidente cuando falta mucho tiempo para la cita electoral. Como ahora. Hay poco análisis y mucho alimento para columnistas amigos de la especulación (que es entretenida, repito, pero no muy seria).

10. Lo interesante es que a la clase política le encanta jugar con este entretenimiento. A menudo sobredimensiona las encuestas. A la postre toma decisiones —a menudo erróneas— con base en ellas. Un ejemplo es la actitud del PRI en 2006, que compró muy cara la alianza del PVEM, porque los Verdes tuvieron la astucia de venderla precisamente cuando su candidato, Bernardo De la Garza, había llegado a su máximo en las mediciones de opinión.

11. La clase política y los analistas de los medios deben saber utilizar las encuestas. Dos ejemplos de tiempos pasados: a fines de los años sesenta, la mayor parte de la opinión pública de EU estaba en contra de la Guerra de Vietnam, pero los políticos que se oponían a ella usaban argumentos, como el antimilitarismo, que no pegaban: la gente estaba en contra porque morían soldados de EU; en los años noventa, el presidente Salinas de Gortari sabía que el TLC no era popular y conocía las razones por las que no lo era: sobre ésas trabajó su discurso de convencimiento.

12. Hay que cuidarse de los intentos facilones de explicación postelectoral. Éstos suelen venir acompañados de análisis “de violín” (tipo: “esta variable tenía 20%, ahora tiene 26%, es decir, subió 6%”) hechos al botepronto. Un ejem-plo reciente muy claro fue el Brexit: en distintas partes llegaron a la conclusión de que había sido un voto de jóvenes contra viejos, cuando esa variable explicaba mucho menos que la relativa a factores asociados con la comunidad: zonas prósperas, modernas y con migrantes votaron por quedarse; zonas rezagadas, de industrialización vieja y con poca migración, por largarse.

13. Finalmente, los medios deben cuidarse de generar confusión con los datos. Más aún en estos tiempos en los que las encuestas trabajan con amplios márgenes de error. Por eso no sería conveniente que en 2018 los medios utilizaran las encuestas de salida para cantar ganador. Lo ideal sería que este tipo de encuestas sirviera para entender las razones del voto y que fueran los conteos rápidos —que son mucho más precisos— los que dijeran al público el resultado previsible.

Agrego en 2018 un punto 14, que tiene que ver con hechos recientes. También es posible que los partidos intenten desacreditar toda encuesta que no salga como ellos lo desean. La intención, que el ciudadano desconfíe de todo ejercicio demoscópico y no tenga presentes las probabilidades de los candidatos a la hora de ejercer su voto. En otras palabras, para que no haya información clara que defina un “voto útil”.

fabaez@gmail.com

www.panchobaez.blogspot.com

Twitter: @franciscobaezr

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