AMLO va por Fiscal Carnal

Juan Manuel Asai

Amistad que no se refleja en la nómina es pura demagogia. Eso se decía con frecuencia en los tiempos del partido hegemónico, casi único, cuando el cinismo era muestra de refinamiento. Las cosas han cambiado, pero no tanto.

Ahí está el ejemplo reciente de López Obrador que presentó sus propuestas de ternas para fiscales. Metió a puros cuates. El tabasqueño recuerda con nostalgia la era ogro filantrópico. De hecho quiere reeditarla en la segunda década del siglo XXI, lo que parece poco probable. El problema real no es que el tabasqueño quiera repartir huesos entre sus más cercanos aliados, esa es una inclinación natural de la clase política mexicana, el problema real es que no comprende, o finge no hacerlo, el significado del Sistema Nacional Anticorrupción.

Claro que se trata de un ejercicio de política ficción, pues López Obrador todavía no gana la elección y no es seguro que lo haga. Además de que el procedimiento correcto es otro. Hay que recordar que el concepto fundador es dotar al Estado de instancias que sean un contrapeso real del Ejecutivo Federal en el ámbito de la procuración de Justicia y del combate a la corrupción. La idea es que el presidente no sea juez y parte, que no se vigile o sancione a sí mismo, pues eso abre una súper carretera a la impunidad.

Pero López Obrador hizo una lista a partir de exempleados, familiares de sus colaboradores y también metió nombres para pagar favores políticos. De un plumazo dio al traste con el sistema en su conjunto. Según se ve, piensa convertirlo en otra dependencia dentro del organigrama del gobierno federal.  La honestidad y capacidad profesional de los seleccionados no es el punto a discusión. No regateo la posibilidad de que alguno de ellos tenga credenciales para ocupar los cargos. El punto es su cercanía, afinidad y dependencia del
Peje. Hay casos en los que el mérito es haberle sacado las castañas al fuego a López Obrador, como la magistrada De Gyves, esposa de Rafael Guerra, abogado del Peje. en el ruidoso proceso de desafuero. Bernardo Batiz, también propuesto, tiene más de ochenta años de edad y fue procurador durante el sexenio de López Obrador en la CDMX.

Repito para evitar malos entendidos, no se trata del perfil, sino de la dependencia. Otro caso, incluso más bochornoso, es el de Juan Luis González. Según notas de prensa este señor se coludió con el exministro Genaro Góngora para no pagarle la pensión a una concubina con la que Góngora tuvo dos hijos. La señora hasta a la cárcel fue a dar. De Ortiz Pinchetti, también propuesto, todo mundo sabe que es un antiguo seguidor de López Obrador. Lo dicho, cuates y cuotas.

La figura del Fiscal Carnal es de reciente creación. Emergió ante el afán de que Raúl Cervantes fuera el primer Fiscal General del país por su cercanía y dependencia del presidente Peña Nieto. Los partidos políticos de oposición, entre ellos gente de Morena, y un montón de organizaciones de la sociedad civil pusieron el grito en el cielo. Esgrimieron argumentos sólidos y lograron, en buena hora, que Cervantes se dedicará a otras cosas, más allá de si era o no un buen abogado. Se salieron con la suya. Qué harán todos esos grupos ante la peregrina idea del Peje de reeditar la figura del Fiscal Carnal, pero multiplicada por tres.

De seguro las organizaciones que trituraron a Cervantes pondrán el grito en el cielo, ¿o no?

@soycamachojuan

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