¿La educación es tarea de todos?

Ma. del Rocío Pineda Gochi

Hablar de la educación en nuestro país es meterse en una encrucijada ideológica y política, donde todos o ninguno –funcionarios de la educación, sindicatos, estudiantes, padres de familia, etc.– tenemos autoridad de emitir opinión o juicio de valor sobre nuestras percepciones y conjeturas del Sistema Educativo.

Desde la educación positivista de Justo Sierra y la primera Reforma Educativa de José Vasconcelos, uno de los grandes retos fue diseñar un sistema de enseñanza que integrara la heterogeneidad cultural y económica de los estados de la República. La idea de que el “progreso social” llegaría a través de la educación, se vio limitada cuando el analfabetismo se volvió el principal obstáculo.

Datos del Censo General de la República Mexicana refieren que tres lustros antes de la Revolución 6 millones de mexicanos mayores de 15 años no sabían leer ni escribir. En la actualidad, más de un siglo después, existen cuatro millones 749 mil 057 personas, en el mismo rango de edad, que no saben leer ni escribir. Es claro que no es la misma proporción de habitantes y que era “otro” México de 12.6 millones de habitantes (1985) a uno de más de 128 millones (2018), pero es irrebatible que, más allá de las proporciones, no hemos logrado superar este dique que aún representa el 5.5 por ciento de la población total.

Lo anterior, es un ejemplo de que la historia de la educación pública mexicana ha sido y es un verdadero desafío. Es innegable que las políticas educativas no han estado a la altura de las circunstancias, y prueba de ello, son los magros resultados de inercias negativas de los anteriores modelos. Cifras de la OCDE

En días pasados el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación presentó los resultados de del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes, (Planea. Resultados nacionales 2017) donde lamentablemente se reveló en Matemáticas, 6 de cada 10 estudiantes (66 %) se ubica en el nivel I (dominio insuficiente y el nivel más bajo; casi 2 de cada 10 se ubican en el nivel II (23 %); en el nivel III, sólo 8 de cada 100 estudiantes (8%); y en el nivel IV 3 estudiantes de cada 100 (2.5%). Es decir, solamente el 2.5 por ciento de los jóvenes tienen la capacidad de resolver problemas, lo que implica combinar números fraccionarios y decimales y emplear ecuaciones para encontrar valores desconocidos.

En Lenguaje y Comunicación, el 33.8 por ciento de los estudiantes se ubica en el nivel I y el 40 por ciento, está en el nivel II (dominio básico). En otras palabras, cerca del 74 por ciento de nuestros estudiantes de secundaria tiene dificultades para comprender e interpretar textos. Sorprende la brecha educativa entre escuelas públicas y privadas. Aunque estos datos son alarmantes, coinciden con los resultados de la prueba PISA de la OCDE que nos posiciona con los niveles más bajos en educación del total de los países integrantes.

Esto debe ser una llamada de atención para redoblar esfuerzos y darle mayor impulso al nuevo modelo educativo. Es fundamental acabar con los mitos y tabús que se generaron en torno a la Reforma Educativa de 2012, que tiene como principal objetivo mejorar la calidad de la enseñanza, a través, de una política educativa integral que ofrece soluciones concretas y de largo plazo a los problemas estructurales en torno a la educación.

Despojemos de los intereses políticos a la actividad humana más trascendente que permite trasmitir conocimiento y desarrollar las capacidades intelectuales, morales y afectivas. La educación debe estar más allá de resistencias y creencias ideológicas y políticas, porque educar es tarea de todos, y es la vía probada para el desarrollo de las sociedades.

Senadora de la República

Michoacán de Ocampo

@RocioPinedaG

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