Los Patriotas no son invencibles; las Águilas pueden ganar

Fernando Argueta

A primera vista y a la ligera, la lógica y la tradición popular de los fanáticos apunta a que ya ni debería jugarse el Super Bowl LII, que lo mejor sería que se ahorrarán los golpes y las horas de transmisión, y les entregarán ya el Trofeo Vince Lombardi a los Patriotas ahí en Minneapolis.

La idea puede seducir a más de uno, pero la realidad es que no será tan sencillo revalidar su título como se cree para Nueva Inglaterra. La mayoría apuntará que es un discurso sin argumentos con tan sólo ver cara a los dos quarterback. Tom Brady, ganador de cinco anillos de Super Bowl en siete apariciones, contra el inexperto Nick Foles, quien arrancó de suplente la temporada.

Sin embargo, dejémonos de números y prejuicios deportivos, porque en un encuentro en donde está en juego un campeonato,  el plan de juego para ese juego supera todo el historial de estadísticas que se arrastra durante la temporada.

Es cierto que Bill Belichick, el coach de los Patriotas, es un maestro a la hora de definir planes de juego con sus dos brillantes coordinadores (Josh McDaniels y Matt Patricia) y que es quizá el mejor a la hora de ajustar la estrategia sobre la marcha; no obstante, quizá este será un juego diferente para Belichick, ya que, aunque no de manera oficial, enfrentará a dos entrenadores, no a uno.

Sí, es bien sabido que los coaches que se formaron bajo una misma filosofía y convivieron como alumno y maestro suelen mantener una fuerte relación de amistad, y en este caso el ejemplo es más que intenso entre Doug Pederson, el entrenador de Filadelfia y Andy Reid, coach de Kansas City. Muchos se preguntarán qué demonios tiene que ver esta relación con el Super Bowl y en especial contra de Belichick; pues bien, digamos que mucho del honor en juego.

Reid enfrentó a Belichick y Brady en el Super Bowl XXXIX en 2005, y aunque estuvo cerca de forzar el tiempo extra se quedó corto (24-21). Esta campaña su equipo, los Jefes de Kansas City, abrieron la temporada dando una paliza a Nueva Inglaterra en Foxboro de 42 puntos. Y aunque fue el arranque de la campaña, algo quedó claro: Reid sabe dónde atacar donde le duele a los Patriotas.

Pederson es una creación de Reid. En 2009 se unió al staff de Andy como coach de control y calidad ofensivo. En 2011, Reid lo promovió a entrenador de mariscales de campo. En 2013 se lo llevó como su coordinador de ataque a Kansas City por dos temporadas, y en 2016 lo encaminó para que se convirtiera en coach general de Filadelfia.

Si lo anterior les parece poco, baste añadir que su amistad y química inició mucho más atrás, cuando Pederson era quarterback. En 1996 Pederson llegó a Green Bay como sustituto de Brett Favre, cuando Reid era el coordinador ofensivo. Tanto le agradó su trabajo que cuando se fue como entrenador a Filadelfia en 1999 se lo llevó.

Entonces, ¿acaso alguien duda de que hubo alguna charla entre ambos para discutir como vencer a Belichick? Es hipotético, pero nada lejano de la realidad y más si se trata de dos coaches que los une una amistad arraigada desde hace 22 años.

Más que nunca, este Super Bowl será un juego de constantes ajustes; se sabe que Belichick es un maestro para modificar su plan defensivo y neutralizar al ataque enemigo en la segunda mitad de sus juegos; sin embargo, como lo han comentado expertos, Pederson también ha demostrado su capacidad para modificar su ofensiva al enfrentar cambios defensivos.

Así que mientras la lógica ya tiene listas las playeras con la leyenda “New England Patriots Super Bowl Champions”, la intuición nos dice que el final de la historia no ha sido escrita aún.

 

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