Zapatero a tus zapatos. El altruismo

Carlos Matute González

A más de cuatro meses del S-19, todavía algunas partes de la Ciudad de México continúan sin que haya señales de que se inició el proceso de reconstrucción. ¿Por qué? Simple y llanamente porque la administración no es magia y requiere de procesos y tiempos para dar resultados. Obviamente, en algunos casos, la actividad no puede comenzar si no hay acuerdo entre los damnificados y la garantía que los derechos de propiedad o posesión de los afectados se respetarán. También hay que resolver conflictos que surgieron con el terremoto y se crearon con éste.

La primera de las noticias que llama la atención es el funeral del edificio de Pacífico 455 (La Crónica de Hoy 30/01/2018). Este fetichismo colectivo es un símbolo de que el S-19 cambió la vida de muchas personas. Hay quienes se sienten renacidos, que la vida les dio otra oportunidad; otros perdieron a seres queridos o sus espacios de comodidad; algunos pueden ver en esta tragedia una oportunidad para cambiar su ruta de vida; otros perdieron todo lo que habían hecho en su vida y ya no tienen fuerza para reiniciar, entre otras muchas perspectivas.

El entusiasmo solidario con los damnificados se diluye con el tiempo y todos vuelven a su cotidianeidad. Los que todavía sufren las consecuencias y los vericuetos burocráticos para obtener un apoyo institucional —gubernamental y no gubernamental— dependen de las circunstancias específicas considerando el grado de marginación, tipo de propiedad, condición social, estado jurídico e ingreso futuro esperable. La acción para rendir frutos requiere una organización y un proceso, que comienza con un diagnóstico, clasificación de la situación, elaboración de la propuesta de solución, acuerdo de los involucrados y ejecución.

Esto consume tiempo, implica esfuerzo individual y colectivo y la erogación de recursos, así como la consecuente búsqueda de la fuente de financiamiento y la forma de reproducirla para que la acción sea constante y efectiva. Lo que no tenga orden es puro oportunismo mediático y falso altruismo.

El gobierno de la Ciudad de México, el pasado 14 de enero (La Crónica de Hoy 14/01/2018), anunció un programa de reconstrucción, cuyo responsable es Ricardo Becerra, colaborador de este diario, quien nos ha dado una explicación puntual de la estrategia y los avances. Esto, independientemente de los resultados que rinda en el corto y mediano plazos, tiene una probabilidad alta de lograr los objetivos propuestos por el orden en que se plantea. Seguramente, habrá casos que no se puedan resolver fácilmente o que no haya acuerdo con los afectados y habrá críticas al gobierno y hasta acusaciones de corrupción. Ese es el riesgo de ser gobierno y actuar para resolver los problemas sociales.

Las organizaciones no gubernamentales colaboraron en acciones focalizadas. Algunas son muy efectivas en su labor porque la llevan a cabo en forma constante con grupos definidos y con programas certificados que rinden resultados periódicamente a sus donantes con base en el impacto social medible y rinden cuentas en la red identificando a quienes integran sus órganos de decisión y los nombres de los aportantes. Esto sucede con Save the Children México, organización con presencia en 120 países (https://apoyo.savethechildren.mx/depieporlainfancia), que orientó las labores en su misma línea de trabajo consistentes en la apertura de albergues para niños y niñas y la asistencia psicoemocional del núcleo familiar.

Esto contrasta con las acciones aisladas de asociaciones civiles de organizaciones no transparentes, que no publicitan en la red quién las dirige, ni los donantes, mucho menos sus resultados financieros. Las páginas electrónicas se reducen a difundir actividades aisladas, más encaminadas a una autopromoción que a una rendición de cuentas y en promesas que los recursos recibidos serán auditados por una instancia externa. Esto último sucede con “Levantemos México”, iniciativa en la que están Diego Luna, Gael García y Documental Ambulante, A.C., que se dedicaron a recaudar donativos, para ayudar a los lugareños de San Gregorio Atlapulco, a cambio de que le ayudaran (a Gael García) a filmar Chicuarotes. La queja consiste en que alguien obtendrá beneficio de esta película y los habitantes del pueblo, ni siquiera una derrama económica como extras (Radio Fórmula, 29/01/2018).

No hay necesidad de una investigación mayor, la lista de los 450 actores con participación activa en ese proyecto, publicado en la página de Levantemos México (levantemosmexico.com) no es clara, ni explica correctamente los rubros que incluye. Hay falta de técnica básica de administración. Incluso en el comunicado publicado el 30 de enero (www.ambulante.org), en que pretende aclarar las acusaciones reconoce que puede contener errores y espera retroalimentación ya que su elaboración fue “pragmática y no académica”.

Concedamos que las tres formas de canalizar apoyo (la gubernamental y las 2 no gubernamentales) actúan de buena fe. No se vale hacer eco a descalificaciones que pueden ser falsas o con intereses ocultos. En ánimo constructivo supongamos que las intenciones son correctas y los fondos, en su mayoría, llegarán a su destino. La diferencia es la probabilidad de éxito. El gobierno de la Ciudad de México y Save the Children no están improvisando y es factible que obtengan un 90 % de los objetivos. Las iniciativas formadas al calor de un altruismo repentino y oportunista tienen una mayor probabilidad de fracasar. Zapatero a tus zapatos.

Profesor de posgrado del INAP

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