Los procesos electorales no deberían retrasar la solución de los problemas

Maria Elena Álvarez de Vicencio

Con la llegada al poder del nuevo presidente de los Estados Unidos, los inmigrantes mexicanos establecidos en ese país, se vieron amenazados por las políticas que la nueva administración propuso establecer.

México reaccionó con energía y ofreció apoyar a los emigrados tanto en el vecino país, por medio de los consulados, como en su arribo a su Patria. Se les recibiría con los brazos abiertos, dándoles todo el apoyo y las facilidades para su transportación desde el sitio de arribo hasta el lugar donde residen sus familiares. Igualmente se les dijo que no habría obstáculos para la integración de los alumnos y alumnas a las escuelas que les correspondieran, así como la revalidación de las materias ya cursadas.

Al principio todo parecía funcionar. La máxima autoridad de “su País” les dio la bienvenida a su arribo; se les proporcionaban recursos para sus traslados locales y se les ofrecieron ayudas económicas durante algunos meses, en tanto  encontraban trabajo.

Hoy la realidad se les presenta distinta, los migrantes siguen llegando, muchos no han encontrado trabajo, ni todos los alumnos han podido revalidar sus estudios. Pareciera que algunos  funcionarios de las distintas dependencias, no se enteraron de las promesas que se les hicieron.

No todos los expulsados tienen familiares aquí, muchos se quedaron allá. Otros tienen a su familia dividida, unos de sus miembros fueron deportados y otros no. Algunos no tienen papeles en regla, no tienen actas de nacimiento, no saben cómo recibir atención médica. Hay asociaciones de personas generosas que  proporcionan lugar donde dormir y algo de alimentos. La depresión les hace más difícil readaptarse.

Los deportados siguen llegando pero ya nadie se entera,  los candidatos y sus  campañas dominan lo público y lo privado. Ya no hay mensajes ni se da información en los medios, para que se enteren los que llegan. ¿Quién les dice si hay apoyos para ellos y dónde pueden obtenerlos? Los que no han podido revalidar sus estudios, ¿a quién pueden acudir si las oficinas a las que recurren no se lo resuelven?

Urge hacer frente a los desafíos que se desprenden de la migración. Los mexicanos emigran  porque México no absorbe el excedente de la fuerza de trabajo y porque los Estados Unidos demandan trabajadores para los sectores agrícola, industrial y de servicios y especialmente se van por la diferencia salarial.

Actualmente hay 21 millones de segunda y tercera generación y doce millones de mexicanos radicados en Estados Unidos, la emigración viene de largo tiempo.

En México hay dos grupos de estados expulsores; el primero lo forman: Aguascalientes, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nayarit, San Luis Potosí y Zacatecas. El segundo comprende a ocho  Estados del Sureste: Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán.

Estos Estados requieren impulsar el crecimiento económico y sobre todo evitar la corrupción en el manejo de los recursos. También es urgente elevar el nivel educativo de los ciudadanos ya que todavía hay analfabetismo.

El 50% de los migrantes  han emigrado contratando intermediarios: “Polleros o Coyotes” a quienes les pagan buenas sumas; son conocidos y no se les sanciona. Pasando esta tormenta, los mexicanos  lo volverán a hacer, corriendo los riesgos, si no obtienen aquí lo que requieren para vivir dignamente.

Éste es un asunto que amerita atención especial; los gobernadores de los estados expulsores ya deberían dar a conocer sus proyectos de crecimiento y la Secretaría de Educación debería insistir en la aplicación de las formas de  lograr la regularización de los estudiantes deportados. Lo menos que se podría pedir es que los candidatos nos dijeran cómo van a resolver este problema de la migración.

Doctora en Ciencias Políticas

melenavicencio@hotmail.com

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