La guerra que sí perdió Corea del Norte | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 06 de Febrero, 2018

La guerra que sí perdió Corea del Norte

La guerra que sí perdió Corea del Norte | La Crónica de Hoy

El próximo viernes iniciarán los Juegos Olímpicos de Invierno en PyeongChang, Corea del Sur, una población distante apenas 127 kilómetros de Seúl, la capital de este país, con la enorme expectativa de ver a los contingentes de  las dos Coreas, desfilar juntos, algo que, sin embargo, ya sucedió en los Juegos de Verano de Sydney 2000 y Atenas 2004 y en los Juegos de Invierno en Torino en el 2006. Incluso se habló de que hubiera un equipo unificado en Beijing 2008, pero eso finalmente no sucedió.

El asunto es mucho más que deportivo y podría ayudar a continuar una campaña de sensibilización en particular hacia Corea del Norte y para tratar de terminar con una guerra técnica en la que se encuentran estas dos naciones, que fueron, como Alemania, violentadas al concluir la Segunda Guerra Mundial, cuando los países aliados ganadores de la guerra, decidieron dividir al país en dos partes y establecer una frontera geográfica imaginaria en el paralelo 38 grados de latitud norte, algo que ya había sido sugerido antes por Rusia a Japón.

En un acuerdo entre Estados Unidos, Francia, Inglaterra y la Unión Soviética, se determinó que las tropas norteamericanas permanecieran ocupando el lado sur del Paralelo 38, mientras que las soviéticas lo hicieron del lado norte. En medio de enormes tensiones, en 1950, cinco años después de concluida la guerra, Corea del Norte invadió a Corea del Sur dando inicio a una guerra fraticida que duró tres años. La actividad militar cesó con un armisticio que restauró la frontera entre las Coreas cerca del Paralelo 38 y creó la zona desmilitarizada, una franja de 4 kilómetros de anchura entre ambos países.

A las 10 de la mañana del 27 de julio de 1953 se firmó el cese al fuego, dejando bien claro el representante del Comando de las Naciones Unidas, que el conflicto no estaría terminado hasta que los gobiernos de ambos países firmaran un acuerdo político, que hoy, 65 años después, no se ha firmado, por lo que, insisto, técnicamente la guerra no ha terminado.

ORGULLO MANCILLADO. A pesar de que a las afueras del denominado “Museo de la Paz”, que es el edificio de una planta construido con fondos del Comando de las Naciones Unidas en dos días para que ahí se firmara el armisticio, hay una placa que deja ver el sentimiento del gobierno norcoreano en torno al acuerdo. “Fue aquí que el 27 de julio de 1953, los imperialistas americanos cayeron de rodillas ante la gente del heroico Chosun, para firmar un alto al fuego por la guerra que ellos provocaron el 25 de junio de 1950”.

La rivalidad entre estas dos naciones, alimentada por la Guerra Fría, provocó incluso la hilarante situación de llegar a la “guerra” de las astas banderas, cuando a principios de los 90, Corea del Sur erigió una asta bandera de 98.4 metros de altura con una bandera de 130 kilos, lo que provocó una casi inmediata reacción de sus vecinos del norte, quienes construyeron la suya a una altura de 160 metros, para entonces la segunda más alta del mundo, y pusieron una bandera con un peso de 270 kilos. Esta enorme asta-bandera sólo era superada en sus días por la de Azerbayán en Bakú, que mide 162 metros.

El Comité Olímpico Internacional decidió otorgar la sede de los Juegos Olímpicos de 1988 a Seúl, la capital de Corea del Sur, el 30 de septiembre de 1981, y ya con la realización del evento, continuó el intenso crecimiento económico que ya estaba en proceso, y a diferencia de otras sedes olímpicas, capitalizó en infraestructura construyendo vías primarias y avenidas, modernos edificios y la ampliación del Aeropuerto Internacional de Gimpo.

Pero quizá el golpe mediático más importante y que fue a parar directo a los pasillos políticos de Corea del Norte, fue que Seúl venció a Nagoya en la designación de la sede, un triunfo incluso racial recordando el dominio del Imperio Japonés sobre Corea, mismo que se había mantenido vigente desde 1910 hasta prácticamente el final de la Segunda Guerra Mundial.

Seúl y Corea del Sur vivieron un éxito que prácticamente los alejó del Tercer Mundo, y esos Juegos de 1988 fueron una parte importante en la consolidación del “Milagro del Río Han”, que ha convertido al país en una de las 20 economías más importantes del mundo y sexta exportadora global de bienes y servicios, muy cerca de alcanzar a Francia, país que se ubica en el quinto sitio.

Kim Jong-Il, hijo del entonces presidente de Corea del Norte, Kim Il Sung, no valoró la diferencia en el potencial económico entre ambos países en esos años, en los que aspiraba a convertirse en el líder de su país, algo que sucedió a la muerte de su padre en 1994, cuando decidió arriesgar la mínima estabilidad de su país, para tratar de eclipsar el evento que se realizaría en Seúl.

Así que con el éxito a la vista que significaba el hecho de que Soviéticos y Norteamericanos regresaran a los Juegos porvez primera desde 1976 en Montreal, con un récord de naciones participantes de 161, Jong-Il decidió que debería dar a su país un evento más relevante e importante que los Juegos Olímpicos, algo que empezó a planear tan pronto dimensionó el éxito de sus vecinos del sur.

LA GLOBALIZACIÓN AL ALCANCE. Durante los años previos a los Juegos de Seúl, y a pesar de los enormes problemas económicos que ya experimentaba el régimen norcoreano en 1996, se decidió gastar en edificios que rivalizaran con los que se construían al sur del paralelo 38. Entre ellos, el famoso Hotel Ryugyong, en la capital Pyongyang, que se suponía sería el más alto del mundo con casi 330 metros de altura y 105 pisos. La construcción, por cierto, con múltiples problemas estructurales nunca se terminó, pero tampoco se ha demolido, y aún es posible verlo en el paisaje de la ciudad, mientras se le reconoce como el “edificio inhabitado más alto del mundo”, y cuya idea fue rivalizar con un edificio similar de 63 pisos y que fue abierto en Seúl en 1985, para entonces el más alto de Asia.

Con más dudas que certezas por parte de otros miembros del gobierno norcoreano, se continuó con una idea de Jong-Il, de hacer un evento masivo que fuera más relevante que los Juegos que Seúl organizaría en 1988, razón por la que se inclinó por la organización del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en 1989, un evento que se había llevado a cabo de forma discontinua desde 1947, organizado casi siempre por naciones comunistas y que no enmarcaba únicamente actividades deportivas, sino también artísticas y culturales, seminarios, exhibiciones y muestras folclóricas.

La respuesta fue la llegada de delegaciones de 177 países, todo un récord. En el proyecto estaba comprometida la imagen internacional del país, pero el brutal dispendio económico alcanzó, entre los edificios, avenidas, la ampliación del aeropuerto de Pyongyang y la construcción del Estadio del Día de Mayo (uno de los más grandes del mundo, con capacidad para 150 mil personas), más de 4 mil millones de dólares, que por supuesto, una nación en crisis no estaba en condiciones de erogar.

Corea del Norte se hundió en una devastadora crisis, pues no sólo fue la falta del apoyo económico de sus socios comunistas de la Unión Soviética, para cuya desaparición tampoco estaba preparada, sino que además se sumó la terrible hambruna que sufrió el país a consecuencia de sequías e inundaciones en fila, que llevó a cuentas extraoficiales de más de 2 millones de muertos por esas causas.

A pesar de eso, el terrible orgullo del dictador, quien falleció en 2011, le impidió aceptar que fue su decisión la que hundió a Corea del Norte en una crisis de la que aún ahora, 30 años después, no puede decirse que el régimen comandado por su hijo, Kim Jong-un, haya podido aún sobreponerse.

Lo que empezó con una guerra egoísta y egocéntrica, terminó, quién diría, por hundir a una nación entera, por más que ese evento siga siendo recordado en Corea del Norte como la más grande fiesta deportiva de la historia. Tal vez ahora, con la realización de otros Juegos Olímpicos, los de Invierno, finalmente comience a cumplirse el sueño de la gente de ambos lados de la frontera, quienes sueñan con una nación unificada, una sola Corea, que no ha existido como tal, hace más de 100 años…

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