Cultura

La memoria y el pasado son lugares riesgosos, de tempestades: Pérez Gay

Entrevista. El escritor habla de su reciente libro ARDE, MEMORIA. Antología personal, en el cual reúne textos escritos entre 1988 y 2016 que “son un periplo para evocar a la Ciudad de México y sus recuerdos, al tiempo, como inescrutable realidad, la vida cotidiana”, además de hablar del acto creativo, que dice que para él “es una persona que se sienta en soledad a escribir”

Rafael Pérez Gay también habló sobre el acto creativo.

La memoria y el pasado son lugares riesgosos, de tempestades, en donde sabemos lo que ocurrió y no puede ser cambiado, por lo que se convierten en zonas de desencantos del futuro, dice Rafael Pérez Gay. 

Es la reflexión que hace sobre su reciente libro ARDE, MEMORIA. Antología personal, en la cual el escritor reúne cuentos y crónicas publicados desde 1988 a 2016 para hacer un periplo y evocar  a la Ciudad de México y sus recuerdos; al tiempo, como inescrutable realidad y la vida cotidiana. Pero también es un intervalo para hablar del acto creativo, que dice que, para él, “es una persona que se sienta en soledad a escribir”.

En entrevista Pérez Gay cuenta que vislumbró a la memoria como el puente  que entrelazara todos los relatos que forman la antología. “Que fuera una memoria que ardiera, porque toda memoria real siempre está ardiendo en nuestras cabezas: los recuerdos son un poco eso, llamas que se encienden y apagan permanentemente en nuestro cerebro y vida”.

Aunque, explica, hay otra memoria paralela que va avanzando para formar el libro, y es la de un escritor cuyo texto más antiguo data de 1988 y el más reciente de 2016; y dentro de este sendero de memorias, el autor de Me perderé contigo señala que una más es la del periodismo literario, el cual ejerce desde hace 35 años y se plasma todas las semanas en las páginas de diarios donde  colabora, con textos que fueron crónicas, otros semblanzas o reseñas. “Esto lo conecto con otra cosa: nunca tuve el falso dilema de periodismo o literatura. Hay quienes los separan, yo no, porque el periodismo que está bien escrito, es literario de primera línea y la literatura que está bien escrita, tiene la contundencia y seriedad del periodismo. Esto quiere  decir que hay en este libro textos anfibios, de agua, mar y tierra que van del periodismo a la literatura”.

—¿La memoria es algo ardiente que nos puede consumir?

—Sin duda. Nadie puede recordar todo, porque sería sencillamente insoportable. Borges tiene un relato extraordinario que se llama “Funes el memorioso” y que muestra lo anterior. Podemos arder en la memoria, porque el presente no existe, como escribió Montaigne, sólo es la unión del pasado y el futuro. A ese pasado se acerca siempre la memoria, que a veces nos acorrala o acosa,  pero sin ella nada seríamos. La memoria sí puede consumirnos  y podemos arder en ella, porque es el riesgo que se corre cuando uno enfrenta el hecho de ir atrás en todos los sentidos.

—¿La memoria también puede ser el sitio del desencanto humano, como en los relatos de  “La burbuja”?

—En estos cuentos hay un elemento de fantasía: una pareja joven, de veintitantos años,  llega al hotel La Hacienda, la pasan bien y deciden quedarse: se despiden de sí mismos. Por una extraña razón, el tiempo se queda congelado en la pareja que se queda en el hotel. Luego, 25 años después, la pareja regresa para encontrarse con su pasado, además de llevar noticias del futuro a los que se quedaron.

Esta extraña situación de parejas que son una en el tiempo, muestra que la memoria y el pasado son lugares riesgosos, de tempestades, de tormentas, que sabemos lo que ocurrió, pero no puede ser cambiado. Los hechos registrados quedaron marcados y sellados y describe el desencanto del futuro o el desencanto de los que se quedaron en un tiempo.

—¿En el cuento del “El café de las 5:37 es la vida cotidiana y sus imprevistos?

—Es el otro tipo de memoria, la que ocurre todos los días y que tiene que ver con estos personajes inquietos y preocupados por sus destinos, por sus desencuentros y todo lo que ocurre entre ellos, en este caso una pareja, y cómo se le va cayendo a pedazos la vida por cosas no tan profundas: por qué no se cambió un foco, el pago del departamento, hacer el café  y como la rebelión que nace de estas cosas provoca el desencanto y la separación.

En este punto, Rafael Pérez Gay explica que la memoria no sólo tiene que ver con los recuerdos placenteros o los desencantos, también está presente en la creatividad, es hecho que cambia el rumbo de la humanidad constantemente

De lo anterior, explica que aún nadie sabe qué es el acto creativo y cómo emerge en el ser humano. “Yo lo entiendo como una persona que se sienta en soledad a escribir. Pero no sólo literatura, porque también  el periodismo, aun cuando funciona con datos, fechas, números, con rigor y sustancia, tiene un acto creativo”.

Porque, describe Pérez Gay, sabemos el proceso en el cerebro y donde están las zonas que guardan la memoria, el raciocinio, las emociones…, pero no sabemos en cuál surge la creatividad. “Nadie sabe por qué una mañana se sentó un señor y compuso Brandenburgo No. 6 en si bemol. ¡Ese señor era Bach y todavía no queda claro cómo hizo es maravilla de música!

Y aunque no tenemos claridad sobre eso, añade el también autor de Esta vez para siempre, “podemos enunciar algunos misterios y ver al acto creativo como un momento de regreso a una edad primaria, como un ejercicio de la memoria, como la puerta que se abre a la imaginación y a la noche”.

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