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Facebook Twitter Youtube Sábado 10 de Febrero, 2018
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Estado, tecnología y pobreza en México

Conacyt -

Christian Iván Becerril Velasco

En los últimos años se ha demostrado a nivel internacional que la tecnología puede ser un instrumento eficaz en el combate a la pobreza. Sin embargo, en México la política tecnológica no sólo ha estado alejada de las políticas sociales, económicas o industriales, sino que su desarrollo y aplicación ha sido precario a lo largo de nuestra historia. A manera de ejemplo, en la época de posguerra (1940-1970), conocida como período de “desarrollo estabilizador”, la estrategia de desarrollo económico de México se basó en la intervención estatal para promover la industrialización del país, principalmente de las zonas urbanas, y proteger a los empresarios nacionales de la competencia internacional por medio de programas de sustitución de importaciones (SI).

Este periodo hubiera sido ideal para impulsar el desarrollo de la tecnología y su integración con la política económica, social e industrial de México, especialmente porque los programas de SI y el sistema de bienestar quasi-universal implementado desde la década de 1940 hasta la década de 1970 fueron, hasta cierto punto, exitosos. La tasa de crecimiento anual de la productividad laboral de México fue de 2.1% y el PIB per cápita creció anualmente entre 3.0% y 4.0% en términos reales (Cárdenas 2009), como resultado de lo cual se conoció como el “milagro mexicano”. El contrato social implementado fue inclusivo ya que los modelos económicos y sociales fueron vistos como complementarios, “la estrategia de alivio de la pobreza y la estrategia de desarrollo fueron una y la misma” (Székelyy Fuentes 2002), y los sectores formal e informal eran cercanos ya que integraban a la mayoría de los actores de la estructura social y generaban bajas tasas de desempleo y pobreza (Escobar y González 2008).

Sin embargo, las políticas industriales no pudieron encontrar un sector que pudiera competir fuertemente internacionalmente (Moreno-Brid y Ros 2009). Además, aunque el país producía gran parte de la mercancía que se comercializaba, la tecnología con la que se producían los productos era en su mayoría importada. A fines de la década de 1970, justo cuando la revolución de las Tecnologías de la Información y Comunicación estaba en auge en los Estados Unidos de América y los países más industrializados de Europa y Asia, México iniciaba sus primeros esfuerzos por producir su propia tecnología. Empero, los programas industriales del Estado eran financiados principalmente con las ganancias petroleras y préstamos internacionales.

En este contexto, el colapso de los precios del petróleo en 1982, aunado al aumento de la inflación y las altas tasas de interés de su deuda externa, México enfrentó su crisis económica más grave desde su nacimiento como estado nación en 1917, con altos niveles de pobreza la pobreza y desigualdad económica como los peores efectos, lo cual trajo consigo la creencia de que el modelo de SI se había agotado. La mayoría de los países en América Latina se encontraban en una situación similar (Sánchez 2006) por lo que condicionados y alentados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), los países latinoamericanos iniciaron un proceso de reforma estatal que marcaría el final del modelo de SI y comenzaría la era del “estado liberal-informal” (Barrientos 2004). Buscando reducir los problemas sociales y económicos y ajustarse al nuevo orden global, el gobierno mexicano recortó el gasto público, eliminó la mayoría de los subsidios estatales, redujo el tamaño y el alcance del estado al desmantelar o privatizar las empresas del estado y abrió los sectores económico y financiero.

No obstante, el papel de la tecnología siguió siendo el mismo. Por ejemplo, cuando entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, se puso énfasis en el crecimiento del sector manufacturero para generar empleo. Sin embargo, los trabajadores mexicanos fungen solo como ensambladores, mientras que los estadunidenses proporcionan la tecnología para la producción de productos manufacturados, especialmente en estados geográficamente más cercanos a los Estados Unidos (Popli 2010). Más aún, aunque se han desarrollado algunos focos de alta productividad en las industrias textil, del calzado y del vestido (Bayón 2009), y en cierta medida en las industrias de software y hardware y aeroespacial, estos sectores no son intensivos en empleo y / o no tienen muchos vínculos con el resto de la economía. Además, según Kuznetsov y Dahlman (2008), existen muchos otros mercados potencialmente accesibles que no han sido tomados por el estado o por el sector privado debido a la falta de inversión en investigación y desarrollo.

El caso más grave quizás sea el de las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) mexicanas que representan más del 70% de todo el empleo y generan más del 50% del PIB (Temkin 2009). No obstante, la mayoría de los empleos ofrecidos en estas empresas son poco calificados (Popli 2010).

Ante tal escenario, Infotec preocupado por la apropiación y aplicación social del conocimiento tecnológico, generó el proyecto intitulado ‘Apropiación social de las TICs para el desarrollo’, financiado parcialmente por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), en el cual se tiene como objetivo crear una línea de investigación de generación y aplicación de conocimiento sobre la apropiación social de las tecnologías de la información y la comunicación con tres componentes principales: sociedad, salud y territorios y ciudades inteligentes. Se espera comprender los efectos de las iniciativas dirigidas a las personas vulnerables por ingresos con el fin de descubrir los factores que aceleran o dificultan la apropiación de las TIC.

Bibliografía. Barrientos, A. (2004) ‘LatinAmerica: a liberal-informal welfareregime?’, en: Gough, I, and Wood, G. D. Insecurity and welfareregimes in Asia, Africa and LatinAmerica: social policy in developmentcontexts. Cambridge UniversityPress.

Bayón, M. (2009) ‘Persistence of anexclusionarymodel: Inequality and segmentation in Mexicansociety’. International LabourReview, 148 (3): 301-315.

Cárdenas, O. (2009) ‘PovertyReductionApproaches in Mexicosince 1950: PublicSpendingfor Social Programs and EconomicCompetitivenessPrograms’. Journal of Business Ethics, 88 (0): 269-281.

¿Escobar, A., y González, M. (2008) ‘ChoicesorConstraints? Informality, LabourMarket and Poverty in Mexico’. IDS Bulletin, 39 (2): 37-47.

Kuznetsov, Y. N., yDahlman, C. J. (2008) Mexico’stransition to a knowledge-basedeconomy: Challenges and opportunities. Washington, D.C., UnitedStates. World Bank.

Moreno-Brid, J. C. y Ros, J. (2009) Development and Growth in theMexicanEconomy: A HistoricalPerspective. Oxford UniversityPress.

Popli, G. K. (2010) ‘TradeLiberalization and theSelf-Employed in Mexico’. WorldDevelopment38 (6): 803-813.

Sánchez, O. (2006) ‘Taxsystemreform in LatinAmerica: Domestic and international causes’. Review of International PoliticalEconomy13 (5): 772-801.

Székely, M., y Fuentes, R. (2002) ‘Isthere a futurefor social policy in LatinAmerica’ in: Kapstein, E. B. yMilanovic, B. (ed.) Whenmarketsfail: social policy and economicreform. New York, RusellSageFoundation.

Temkin, B. (2009) ‘Informal Self-Employment in DevelopingCountries: EntrepreneurshiporSurvivalistStrategy?SomeImplicationsforPublicPolicy’. Analyses of Social Issues and PublicPolicy9 (1): 135-156.

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