PyeongChang deslumbra al mundo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 10 de Febrero, 2018

PyeongChang deslumbra al mundo

PyeongChang deslumbra al mundo | La Crónica de Hoy

Lo esperado sucedió. Las dos Coreas desfilaron juntas, bajo la bandera de la unificación, y el Estadio Olímpico se vino abajo. Los juegos de invierno de Pyeongchang, en Corea del Sur, ya han hecho historia desde su inauguración. Como instrumento de una aparente distensión tan súbita como veloz entre las dos mitades de la península coreana, la diplomacia era tan importante como el deporte: desde el palco, el presidente del Sur, Moon Jae-in, y la hermana del líder del Norte Kim Jong-un, Kim Yo-jong, sentada inmediatamente detrás, saludaban entusiasmados a su comitiva conjunta. Les flanqueaban el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, y el primer ministro japonés, Shinzo Abe.

La ceremonia, en un estadio que costó 92 millones de euros, comenzó con un deslumbrante despliegue de fuegos artificiales, seguido de un espectáculo que combinó hologramas y marionetas gigantes de figuras de animales, danzarinas y tambores con un coro infantil, para ilustrar una historia en la que unos niños descubren un mundo de paz y de armonía.

Grecia, como manda el protocolo, comenzó el desfile. Le siguió Ghana, de acuerdo con el orden alfabético en coreano, la lengua del país anfitrión. El abanderado de Tonga, Pita Taufatofua, emuló su entrada en los juegos de Río de 2016, entró con el pecho descubierto y aceitado en un estadio con temperatura bajo cero.

DE AZUL Y BLANCO SE FUNDEN EL NORTE Y EL SUR

El momento álgido fue el desfile conjunto de las dos Coreas, por primera vez desde los juegos asiáticos de invierno en 2007. Los dos abanderados, la jugadora de hockey del norte, Huang Chun-gum, y el piloto de bobsleigh, Won Yun-jong, encabezaron a más de un centenar de atletas bajo la enseña blanca y azul, con la silueta de la península coreana. Todos ellos, norcoreanos y surcoreanos, portaban el mismo uniforme oficial, patrocinado por una marca estadunidense.

Lee Hee-beom, presidente del comité organizador de estos Juegos, aseguró que “el norte y el sur se han convertido en uno mediante las Olimpiadas”. La competición, declaró, “se convertirá en la luz y la esperanza de todo aquel que desee la paz, no sólo en la península coreana sino en el noreste de Asia y todo el mundo”.

Después de que Moon declaró inaugurados los Juegos, el “Imagine” de John Lennon y el himno olímpico sonaron antes de que la patinadora Kim Yu-na encendiera la llama olímpica en el pebetero.

La colocación en el palco había sido cuidadosamente estudiada por los organizadores surcoreanos. A su llegada, Moon había saludado calurosamente con un apretón de manos a una sonriente Kim Yo-jong y al jefe de la delegación norcoreana, el jefe de Estado Kim Yong-nam. A su lado derecho, el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach. A unos dos metros de los representantes del país con el que Estados Unidos ha incrementado drásticamente la tensión a lo largo del último año, se encontraban Pence —que aseguraba que asistía para contrarrestar “la ofensiva de encanto” norcoreana durante los Juegos— y su esposa.

El vicepresidente estadunidense, que amenazó esta semana con nuevas sanciones contra Corea del Norte y el programa de armamento de este país, evitó saludar a la delegación norcoreana durante los apenas cinco minutos que permaneció en la recepción de líderes previa a la ceremonia. Pence viajó a Corea del Sur acompañado de Fred Warmbier, el padre de Otto Warmbier, el estudiante estadunidense detenido en Corea del Norte durante más de un año y que murió a los pocos días de ser devuelto a su país.

A partir de ahora será el deporte el protagonista principal.

México, presente

La delegación mexicana desfiló con orgullo al portar el lábaro patrio en la inauguración escoltados por Germán Madrazo, quien fue el abanderado y seguidos por  Robert Franco, Rodolfo Dickson y Sarah Schleper, quien será la primera en entrar en acción este domingo a las 19:15 horas (tiempo del Centro de México)

“Los deportistas mexicanos estaban muy contentos, encantados, con mucha adrenalina y emocionados”, dijo más adelante el jefe de misión del equipo mexicano, Carlos Pruneda. “Es un orgullo, una sensación increíble entrar a un estadio atrás de tu bandera. Se pone la piel chinita, una gran adrenalina”.

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