Espectáculos

John Williams y la fuerza de la música en el cine

“Escribir una canción es como esculpir”, ha dicho siempre John Williams, quien es el autor de una buena parte de la música esencial del cine en la historia: “Tienes cuatro o cinco notas, quitas una y pones otra en su lugar, y luego otro poco más y así, en algún momento, como dice el escultor, ‘en esa roca hay una estatua, sólo hay que encontrarla’”, añade el músico.

Hoy tiene 86, y es una de las figuras fundamentales en la historia del cine. Aunque no siempre ha tenido los reflectores, sí ha sido reconocido constantemente por su talento al dejar en la memoria del imaginario colectivo los temas simbólicos de películas como TiburónE.T., el extraterrestreSupermanGuerra de las galaxias y La lista de Schindler, entre muchas otras.

Nació en Nueva York, en 1932, pero su éxito fue generado en el otro extremo de ese extenso país que es los Estados Unidos. Hollywood como meca del cine lo hizo célebre, aunque pocas veces ha visitado una sala de cine. Ya sabe que ninguna trama, por más contundente que sea, es capaz de ocupar su cabeza y desplazar los pensamientos sobre las bandas sonoras que llegan a sus oídos tan pronto comienza la escena.

Cuando John Williams declina la invitación para ver una película, sabe que en su casa lo espera una interminable colección de piezas clásicas, aunque a veces prefiere saltarse algunos siglos y confrontar a los compositores contemporáneos, los que hicieron más llevadero el siglo XX y, aún hoy, siguen en la apuesta por la música sinfónica.

Era un adolescente cuando Williams se obsesionó con la idea de que los estudios lo llevarían a cosas grandes. No sabía a ciencia cierta que sería, pero logró ingresar a la Universidad de California. A este talento como estudiante hay que sumarle su temprana vocación de músico. Su prestigio en la Juilliard School of Music de Nueva York demuestra claramente esas tendencias musicales. El maestro Castelnuovo Tedesco fue quien enseñó al alumno impulsivo algunos secretos de la composición e interpretación.

El descubrimiento de John Williams para la banda sonora llegó en 1956, con la teleseriePlayhouse 90, cuya música se encargó de componer. Sus labores para el medio audiovisual fueron a partir de ese momento constantes: agregando elementos estilísticos, experimentando y puliendo una línea musical que tardaría una década en concretar definitivamente. En el mundo televisivo, destacaron sus partituras para El Virginiano (1962), Viaje al fondo del mar (1964) yLa isla de Gilligan (1964). No obstante, fue en el cine donde logró mayor renombre.

Más tarde con Los rateros (1969) y de Alma rebelde (1970) encuentra una madurez creativa. Poco después, en 1971, el autor recibió su primer premio de la Academia de Hollywood por su trabajo como director musical y adaptador de El violinista en el tejado, que le dio su primer Oscar de cinco, en 1972, (los otros fueron por Tiburón, en 1976; Star Wars: Una nueva esperanza, en 1977; E.T. el extraterrestre, en 1983; y La lista de Schindler, 1994) que antes había sido un prestigioso musical de Broadway. Ese mismo año compuso Los vaqueros, la primera banda sonora en que se reconocen los que serían elementos constantes en buena parte de la obra del compositor neoyorquino.

Dos años más tarde de su primer gran logro se consolidó otra seña personal de Williams: su relación con Steven Spielberg gracias a la colaboración de ambos, compositor y director, en el filme Loca evasión (1974). Magistral a la hora de obtener el máximo partido a la sección de cuerdas, John Williams no evitó en los años 70 experiencias menos clásicas y aprovechó ritmos contemporáneos para la música de El coloso en llamas (1974), película la que logró un colorido espectacular, y lo convertiría en el músico preferido de las superproducciones del momento.

Spielberg contó con él para componer la banda sonora de Tiburón (1975). El cineasta estadounidense se sintió tan satisfecho con el resultado que no dudó en alabar el trabajo del músico en múltiples entrevistas. No en vano esa progresión obsesiva de la sección de cuerda que anunció la presencia del escualo gigante es desde entonces un modelo para el cine de suspense y terror.

Los alcances de Williams superan cualquier expectativa, porque el público se ha sentido identificado alguna vez con esas creaciones que tienen la misión de incluirle fortaleza a una acción evidenciada en la gran pantalla. Su paternidad intelectual también cobija bandas sonoras comoSupermanIndiana JonesParque jurásicoMi pobre angelito y Harry Potter, entre muchas otras piezas audiovisuales que desde la década del 70 dominan el espectro de Hollywood.

La historia del cine no sería igual sin esa escena cuando entre el caos producido por la multitud de judíos conducidos a la muerte por las calles de la Alemania nazi, una niña con un vestido rojo aparece como un ángel bañado en sangre. El blanco y negro resalta su abrigo. Oskar Schindler, desde lo alto de una ladera, observa la escena. Algunos civiles son ejecutados en masa, pero la niña, impasible, camina entre la muchedumbre y se esconde en un bloque de apartamentos. El intenso violín de John Williams acompaña una de las escenas más tristes y emblemáticas de la historia del cine.

Williams se casó dos veces, tuvo tres hijos y también compone música sinfónica que no va a la pantalla grande sino a las salas de conciertos. Él dice que de esa manera sigue experimentando con las partituras. En Boston tiene un espacio para generar este tipo de proyectos, menos difundidos, sin duda, pero de la misma calidad.

Con la nominación que ha recibido este año su banda sonora para Star Wars: Los últimos Jedi, el compositor agranda su propio récord y sigue siendo la persona viva que más candidaturas ha sumado a los premios de la Academia norteamericana. Con esta, ha optado nada menos que a 51 estatuillas. Si eliminamos ese matiz de estar todavía entre nosotros y con una salud laboral tan envidiable, la persona que ha conseguido más candidaturas a estos premios a lo largo de su historia, que este año alcanza su 90 edición, es Walt Disney. El mítico productor llegó a estar entre los finalistas nada menos que en 59 ocasiones.

Los rivales de Williams para lograr su sexto Oscar y romper esos 24 años de sequía son Hans Zimmer por su trabajo en Dunkerque, de Christopher Nolan;Jony Greenwood por El hilo invisible, filme de Paul Thomas Anderson;Alexandre Desplat por La forma del agua, de Guillermo del Toro; y Carter Burwell por Tres anuncios en las afueras.

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