Por la nueva, la vieja o la renovada. La Constitución de 1917 - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 10 de Febrero, 2018
Por la nueva, la vieja o la renovada. La Constitución de 1917 | La Crónica de Hoy

Por la nueva, la vieja o la renovada. La Constitución de 1917

Carlos Matute González

En la celebración del primer aniversario de la Constitución de la Ciudad de México, el Jefe de Gobierno invitó, como parte de la propaganda del final de su sexenio, a que el país vea que ese documento “es punta de lanza para concretar el cambio de régimen hacia un gobierno de coalición”. La propuesta es continuar con la movilización jurídica permanente hacia la regulación de un modelo menos presidencialista y más parlamentarista. Hay un llamado abierto a promulgar una nueva Constitución para la República bajo el ejemplo reciente impulsado durante su mandato.

Por su parte, el líder de Morena propone regresar a la Constitución original. Más presidencialismo. Esta postura es una convocatoria clara a dar marcha atrás a las reformas constitucionales (todas o algunas importantes) de los últimos treinta años relacionadas con las cuestiones en materia agraria, religiosa, laboral, educativa, energética, de derechos humanos, equidad de género, multiculturalidad, transparencia, información y estadística, telecomunicaciones, banca central, electoral, órganos autónomos ciudadanizados, gobierno de coalición, reelección de diputados, senadores y presidentes municipales, presupuesto, evaluación del desempeño, Poder Judicial, oralidad en los juicios, autonomía de la Fiscalía, rendición de cuentas, régimen de responsabilidades y combate a la corrupción.

No hay prurito alguno en afirmar que no le importa que sus críticos digan que es un retorno al pasado. También hay una constante referencia al pueblo como fuente de su legitimación, lo que convierte su proyecto en populista en un sentido no necesariamente peyorativo.

Por otra parte, el presidente Peña Nieto convoca a continuar construyendo sobre las bases de los cambios constitucionales, que han transformado profundamente el orden jurídico mexicano y modificado sustancialmente las relaciones de poder formal e informal, con un mayor equilibrio entre los tres poderes, una acotación al Ejecutivo federal desde los órganos constitucionales autónomos, la creación de las empresas productivas del Estado, el Fondo Mexicano del petróleo, una vida institucional más activa de organizaciones civiles, empresariales y religiosas y una nueva estructura económica en materias clave para el desarrollo nacional.

En esta conmemoración se expresaron las tres principales visiones sobre la Constitución: a) la promoción de un nuevo pacto constitucional inclinada hacia el parlamentarismo y un mayor garantismo; b) la recuperación del constitucionalismo propio del Estado social de derecho con un Poder Ejecutivo fuerte, un intervencionismo estatal renovado y una estrategia de desarrollo impulsada por el gasto público, y c) la consolidación del nuevo orden constitucional que se ha conformado en las últimas décadas y que se contiene en más de 232 reformas.

En este escenario, la voz del presidente de la Corte, ministro Luis María Aguilar, contrasta, y sólo pide un respeto mínimo a la Constitución por todos: autoridades y ciudadanos, que ha sido la postura reiterada de los jueces, a quienes les corresponde garantizar que los consensos políticos plasmados en la Constitución se cumplan bajo la premisa fundamental del respeto más amplio al principio pro persona de los derechos humanos. Ratifica la neutralidad de este poder frente a los vaivenes políticos.

Estas tres visiones tienen su expresión político-electoral. El frente encabezado por AMLO tiene sus apoyos primordialmente en quienes consideran que lo sucedido en las últimas décadas es un camino equivocado y que hay que retomar el rumbo perdido en los ochenta. El Frente dirigido por Anaya propone un cambio total con los aliados menores del modelo constitucional vigente que sumados pretenden profundizar sus aspectos más progresistas desde ópticas ideológicas divergentes. El Frente ciudadano adoptado por los aliados mayores a ese modelo, cuya propuesta es la consolidación de los cambios y la corrección de las desviaciones. Dos visiones radicales y una gradualista.

Las candidaturas independientes, en este contexto, se presentan como una propuesta no burocratizada de la política electoral que todavía tienen que recorrer un largo camino y que no han sido claros en sus propuestas de modelos constitucionales, salvo el rechazo a que la hegemonía en la democracia representativa la conserven los partidos políticos.

El diagnóstico de que todo se resuelve acabando con la corrupción es sólo un buen eslogan de campaña y posiciona a los candidatos con respecto a personajes públicos de mala fama. Sin embargo, provoca que la visión constitucional de fondo pase a un segundo plano. El elector tiene que ser capaz de distinguir entre la pirotecnia propia de las pasiones electorales cuál es el modelo constitucional que más se adecúa a su propia concepción del futuro. Ésa es una tarea de mayor reflexión que difícilmente se desprende de los spots televisivos y radiofónicos. Hago votos porque la decisión que se exprese en las urnas —cualquiera que ésta sea— atienda más a cierta racionalidad objetivo que a una ira colectiva fomentada por quienes se benefician de la destrucción de las instituciones. Diría mi abuelita: “El que toma decisiones guiado por su enojo, siempre pierde”P y en julio también se trata de elegir entre la vieja, la nueva o la renovada Constitución de 1917.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

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