Sólo hay de dos sopas

Fernando de las Fuentes

La inteligencia emocional representa el 80

por ciento del éxito en la vida.

Daniel Goleman

Solo hay dos procesos en el universo: evolución y entropía. Por eso hay positivo y negativo, amor y miedo, dentro y fuera, luz y oscuridad. Entre esos polos vibra, es decir, se mueve todo cuanto existe.

Mientras la entropía arrastra hacia aquello que no comprendemos, a lo cual llamamos caos, la evolución requiere volición, un acto de voluntad, pues, para darse y sostenerse, para organizar la existencia en patrones cada vez más complejos y plurales, sublimar lo creado, llevarlo a su máxima expresión.

De ahí que sea imposible, por donde se quiera ver, la inexistencia de un poder superior a nosotros. Está. Lo creamos o no. Creerlo nos despierta; no creerlo, aunque no lo parezca, nos embrutece. No crea si no quiere en el Dios que han querido imponerle, pero descubra el suyo, o estará destinado a la primitividad  interior, a una vida instintiva y aburrida.

Ahora aterricemos al planeta tierra, a usted, a mí, a cualquiera: o aprendemos a sentirnos bien, o siempre estaremos sintiéndonos mal. El malestar no se va solo. Este es el gran secreto, la clave de la vida, la gran respuesta o como le quiera llamar. Se dice fácil, pero en realidad es bastante complicado, o ya lo habríamos logrado todos. Para empezar, ni siquiera lo tenemos claro como especie o como colectivo.

Es difícil porque sentirse bien no es un resultado de lo que nos sucede, sino un aprendizaje que dura toda la vida y un trabajo concienzudo de alquimia interior, para transmutar el malestar en bienestar, el odio en amor, la envidia en bendiciones, la avaricia en generosidad, la discriminación en tolerancia, el egoísmo en generosidad, y eso puede lograrse sin un psicoterapeuta, pero no sin poder superior.

Simplificando: la felicidad no es la ausencia de problemas, sino la capacidad de tratar con ellos. Ahora traslade este significado al concepto más amplio y abarcante de sentirse bien. Así es, se trata de obtener, recuperar cuando se requiera y mantener el mayor tiempo posible un estado de bienestar generalizado “a pesar de...”, hasta que un nuevo obstáculo nos obligue a una nueva alquimia interior que nos llevará a mayor experiencia, sabiduría y comprensión. Evolución, se llama.

Aprender a sentirse bien es proyectarse bien y proyectar el bien, por tanto crear bien y obtener bien, porque la vida se vive de adentro hacia afuera en cualquier caso; es decir, sacamos lo que tenemos, lo enviamos a los demás, al universo, y justo eso obtenemos de regreso.

Así pues, sentirse bien no es una consecuencia de vivir, es una habilidad que se adquiere y que debiéramos enseñar a nuestros hijos desde pequeños. Si hemos vivido durante muchos años sintiéndonos mal, es hora de cambiar. No hay edad.

Se empieza por saber exactamente qué pensamos y qué sentimos. Y aquí es donde, créame, necesitará a su poder superior, porque lo más probable es que no pueda hacer el camino exploratorio solo, sin salir huyendo, tanto así es lo que le han hecho creer que hay de malo en usted. Pero si su Dios lo ama tal cual es y así lo acepta y lo abraza, ¿usted por qué no? Si no lo hace, no era Dios.

Cuando se haya familiarizado con usted mismo, podrá entonces aumentar o disminuir la intensidad de una emoción, así como convertir una negativa en su opuesta y, lo más importante, podrá frenar impulsos como la glotonería, la crueldad y otros más o menos oscuros que nos llevan a tener vidas descontroladas, en el mejor de los casos, y muy destructivas, en el peor.

A esto se llama autorregulación, y hay muchas técnicas, para diferentes emociones y diversos momentos, pero antes es imprescindible quitarse el piloto automático con el que estamos acostumbrados a conducir nuestras vidas y tomar el control, encendiendo el comando de la conciencia emocional.

(Militante del PRI)

delasfuentesopina@gmail.com

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