¡Prietos del mundo, uníos!

Juan Manuel Asai

Andrés Manuel López Obrador y Enrique Ochoa Reza comparten un rasgo común: tienen un sentido del humor pedestre.

El candidato presidencial de Morena y el dirigente nacional del PRI cerraron el periodo de precampañas, que fue desalentador de principio a fin, de la peor manera posible: lanzando chistoretes racistas. Los ciudadanos, abochornados, no saben si reír, llorar o de plano ponerse a rezar. Sólo escribirlo abochorna, chistes racistas en México. El espíritu de Trump deambula entre nosotros.

Durante un tiempo el tabasqueño tuvo la exclusiva de descalificar a sus rivales por su color de piel. Como él se autonombró defensor del pueblo, los enemigos son pirrurris pálidos, fifís, señoritingos, todos integrantes de la mafia del poder. Frente a ellos, me refiero a los güeros riquillos, el tabasqueño creó un partido al que le puso, en un alarde de oportunismo guadalupano, el nombre de Morena. Apuesto que es un pecado. Este partido congrega al pueblo bueno, pobre y moreno, frente a los otros, los caras pálidas. Una forma fácil de dividir a la sociedad y de profundizar resentimientos que se transformen en sufragios.

En mala hora Enrique Ochoa pensó que no debía dejar solo a López Obrador en el ámbito de los insultos racistas y, en un acto en Tabasco, al referirse a los priistas que se han cambiado a Morena, los definió como prietos que ya no aprietan. Fino como ninguno. No fue una creación suya, esto de los prietos, pero sí es su responsabilidad haberlo usado en un evento formal, frente a los medios de comunicación. Los acólitos de Morena, que disfrutan cuando escuchan a su mesías hablar de pirrurris, se le fueron a la yugular al jefe priista por eso de los prietos. Para ellos López Obrador no dice chistes racistas, hace parábolas bíblicas. Pocas horas después Ochoa se disculpó. El daño para la causa tricolor estaba hecho.

Precampañas. Intercampañas

Este lance desafortunado fue uno de los últimos del periodo conocido como precampañas que nadie echará de menos. Se diseñó para un escenario que no se dio, el de la competencia interna. Como hubo puros candidatos únicos las precampañas salieron sobrando. Los candidatos y sus partidos las aprovecharon como pudieron y ahora se aprestan a hacer lo mismo en otro periodo de lo más entraño, el conocido como intercampañas, que durará de hoy al 29 de marzo. En este periodo, en los spots partidistas no se podrá llamar a votar por un candidato o un partido. Tienen que ser comentarios genéricos, o sea, otras semanas de vaguedades e incertidumbre.

Las precampañas le sirvieron al PRI para presentar en sociedad a su candidato, José Antonio Meade, que era muy poco conocido. Una primera etapa que no mueve las encuestas pero clarifica para el PRI fortalezas y debilidades. Si quiere volverse competitivo no puede despegar el pie del acelerador. Su reto es mantener el equilibrio entre seguir siendo un candidato ciudadano y convencer a su partido de que se juegue el todo por el todo. Al PAN le sirvió para confirmar lo que se sabía desde hace meses y nadie quería aceptar, que Anaya se agandalló la candidatura y que en el camino se ha hecho de muchos y poderosos enemigos que lo tienen en la mira y le dispararán a discreción. A Morena las campañas le sirvieron para adjuntarse a un partido de la derecha extrema y para fichar a varias figuras de la mafia del poder. A pesar de todo conserva una delantera cómoda, pero remontable.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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