Ochoa, prietos y aprietos - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 13 de Febrero, 2018
Ochoa, prietos y aprietos | La Crónica de Hoy

Ochoa, prietos y aprietos

Francisco Báez Rodríguez

La precampaña de José Antonio Meade se pareció al suplicio de Sísifo, aquel rey castigado por los dioses a subir todos los días una pesada piedra hasta la cima de un monte, sólo para que se despeñara y tuviera que repetir la tarea, por toda la eternidad.

Cuando el candidato de la coalición encabezada por el PRI parecía repuntar tantito, por errores ajenos o aciertos propios, alguien de su equipo la regaba, y se desandaba el camino trabajosamente recorrido.

Así, cuando la precampaña de Meade pudo haber terminado con la buena ocurrencia de #YoMero, lo hizo con las vulgares expresiones del líder nacional del PRI, que volvieron a poner en la mesa el tema del color de piel de los mexicanos y pusieron al partido tricolor bajo la peor de las luces.

El problema con el discurso de Enrique Ochoa Reza no es el de un racismo consciente —que en México es casi inexistente— sino con el que proviene de una traición del inconsciente —que en México es el pan de cada día.

Al dirigente priista le pareció chistoso jugar verbalmente con un meme de las redes sociales, según el cual, con tantos priistas que se habían pasado de bando, Morena se estaba convirtiendo en PRIeta. Con nula inteligencia, no se percató ni de que ese hecho hablaba de que hay priistas que se fugan de un barco que perciben en proceso de hundimiento, ni de que la frasecita en sí ya tenía un dejo de racismo, ni mucho menos que, a la hora de hablar en un acto formal, el juego de palabras se perdería o quedaría sólo para iniciados. Lo que se oyó fue desastroso: “Los prietos de Morena”. Encima, lo acompañó con una frase sexista “…no aprietan”, que sólo exhibe bajeza.

Para mayor escarnio, fue el propio Ochoa quien propagó sus dichos en su cuenta de Twitter, pensando en que las bases lo iban a aplaudir, lo que nos da cuenta de una falta absoluta de visión. Cuando se percató (o, más probablemente, lo percataron) de su error, ya era demasiado tarde.

Es obvio que el dirigente priista no es ningún supremacista blanco o nada parecido, pero está claro que usó el apelativo “prietos” de manera despectiva. Que abrevó del racismo generalizado que hay en esta sociedad que se dice daltónica. Y que lo hizo para atacar al partido cuyo dirigente ha pulsado con más énfasis el botón de la política de identidad. No tiene justificación alguna.

Haríamos bien en aprovechar el dislate de Ochoa para animar una discusión a fondo sobre el racismo latente en la cultura mexicana. Para recordar episodios de xenofobia, antisemitismo e intolerancia de los que, por desgracia, no estamos exentos. Para revisar cómo, en la vida cotidiana —y, a menudo, en los medios masivos— hay discriminación hacia los indígenas y hacia muchos otros mexicanos. Para dejar de echarnos flores nacionalistas y asumir que también en esa materia estamos haciendo mal las cosas. Para entender cuáles son las actitudes que es necesario cambiar.

Lo que no me parece válido es utilizar esa estupidez para justificar una política identitaria que no apela a los intereses de las clases sociales, sino a la división entre “ustedes” y “nosotros”.

Lo que dijo Ochoa es racista; lo que dice López Obrador sobre “señoritingos”, “fifís” y “blancos” es otra cosa: jugar a la identificación primaria de las mayorías. Lo del primero es estupidez inconsciente; lo del segundo, intento consciente de generar sentimientos que se reflejen en votos y polaricen a la sociedad.

A como están las cosas —que no suele ser para discutir a fondo, sino para llevar agua al molino electoral—, Ochoa le sirvió la mesa a Andrés Manuel. Ya se llevó, de castigo light, un acomedido regaño público de Meade, en su gira de medios post-precampaña, pero el trancazo no se lo quita el PRI tan fácilmente.

Y por si fueran pocos los problemas del candidato priista a la Presidencia, su compañero para la Ciudad de México, Mikel Arriola, le hizo, al día siguiente de la tontería de Ochoa Reza, otro flaco favor, al proclamarse campeón de la familia tradicional y de la moral antidroga en el bastión del liberalismo social que es la capital.

La más reciente encuesta de Consulta-Mitofsky para la Ciudad de México muestra a Mikel Arriola muy atrás de las dos contendientes principales. No sólo eso. Arriola está ligeramente detrás de Meade en la capital. Eso se debe a que una parte de los votantes priistas, que consideran que su abanderado a la Presidencia sí tiene chance de disputarla con López Obrador, ya ven perdido a Arriola, y se decantan por Alejandra Barrales, como voto útil anti-Morena.

La estrategia del PRI capitalino parece ser la de intentar rebasar al PAN por la derecha: compensar la pérdida de los priistas laicos que van por el “voto útil”, con la llegada de votos provenientes de panistas tradicionales poco afectos a la candidata de origen perredista. El problema para el PRI es que esos votos de poco van a servir en la contienda capitalina y no pintan en una ciudad cosmopolita y socialmente liberal, pero el efecto puede revertirse contra el candidato presidencial, ya de por sí débil en Ciudad de México. En fin, otra tontería por el lado que se la vea.

Meade ha declarado que está haciendo una evaluación autocrítica de su precampaña. En efecto, la tiene que hacer, porque si se mantiene la percepción de que va en tercer lugar, existe el peligro de que se desfonde. Si su camino hacia Los Pinos era de por sí estrecho, sus compañeros de ruta lo ponen en mayores aprietos. Así se le va a acabar cerrando y no va a poder transitarlo.

fabaez@gmail.com

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Twitter: @franciscobaezr

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