Mikel Arriola, el inquisidor

Wendy Garrido Granada

Los derechos no se ponen a discusión, ni se consultan, se garantizan. Mikel Arriola, precandidato del PRI al gobierno de la Ciudad de México se equivoca —a la pura usanza de Andrés Manuel López Obrador— al plantear que se debe realizar consultas ciudadanas para reconocer los derechos de las mujeres y las personas homosexuales.

Y peor aún, cuando lo plantea para la Ciudad de México, una de las pocas entidades federativas que garantiza el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo; el matrimonio y la adopción para parejas homosexuales. Tratar (o simplemente proponer) de eliminar esos derechos, ganados por décadas gracias al trabajo de organizaciones civiles, es violentar a las personas.

Mikel Arriola, en su desesperación por no tener ninguna oportunidad de llegar a la Jefatura de Gobierno, trata de captar el voto de los panistas más conservadores, que no se ven representados por Alejandra Barrales, candidata del frente PAN-PRD, y usando un discurso totalmente homofóbico y retrógrado, en pleno 2018, se atrevió a decir que la capital “dejará de ser la ciudad del libertinaje y pasará a ser la de los valores y la familia”. O, en otras palabras, la Nueva España en tiempos de la Santa Inquisición.

¿De qué valores y familia habla? Políticos como Mikel deben entender que no sólo existe una forma de familia. Hay muchas. Y todas merecen respeto, garantía y protección de sus derechos.

¿Por qué una pareja homosexual no tendría que tener el mismo derecho de adoptar que una pareja heterosexual? La calidad parental no está relacionada con la orientación sexual, como explicó magistralmente Estefanía Vela en su artículo en El Universal.

Un niño puede crecer y desarrollarse plenamente en un hogar con padres heterosexuales o en uno de homosexuales, pese a esa idea de que sufrirá mayor bullying. Al final lo que hay que combatir es la discriminación para que los padres no inculquen ideas homofóbicas y los niños no las repliquen y dañen a los menores que son criados por parejas homoparentales.

Si se pretende avanzar en una sociedad más civilizada, moderna y plural se tiene que hacer todo lo posible para garantizar los derechos de todas las personas sin importar su preferencia sexual. Negarles la adopción a las parejas homosexuales sería un retroceso.

También lo sería revertir el aborto en la Ciudad de México, que ha logrado disminuir muertes y enfermedades entre las mujeres. O negar el matrimonio igualitario. Y, sobre el tema de la legalización recreativa de la mariguana, a la cual también se opone Mikel —por las que podría ser perfectamente el candidato del PES o del PAN más conservador—, demuestra que está haciendo su luchita con discursos y propuestas que lo único que provocan es alimentar el odio y el sinsentido de grupos conservadores que pretenden limitar la pluralidad y los avances conseguidos.

Espero que Alejandra Barrales tampoco quiera escuchar al PAN ni Claudia Sheinbaum al PES. Porque si no, viviremos una de las etapas más oscuras en la Ciudad de México. ¡Qué nos proteja la Constitución! ¡Amén!

@wendygarridog

wengarrido@gmail.com

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