Meade: corrupción e inseguridad - René Arce | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 14 de Febrero, 2018
Meade: corrupción e inseguridad | La Crónica de Hoy

Meade: corrupción e inseguridad

René Arce

Ha terminado el periodo electoral llamado precampaña, según la mayoría de las encuestas Andrés Manuel López Obrador obtiene la mayoría de voluntades que votarían por él. Más de un tercio de los ciudadanos le están otorgando su confianza.

A Ricardo Anaya lo ubican en segundo término al obtener una cuarta parte de las simpatías de los votantes, todo indica que será el rival más cercano en disputarle la Presidencia a López Obrador. José Antonio Meade queda en tercer lugar, muy retirado ya del puntero y fuera de la zona de empate técnico con Ricardo Anaya.

Estos dos últimos, Ricardo Anaya y Meade, ya lograron ser reconocidos por más del 80 por ciento de la población, objetivo que ambos se propusieron a través de los spots y actos de precampaña, ya es poco el porcentaje que les falta para ser tan conocidos como López Obrador.

Sin embargo, a pesar de que a Meade se le ha privilegiado en los grandes medios de comunicación masiva para evitar vincularlo con los constantes escándalos que semana a semana aparecen, donde se ven involucrados personajes del gobierno del PRI, como el último, en que se vincula al secretario de Relaciones Exteriores, Luis de Videgaray, en reuniones con contratistas ligados al escándalo de la “casa blanca” y de gobernadores acusados de desvíos de recursos, en complicidad con la Secretaría de Hacienda, la sombra de la corrupción e inseguridad es tan pesada para Meade que ha intentado todo, y nada le ha dado resultado hasta ahora. De candidato bravucón ha pasado a conciliador; de aparecer rodeado de dinosaurios priistas impresentables, ha buscado rostros amables de deportistas, escritores y artistas; incluso a la fotogénica y agradable figura de su cónyuge. Ha propuesto elevarle los salarios a maestros, soldados y marinos, intentando ganarse la simpatía del casi millón y medio de familias que representan. Se declara candidato ciudadano, incorruptible, gran administrador en casi todas las ramas, con grandes conocimientos y grados académicos, etc.

Pero a Meade le está sucediendo lo que a Roberto Madrazo en la campaña presidencial del 2006, todo lo que huela a PRI es rechazado por la mayoría de la población, con el agravante de que hoy también tiene que cargar con el enorme desprestigio del gobierno federal encabezado por Enrique Peña, quien pasó de la gloria de su primer año de gobierno por las reformas estructurales, que le valieron el reconocimiento global, al infierno del desprestigio, por la corrupción desmedida de la que él mismo y cercanos colaboradores se han visto envueltos, en casos como OHL, casa blanca, Odebrecht, estafa maestra, socavón, triangulación de fondos públicos (Hacienda-gobiernos estatales-PRI) y robos descarados de gobernadores priistas muy afines, como los dos Duarte, Borge, Sandoval, Medina, Granier, Eugenio Hernández, etc.

Como si no bastara con ello, el sexenio de Peña es ya el de mayor número de homicidios dolosos, desaparecidos, secuestros y robos; donde se ha constatado cómo policías estatales y federales, así como fiscales se corrompieron y se pusieron al servicio del crimen organizado.

Cómo puede esperar Meade que los mexicanos olviden que Peña y el PRI prometieron regresar la paz y la seguridad a los hogares, calles y negocios, si resultó que este sexenio ha sido peor que el de Calderón, donde él fue Secretario en ambos regímenes.

¿Cómo quiere Meade que los más de 250 mil asesinados, durante los sexenios de Calderón y Peña, así como los dañados en su patrimonio y seguridad personal no resulten una pesada loza para su candidatura, si él fue parte del círculo cercano de ambos presidentes?

Una buena parte de los mexicanos cuestiona a Meade porque a su paso como secretario de Hacienda, Sedesol y Relaciones Exteriores no se percató de los actos de corrupción, que fundamentalmente en las dos primeras se hicieron, como la triangulación de fondos para beneficiar al PRI, además de las estafas maestras con cientos de empresas fantasmas que en su momento no fueron detectadas por el SAT.

Quizá la percepción general no le atribuya al candidato Meade un actitud corrupta personal, pero está claro que, o disimuló o fue un inepto para detectar la corrupción. Como dice un dicho popular: “Tanto peca el que mata la vaca como el que le detiene la pata”.

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