De educación y otras cosas más - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 17 de Febrero, 2018
De educación y otras cosas más | La Crónica de Hoy

De educación y otras cosas más

Carlos Matute González

La semana pasada nos tropezamos con la noticia que Elba Esther Gordillo podía volver a la dirigencia del SNTE bajo el argumento difundido periodísticamente de que un juez de distrito había concedido una suspensión provisional en un juicio interpuesto contra el nombramiento como encargado de la Presidencia de ese sindicato a Juan Díaz de la Torre durante el consejo nacional que se estaba celebrando el día del arresto de la maestra en Toluca. El Consejo de la Judicatura Federal, en un comunicado, aclaró que el acuerdo del juicio divulgado en extractos sin contener la resolución emitida por el juez “no tiene el efecto, ni alcances suficientes para establecer que una exdirigente reasuma sus funciones dentro del SNTE...” (Milenio 9-02-18).

El VII Congreso Nacional Extraordinario de dicha organización determinó designar presidente de la misma a Juan Díaz de la Torre por un periodo de seis años. Esto dejó sin materia el juicio referido e hizo evidentes las posturas de los profesores respecto a la reforma educativa, que es uno de los temas relevantes que se debatirán en las campañas que iniciarán el próximo 30 de marzo.

Hay que separar los hechos relacionados con los permanentes conflictos jurídicos en torno a la toma de nota de las dirigencias seccionales y nacionales de este sindicato, que son constantes por las corrientes a su interior, y lo que importa a la sociedad: la educación de los niños y jóvenes. Es legítimo que hay disidencia en las organizaciones, pero es cuestionable que la minoría quiera imponer sus puntos de vistas, y no puede pretenderse que su inconformidad sea suficiente modificar los acuerdos en torno a la evaluación de los maestros, que se han ido logrando desde 1996, cuando Esteban Moctezuma Barragán era Secretario de Educación Pública.

¿Por qué hay 103,313 maestros evaluados? ¿Por qué representan el 88.32% del total? ¿Por qué estos maestros no comparten la visión de la CNTE, que considera que la evaluación es punitiva? ¿Por qué los trabajadores de la educación no están en contra de la carrera magisterial profesionalizadora?

Primero, creo —no hay dato estadístico que confirme mi creencia— que la mayoría de los maestros coinciden con la Suprema Corte de Justicia de la Nación y consideran que lo importante es que los niños reciban una educación de calidad y que ellos son los principales instrumentos que esto suceda. Por lo tanto, apoyan lo que contribuya a su profesionalización: capacitación y actualización permanentes, ingreso por competencia, promoción por mérito y permanencia en la función por conocimientos y habilidades didácticas. Hay un convencimiento que un sistema de evaluación es esencial para mejorar la educación en nuestro país y hay conciencia que falta mucho para alcanzar los estándares deseables.

Segundo, la evaluación -con los defectos que todavía tiene, pero superables- es más objetiva como forma de promoción y obtención de mejores condiciones de trabajo que una vida sindical intensa en la que la voluntad de líder y sus preferencias son las que conceden los ascensos.  La evaluación permite dejar atrás la asistencia a mítines o la acción social directa como vía para conseguir una plaza magisterial o avanzar en la carrera magisterial.

Tercero, la conciencia de que se ocupa una plaza por un proceso de evaluación cambia la relación de incertidumbre del maestro que se sabe que su trabajo no se lo debe al líder sindical, sino a su esfuerzo, conocimiento y méritos. Esto genera actitudes frente a la autoridad que abonan a favor de una mayor profesionalización y, en el mediano y largo plazo, modifican la cultura organizacional y es previsible que paulatinamente cambien los perfiles de los líderes sindicales.

En este contexto, la suspensión de una evaluación afecta genéricamente al proceso de profesionalización de los mentores, pero también a sus expectativas de promoción y mayores ingresos. Esto último hace, incluso, deseable que haya un impulso constante a la evaluación para que cuando existan oportunidades de crecimiento dentro de la carrera magisterial, el profesor, en particular, tenga los elementos suficientes para ocupar el cargo.

El Congreso Nacional referido fue una oportunidad para que las distintas corrientes se agruparan en torno al tema de la evaluación educativa. Los elbistas se posicionaron atrás de los opositores a la reforma educativa y quedaron aislados. La CNTE ya tiene una alianza con Morena, cuya plataforma está opuesta a lo que llaman evaluación punitiva y propone la abrogación de la reforma. Por un lado, quienes apoyan una modernización en la educación en la que el eje sean los intereses de los niños y, por el otro, quienes pretenden preservar el modelo basado en los privilegios sindicales y en el control de estas organizaciones de las plazas, como sucedía con la APPO en Oaxaca.

Claudia X. González, desde una visión empresarial de la sociedad civil, defendió la reforma educativa y considera que su cancelación sería catastrófica. El gobierno federal ha reiterado que esta reforma es una de las más importantes del sexenio. Los candidatos deberán tomar una postura clara y contundente sobre el particular. El sindicato ya lo hizo. No es extraño que sea blanco del ataque de los grupos que se han opuesto sistemáticamente a la evaluación educativa como medio para ingreso, promoción y separación en la carrera magisterial.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

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