No alcanza - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 18 de Febrero, 2018

En estos días de euforia y conflicto previo a las elecciones de julio próximo, perdido entre la información incómoda, de la que nadie quiere hacerse responsable, se publicó la nueva medición del Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza.

Dicho índice, generado en México por el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social, el Coneval, es importante porque nos permite superar una de las discusiones más estériles y bizarras de nuestro país: la de si es importante o no aumentar el salario mínimo dado que —según nos dicen— casi nadie gana el salario mínimo.

Más allá de si muchos o pocos ganan el salario mínimo, lo que es un hecho, de acuerdo con lo mencionado en el Índice, es que a casi 42 por ciento de las personas con un empleo formal en México lo que ganan no les alcanza para comprar el mínimo necesario para tener una vida digna.

Lo más grave es que esta situación, en la que a las personas que trabajan, que tienen un empleo, no les alcanza para dejar de ser pobres, se ha agudizado en el paso del último trimestre de 2016 al último trimestre de 2017. En el caso más extremo, el de Chiapas, por ejemplo, entre octubre y diciembre de 2016, a 69.6 por ciento de la población con un empleo y un salario no les alcanzaba lo que ganaban para cubrir sus necesidades. Un año después, entre octubre y diciembre de 2017, la cifra era ya de 71.3 de la población con empleo y salario.

Hubo lugares en donde la situación empeoró de manera más marcada. En la Ciudad de México, por ejemplo, a finales de 2016 a 31.1 por ciento de las personas con empleo y salario no les alcanzaba. Un año después, esa cifra había crecido a 37.9, un 6.8 por ciento de aumento. En Hidalgo, a finales de 2016, al 41.5 por ciento de la población con empleo y salario no le alcanzaba. Un año después, la cifra ya era de 50.1 por ciento, para un incremento de 8.6 por ciento.

Quien quiera comprender por qué el enojo social que confunde tanto a los más altos cargos del gobierno mexicano, no debe ir demasiado lejos. Basta con que se zambulla en la base de datos que Coneval publicó en http://bit.ly/pobrezaconsalario2017 para que pueda comprender las razones del enojo, de la desazón y del deseo de buscar nuevos derroteros para el desarrollo del país.

Llevamos más de 20 años de reformas de mercado que no logran una mejor distribución del ingreso. Al contrario, el ingreso se ha reconcentrado. Y no son sólo los —según algunos— flojos que no quieren trabajar, los que pagan los platos rotos del fracaso de esas reformas. También lo pagan cuatro de cada diez personas quienes, a pesar de contar con un empleo, no les alcanzan los salarios para cubrir sus necesidades más elementales.

Atrás de esos números están reformas mal calculadas, como la que liberalizó de manera brutal los precios del gas y las gasolinas, así como mucha de la insensibilidad con la que la Comisión Federal de Electricidad aplica políticas brutales de “primero paga y luego averiguas”, que hacen que muchas personas se sientan profundamente desposeídas ante una clase política que, luego nos enteramos, se premia a sí misma con multimillonarias liquidaciones; que se exenta, gracias al uso de helicópteros propiedad del Estado, de ser asaltada o del estrés que implica perder dos horas al día en embotellamientos. La causa del enojo no es difícil de encontrar, simplemente no alcanza.

manuelggranados@gmail.com

 

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