La corrupción en México - Maria Elena Álvarez de Vicencio | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 18 de Febrero, 2018
La corrupción en México | La Crónica de Hoy

La corrupción en México

Maria Elena Álvarez de Vicencio

Nuestro país ocupa los primeros lugares en prácticas de corrupción, las cuales se han extendido a distintos ámbitos de la sociedad. La más notable es la que sucede en la administración pública, la cual se define como lo apropiación de lo público para beneficio privado y en la que participan, en distinta medida y responsabilidad, los servidores públicos, la iniciativa privada y la propia ciudadanía.

A través de la historia la sociedad ha tratado de establecer diversos tipos de normas que se definen por los valores, los principios y fines que la sociedad valora y que se acompañan de  las sanciones para ser aplicadas en casos de incumplimiento. Sin embargo, la corrupción es un mal tan antiguo como los mismos pueblos; tiene raíces históricas, culturales y estructurales muy profundas y sus prácticas se han convertido en una amenaza para la sociedad. 

La corrupción afecta la efectividad del estado en la aplicación de las políticas económicas y en la calidad de las mismas, distorsiona el diseño y la aplicación de la regulación y traba y ensucia el accionar de la justicia. También  tiene un efecto negativo en los niveles de inversión, crecimiento, igualdad y bienestar de la economía.

La corrupción se expresa con múltiples actos como el soborno, que se expresa en el mal uso de la autoridad, derivado de consideraciones de beneficio personal, que no siempre son ganancias económicas sino que puede ser el librarse de la aplicación de sanciones. Otra es el robo abierto que consiste en la apropiación indebida de fondos o propiedades estatales. El nepotismo consistente en la obtención de favores para amigos o familiares. El  tráfico de influencias y el uso de información privilegiada, entre muchos más.

Podemos resumir que la corrupción pública se produce cuando un servidor público, a quien la sociedad le ha dado el poder para realizar determinado deber, desarrolla actividades en beneficio personal que reducen el bienestar social o dañan el interés público.

En el pasado México tuvo una gran tradición personal ética; con pocas excepciones, todos podían confiar en los demás. El crédito a la palabra empeñada era norma generalizada. De palabra se podía tener la certeza en la venta de una casa; en la aceptación de un préstamo. Era un orgullo cumplir la palabra empeñada. Los hijos herederos respetaban la voluntad  que habían escuchado del padre, aun cuando no lo dejara por escrito.

Respetar lo ajeno era otra práctica pasada de generación en generación, niños, jóvenes y adultos aprendían en la familia a no tomar lo que no era suyo. Sin embargo, en la administración pública la corrupción sí viene de lejos. Con honrosas excepciones se aprovechaban los puestos públicos para beneficio propio y de familiares y amigos, aunque no llegaba a la magnitud y cuantía del presente ya que cada vez se descubren  nuevos fraudes que son una afrenta a la pobreza que padece la mitad de los mexicanos.

También vemos que la ambición de poder y de recursos no parece saciarse, no importan los medios que se utilicen para lograrlo. Nos acabamos de enterar por el Diario La Crónica de Hoy, que la Comisión de la Judicatura Federal anuló el concurso iniciado en octubre pasado, para la selección de jueces, porque “podría haber indicios de un lucro con los reactivos sustraídos ilegalmente”, lo cual comprometió la transparencia y la confiabilidad del concurso. Los aspirantes podían acceder a la plaza concursada si lograban más del 80% de respuestas acertadas.

El Consejo de la Judicatura hizo público este hecho “por estar comprometido con la  transparencia y dejar constancia de que no será omiso ante posibles conductas ilegales”. Esto expresa el grado de corrupción existente, pero también abre una esperanza de que pueda corregirse.

Doctora en Ciencias Políticas

melenavicencio@hotmail.com

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