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El fantasma del fascismo regresa a la escena del crimen: Italia

Inquietante. El atentado de un admirador de Hitler y Mussolini contra seis inmigrantes negros convulsiona la campaña para las elecciones italianas del 4 de marzo y deja al descubierto el profundo sentimiento racista que está rebrotando de forma alarmante en ese país y en muchas naciones de Europa

Luca Traini, todavía con la bandera italiana colgada al cuello, tras su detención. Pinta nazi en honor al fascista.

Se veía venir.  Después de un sucio arranque de campaña electoral en Italia, con insultos del tipo “los inmigrantes ponen en peligro la raza blanca”, como dijo un candidato de la Liga Norte, la pólvora iba a estallar en cualquier momento.

El 3 de febrero, un mes antes de las elecciones del próximo 4 de marzo, Luca Traini arrancó su Alfa Romeo, lo estacionó en el centro de Macerata, abrió la ventanilla y empezó a disparar contra un grupo de negros que paseaba por el centro de esa pequeña ciudad del centro de Italia. Seis de ellos resultaron heridos. Hasta aquí, el suceso podría enmarcarse en otro grave ataque xenófobo, cada vez más frecuentes en Europa; pero lo que sucedió a continuación debió helar la sangre a muchos italianos: el autor del crimen, de tan solo 26 años, esperó a que lo apresaran los agentes de la policía y, cuando se acercaban, gritó “Viva Italia” y les hizo el saludo fascista.

El cabeza rapada decidió ese día sacrificar su juventud por una ideología totalitaria que nació en Italia e inspiró al nazismo en Alemania en la primera mitad del siglo XX. El final de los estados fascista y nazi lo conocemos todos: Italia y Alemania fueron derrotadas y acabaron en ruinas, en medio de la mayor matanza de humanos contra humanos de la Historia. Pero las ideas, por muy criminales que sean, son más difíciles de matar.

Pureza racial. El joven Luca Traini no sólo decidió por su cuenta vengar el salvaje asesinato en su ciudad de una “italiana auténtica”, Paola Mastropiero, ocurrido días antes a manos presuntamente de un nigeriano, sino que decidió cometer un crimen racista y xenófobo en nombre del fascismo y siguiendo su mismo modus operandi: convirtiendo en enemigo a una raza, minoría, religión o nacionalidad distinta a la blanca y cristiana italiana, y cometiendo el crimen con la máxima propaganda posible para animar a otros a seguir su ejemplo patriótico. Y para que no quedaran dudas, dejó en su casa, para que lo encontrara la policía, objetos y escritos relacionados con el movimiento que fundó Mussolini, y como libro de cabecera, el que con más odio se ha escrito, el Mein Kampf (Mi Lucha) de Hitler.

Lo alarmante de este caso es que no se trata ya de otro joven ignorante que “como no conoce la Historia está condenado a repetirla”, sino que estamos ante un italiano que conoce perfectamente lo que fue y lo que hizo el fascismo, y aun así lo defiende e intenta matar por su causa. La pregunta que más debería inquietar es: ¿Cuántos están dispuestos a seguir su ejemplo?

El miedo de Saviano. Ésta es precisamente una de las preguntas que atormentan a Roberto Saviano. El pasado lunes, el autor napolitano, célebre tanto por su impactante libro Gomorra como por haberse visto obligado a vivir escondido y protegido, tras ser amenazado de muerte por la mafia, dejó para el diario británico The Guardian un titular impactante y muy inquietante: “El fascismo está de regreso en Italia y está paralizando su sistema político”. Lo suelta, además, cuando quedan dos semanas para las elecciones.

La gota que colmó el vaso para Saviano fue, precisamente, la tibia reacción de la prensa y la clase política tras el intento de asesinato de los inmigrantes negros, cuyo único delito es ser de la misma raza que el nigeriano acusado de matar a la joven italiana hace un mes. En vez de solidarizarse con las víctimas y denunciar la preocupante y cada vez más descarada deriva racista de Italia, se ha llevado al centro del debate electoral el problema de la inmigración y la criminalidad, tal como hicieron Donald Trump para ganar las elecciones en Estados Unidos o los partidarios del Brexit para sacar a Gran Bretaña de la Unión Europea.

“¿Por qué a los medios italianos les cuesta tanto trabajo definir lo que ocurrió como un ataque de inspiración fascista?”, se pregunta Saviano, y se hace la siguiente reflexión: “Disparar a inmigrantes [como hizo Traini], su saludo fascista, la [bandera] tricolor [atada a su cuello]... ¿Qué más debe pasar para decir lo que ha pasado por su verdadero nombre?”, se pregunta en relación al miedo en Italia a nombrar la palabra “fascismo”, en contraste con la facilidad para llamar “terrorista” a un árabe, si éste fuera el autor de un crimen, por pequeño que sea.

Es el miedo. La respuesta la suelta Saviano en la misma entrevista y se reduce básicamente a una palabra: “Miedo”. En este caso concreto, el “miedo de los partidos, tanto de derecha como de izquierda, a perder el voto de un electorado cada vez más xenófobo”.

El miedo es la mejor herramienta del populismo nacionalista para convencer a los votantes.

No es una trágica coincidencia que el neofascista Traini intentase entrar en política de la mano de la Liga Norte, la del candidato a gobernador de Lombardía, Fortilio Fontana, que dijo a los medios lo siguiente: “Todos no cabemos, así que hay que elegir. Tenemos que elegir si nuestra etnia, si nuestra raza blanca, si nuestra sociedad debe continuar existiendo o debe ser eliminada. Si los aceptásemos a todos, dejamos de ser una realidad étnica”.

Todos los caminos conducen a Berlusconi. El líder de la Liga Norte, Matteo Salviani, no sólo no desautorizó a su candidato a la región más rica de Italia, con Milán como capital, sino que justificó el comentario racista de Fontana, señalando que “nuestra forma de vida está amenazada” y alertando de que “una invasión está en marcha”.

Y de nuevo, Berlusconi. Más preocupante aún que las declaraciones de Salviani están las de su verdadero jefe en la sombra: Silvio Berlusconi, que al igual que el fascismo, surge como un fantasma cuando casi todos lo creían muerto políticamente, tras ser inhabilitado por varios casos de corrupción.

Berlusconi no sólo sigue siendo el dueño del mayor partido de derechas, Forza Italia, sino que es el artífice de la gran coalición populista-conservadora-xenófoba que podría alzarse con la victoria dentro de dos lunes.

“Los inmigrantes son una bomba social, lista para explotar. Hoy en Italia hay al menos 630 mil inmigrantes, de los que solamente el 5 por ciento tiene derecho a permanecer. El resto es una bomba social, porque viven de expedientes y de delitos. Cuando estemos en el gobierno invertiremos mucho en seguridad”. Berlusconi lo tiene claro. Su ambición es convertirse en digno discípulo de Trump en Europa.

 

fransink@outlook.com

 

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