Cambio de régimen

Isidro H. Cisneros

Una vez concluidas la precampañas, llegó el momento de evaluar algunas de las propuestas presentadas por los partidos. Entre éstas quizá la más relevante es la relativa al cambio del actual régimen político, que estaría impulsado por un gobierno de coalición como alternativa al agotamiento del viejo sistema presidencialista. Un régimen representativo de un conjunto de arreglos institucionales para la rotación en el poder político, que se encuentra vigente desde hace décadas, pero que ya no representa la creciente pluralidad social del país ni es capaz de ofrecer respuestas a los problemas derivados de su complejidad política.

Resulta necesario distinguir el “cambio de régimen” del “cambio en el régimen”. En este caso la distinción conceptual conlleva matices relevantes. Siempre el cambio de régimen implica una nueva construcción institucional, es decir, un cambio en la forma de gobierno dentro del mismo género democrático, mientras que por el contrario, el cambio en el régimen se refiere solamente a un proceso de reformas a las instituciones existentes. Generalmente se considera que las transiciones políticas están delimitadas, de un lado, por el inicio del proceso de disolución del régimen considerado autoritario o ineficiente, y del otro, por el establecimiento de nuevas formas de democratización y participación, por lo que la propuesta se sintoniza con el reclamo social por una democracia de calidad.

Nuestro país se incorporó con retraso al debate sobre el cambio político, debido a que vivió una democratización imperfecta en comparación con el resto de los países de la región. No obstante, existe la convicción de que el cambio de régimen, mediante un adecuado diseño institucional, aumenta las posibilidades de alcanzar el objetivo político —aún pendiente— de una efectiva democratización. En este contexto, resulta imperativo determinar las reglas que deben establecerse o modificarse, para lograr la gobernabilidad democrática y reducir el desencanto ciudadano.

El politólogo Juan Linz plantea el dilema de la elección entre presidencialismo y parlamentarismo, defendiendo a este último por considerarlo estable y con capacidad para formar gobiernos de coalición. Sostiene que en un sistema de cogobierno, como el que incorpora la propuesta de cambio de régimen, el Poder Ejecutivo tiene buenas razones para promover políticas incluyentes. Por el contrario, en un sistema presidencialista no existen incentivos para tales políticas ya que el mandato es fijo. El presidencialismo es menos propicio para sostener regímenes democráticos, además de que resulta complicado remover a presidentes elegidos libremente cuando pierden apoyo social. El presidencialismo dispone de poco tiempo para realizar sus proyectos lo que produce políticas mal concebidas e intentos de implementación fallidos. En estos sistemas la elección popular directa hace pensar al Presidente que no necesita construir consensos con la oposición.

La mayoría de las democracias más durables en el mundo tienen sistemas de cogobierno parlamentario. El cambio de régimen, planteado por la coalición electoral Por México al Frente, sería el resultado de procesos derivados de la incapacidad o ineficacia gubernamental para resolver problemas para los cuales las oposiciones ofrecen soluciones. Los ciudadanos han adquirido conciencia, incrementado sus fuentes de información, se preocupan y actúan por su futuro, en una palabra crecen políticamente. Para ellos el cambio de régimen es una alternativa a la actual parálisis política.

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