1968: la generación olvidada - Gilberto Guevara Niebla | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 20 de Febrero, 2018
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1968: la generación olvidada

Gilberto Guevara Niebla

Si he perdido la vida, el tiempo, todo

lo que tiré, como un anillo al agua,

si he perdido la voz en la maleza,

me queda la palabra.

Blas de Otero

 

México es un país desmemoriado e ingrato. Evocar esta idea cabe cuando nos referimos a los líderes del movimiento estudiantil de 1968, una generación de jóvenes que se sacrificó por el país, sufrió torturas, persecución, exilio, cárcel, y que nunca tuvo ningún reconocimiento social explícito.

Los líderes del movimiento fueron acusados y procesados por cometer los delitos de que fueron víctimas. Hablaré de mi caso. Después del 2 de octubre fui acusado de cometer 21 delitos cuyas penas sumaban más de 100 años de prisión. Estuve encarcelado casi tres años –en Lecumberri– y después fui expulsado del país y padecí un breve exilio en Perú y Chile.

Cincuenta años después, los hechos de 1968 siguen en completa oscuridad. Jamás se hizo ninguna investigación sobre la masacre de Tlatelolco; los asesinos, en vez de ser procesados, fueron premiados por el gobierno federal y todavía hoy —los que sobreviven— disfrutan de canonjías y privilegios.

Por el contrario, lo que ha habido en este medio siglo ha sido una prolija manipulación de los medios de comunicación para desvirtuar la memoria de los acontecimientos y presentar el movimiento estudiantil, no como lo que fue, un movimiento democrático; sino como una expresión violenta y radical. En estas décadas se publicaron muchos volúmenes dedicados a confundir al público negando el significado democrático de 1968.

Nunca en este tiempo ningún presidente de la República, ningún ministro de la Suprema Corte, ningún secretario de la Defensa y ningún Procurador General ha pedido perdón a las víctimas o ha levantado la voz para reconocer que las autoridades se equivocaron ese año al aplastar con brutalidad y salvajismo indescriptible una protesta pacífica que sólo reclamaba respeto a las leyes y a las libertades democráticas.

Yo soy un sobreviviente del 68, pero en el camino han desaparecido muchos de mis compañeros: Raúl Álvarez Garín, Luis González de Alba, Roberto Escudero, Marcelino Perelló, Florencio López Osuna, Eduardo Valle Espinoza, Roberta Avendaño, Leobardo López Arteche y otros más cuya muerte pasó inadvertida para el público y que jamás recibieron ningún gesto de reconocimiento por parte del Estado mexicano o de alguna autoridad.

El país transitó hacia la democracia pero aún hoy, cuando se disfrutan ampliamente las libertades por las cuales se sacrificó la generación de 1968, jamás se le ha hecho un reconocimiento a ésta. Ante este ominoso silencio, yo me atrevo a hablar —aunque algunas personas legítimamente pueden juzgar que a mí no me corresponde hacerlo— para proclamar que los líderes de 1968 fueron, legítimamente, héroes de la democracia y que su lucha sentó el precedente para edificar el actual orden político democrático.

Imaginemos por un instante que el movimiento estudiantil hubiera encontrado una solución pacífica y negociada. El ejemplo estudiantil habría sido imitado por otros grupos sociales (obreros, empleados, maestros, campesinos). Las reformas democráticas se habrían adelantado y México habría ahorrado muchos sacrificios y recursos. ¿Qué habría ocurrido con la generación de líderes de 1968? ¿Acaso tales líderes no habrían irrumpido con energía en la política nacional postulándose como una generación de alternancia democrática en el poder público?

La masacre de Tlatelolco impuso otro derrotero al desarrollo de México y determinó el destino de esta generación en particular. Lo que la violencia oficial trasmitió a las nuevas generaciones fue una herencia de odio, de resentimiento y una actitud de desconfianza a la autoridad; la masacre de Tlatelolco impulsó la protesta política por caminos de irracionalidad y violencia y su huella histórica es perfectamente visible en la cultura política actual. ¿De qué fuente procede, si no, la marea de odio en la cual naufragamos?

 

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