La cultura en el combate a la inseguridad

Israel Moreno

Hace unos días, llegó a mis manos información de algunos casos de éxito en el combate a la inseguridad en diversos países. Dada la gran importancia de ésta, he decido compartírselas en este espacio.

La historia ha registrado infinidad de casos a nivel internacional en los que la cultura ha sido determinante y fundamental en la disminución de los delitos, tanto  en el combate general a la inseguridad, así como en la mejoría de la percepción ciudadana de sus autoridades.

Si bien los ejemplos sociales de éxito son numerosos, decido abordar un par de ellos por la importancia que han tenido en la última década. El primero se desarrolló en la ciudad de Palermo, Italia, en los noventa y principios del 2000, justo cuando el titular de la alcaldía de aquella ciudad era Leoluca Orlando.

Este gobernante tenía una gran obsesión por lo que él llamaría la Cultura de la Legalidad, programa que resultó una estrategia fundamental para luchar contra la mafia, tal y como lo menciona en su libro Hacia una Cultura de la Legalidad y en donde resalta: “los tribunales son solamente la línea de frente de la campaña contra la violencia y el desacato a la ley. El otro frente es la Cultura”.

En su estrategia, Orlando trazó cuatro líneas de acción: 1. Medios de Comunicación, 2. Cultura, 3. Educación 4. Urbanismo. El objetivo común era crear una conciencia cívica del Estado de Derecho. En ese sentido, el programa “Adopte un monumento” fue particularmente importante, más del 80% de los monumentos históricos fue restaurado, situación que permitió la real adopción de dichos espacios por la comunidad de Palermo y, en consecuencia, les fueron arrebatados a los grupos criminales.

Aunado a ello, esa municipalidad priorizó el embellecimiento de cada rincón de la ciudad mediante empresas de servicios urbanos.

Leoluca consideró “una ciudad cuyos espacios públicos son amados y protegidos es una ciudad donde hay poco margen para la ilegalidad”.

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Abordo ahora el segundo caso de éxito,  ocurrido en Estados Unidos, a través de la Teoría de las Ventanas Rotas, artículo escrito por James Q. Wilson y George Kelling quienes coinciden que, desde un punto de vista criminológico, la incidencia delictiva es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores; es decir, si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás.

Por ello, si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen “pequeñas faltas” como estacionarse en un lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.

Dicho de otra forma, si los parques y otros espacios públicos deteriorados son progresivamente abandonados por la mayoría de la gente (que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas), esos mismos espacios abandonados son progresivamente ocupados por los delincuentes.

Este postulado, que sin dudas revolucionó la forma de percibir la recuperación de espacios, fue puesto en práctica en 1994 por Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, quien impulsó una política de “tolerancia cero”. La estrategia consistía en crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana, pero igualmente manteniendo un estricto control en la prestación de los servicios públicos de modo que tanto los ciudadanos como los propios servidores públicos se responsabilizaran por mantener dichos espacios sin “ventanas rotas”.

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En ambos casos se demostró que sólo basta un pequeño cambio e innovación para hacer que las cosas cambien. Esto, la cultura como pilar para inhibir la inseguridad, no sólo ha funcionado en ciudades del primer mundo, sino también en América Latina, como en Colombia.

Estas experiencias exitosas aplicadas en lugares violentos e inseguros, nos ayudan a entender que las políticas publicas basadas en generar conciencia social, a través de la Cultura de la Legalidad, los valores cívicos y las reglas de convivencia social, lideradas por el gobierno local, son igual o hasta más efectivas que sólo el castigo, el combate y la persecución de los delitos, siempre y cuando exista el valioso pacto social y la importante voluntad política.

Pero usted mi estimado lector, ¿cuál es su opinión o propuesta? Ojalá la haga llegar a la siguiente cuenta de twitter.

@israelmorenori

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