Ayotzinapa, 43; Pasta de Conchos, 65

Leopoldo Mendívil

LIC. ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR,

CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DE MÉXICO:

+¡Qué vergüenza, Señoría!.

¿Cuánto cuesta su amnistía?

Roberto Iniesta

 

Desde que ocurrió la tragedia de Ayotzinapa, cuando se refiere usted a ella no deja de acusar al gobierno federal de haberse inmiscuido en el crimen de los 43 estudiantes que jamás aparecieron, ni de exigir castigo a los presuntos involucrados.

Pero después de ocurrida la desgracia de la mina Pasta de Conchos, Coahuila, allá por febrero del 2006, donde hubo una abierta irresponsabiidad de la empresa propietaria y del sindicato minero, que provocó la muerte de 65 mineros, usted ha amnistiado de una vez, sin representar aún lo que intenta ser, al líder sindical que  no exigió ni comprobó las condiciones de seguridad laboral que merecían sus representados;  le ha otorgado ya el perdón y lo quiere regresar a la vida pública…

Ya hemos leído, visto y oído en bulto su concepto de amnistía y al menos yo me deslindo de él porque a los capos narcotraficantes, además de amnistiarlos por los millares de vidas que han segado con sus drogas y con las balas de las armas puestas en manos de sus sicarios, no dudo que también quiera erigirles estatuas en honor a su bravura y don de gentes… A su mexicanidad pues, ¿verdad, candidato...?

Hoy me dirijo a usted de una manera algo diferente de lo que ha sido una larga costumbre, por una razón de la que quizás alguien se ría; yo la creo importante porque hoy le escribo a la institución de la candidatura a la Presidencia de la República, de mi República, que usted representa, no al político de siempre… La diferencia es legal pero también ética y desearía que usted la registrara, don Andrés Manuel, como el cambio de actitud y conducta que debe corresponder a su protesta —¡o promesa!— de cumplir con los requisitos de la personalidad que se le ha otorgado. Recurro, como ejemplo, al seminarista que concluye su preparación y luego de su consagración, se transforma en sacerdote. Si en política todos actuáramos diferente, quizá generaríamos consecuencias mejores. Lo que usted dice ahora, debe implicar una intención mucho más seria, más formal, más comprometida para ejercer el cargo al que aspira, pues se habrá comprometido legal, moral y éticamente  a cumplirlo al pie de la letra como lo ofreció y le obligará a actuar con hombría de bien, sin mentir jamás ni traicionar principios ni a personas. Si así hubiera actuado desde su primera candidatura presidencial en 2006, quizás ya habría alcanzado sus propósitos y satisfecho sus ambiciones…

Los dos empresarios que le ayudan a lograr este tercer intento —don Alfonso Romo y don Miguel Torruco— dicen que usted los sorprendió, como  a sus demás colegas con quienes platica, por encontrarlo muy diferente de como los comunicadores lo definimos. Primero, usted no platica con la mayoría de nosotros; segundo, nosotros no somos empresarios y nuestra responsabilidad es muy diferente; tercero, al escribir, quienes tenemos la posibilidad de opinar, lo hacemos a partir de lo que los instrumentos de trabajo comunicacional —grabadoras, videos, transcripciones…— nos transmiten para divulgarlo a la ciudadanía en general. Los empresarios buscan una razón para darle o no su apoyo. Es, pues, comprensible que su comportamiento sea diferente; en ambos casos, usted obtiene la respuesta que provoca. Así de simple.

Intentaré mantener esta actitud de hoy, pero no es promesa. Deseo respetarle por lo que ahora es; la mantendré si usted respeta lo que hoy significa…          

 

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