Espectáculos

El hilo fantasma: La deslumbrante despedida de Daniel Day-Lewis

Hay algo de hipnótico en todas las películas que he visto de Daniel Day-Lewis. Probablemente sea el actor más riguroso de las últimas décadas: No sólo interpreta un personaje, sino que lo vive, aun fuera del set. A lo largo de su trayectoria se le ha conocido como un hombre intenso, y es que cuando encuentra un personaje lo trasciende:

En 1992, para el rodaje de El último mohicano aprendió a cazar y a pescar en la canoa que él mismo construyó; deambulaba todo el día con un fusil que aprendió a manejar. Cuando rodó En el nombre del Padre, en 1993, pasó dos días en una celda sin agua ni comida e incluso pagó a varias personas para que lo insultaran y le arrojaran cubos de agua fría, con el fin de vivir en su piel las vejaciones a las que sometían a su personaje.

Años después se hizo carnicero para poder encarnar al personaje de Gangsters de Nueva  York (2002) de Martin Scorsese, y agarró una neumonía, pues para ser fiel al vestuario del siglo XIX, en el que está ambientada la película, se rehusó a llevar prendas de abrigo y tampoco quiso tomar medicamentos que no existieran en esa época. El último trabajo de su carrera (al menos así lo ha declarado), también tiene eso.

Day-Lewis da vida al famoso modisto Reynolds Woodcock, quien junto a su hermana Cyril (Lesley Manville) están a la cabeza de la moda británica, vistiendo a la realeza, a estrellas de cine y a toda mujer elegante de la época. En los años 50 es que se ubica este filme en el que vuelve a ser dirigido por Paul Thomas Anderson, para contar la historia romántica de ese modista que un día encuentra en Alma (Vicky Krieps), a su musa y amante.

El hilo fantasma se convierte en un drama psicológico y romántico con pinceladas de suspense en el mundo de la moda de lo más delicioso para los cinéfilos. El hombre récord de los Premios Oscar (el único que ha ganado tres estatuillas como Mejor Actor) da cátedra de interpretación en un personaje hecho a la medida de su propia figura: Woodcock es elegante, quisquilloso, exigente y egoísta…

Para entenderlo Daniel Day-Lewis aprendió a coser una pieza de alta costura desde cero. Utilizó a su esposa Rebecca Miller como modelo y recreó un vestido con lazos inspirado en un uniforme escolar en franela gris. Ahí comenzó la transformación. Aquella con la que se despide de la actuación de la forma más elegante posible. En un filme que es exquisito. En el cual enseña al mundo cómo transmitir las emociones más potentes desde los silencios.

La historia de Paul Thomas Anderson tiene un arco dramático admirable. Con las emociones cada vez más intensas, sin perder la elegancia; con giros de tuerca astutos, con la hipnosis precisa y con un manejo del tema del amor deslumbrante. Una película imperdible.

 

Yo, Tonya

Director: Craig Gillespie (EU, 2017)

Si Margot Robbie ya había robado el corazón de más de uno con El lobo de Wall Street (2013), de Martin Scorsese, no ha sido hasta Yo, Tonya cuando se ha ganado el respeto del mundo como artista. Una película basada en la vida real de Tonya Harding, quien fue la primera mujer estadunidense en completar un salto de triple axel en competición de patinaje sobre hielo, en 1991; sin embargo, la historia detrás de esa mujer récord no es un retrato color de rosa. El cineasta Craig Gillespie nos ofrece un extraordinario filme de humor ácido a través de un personaje de lo más excéntrico que se puede encontrar. Son dos horas de diversión cínica a costa de la atropellada vida de una mujer que vio frustrados sus sueños a pesar de su talento; el filme es fenomenal por su manejo de los momentos importantes de su vida, por su acercamiento crítico y mordaz al tema de la codependencia y machismo y con una sensibilidad disfrutable escondida en el encanto ingenuo de la protagonista. Merecida la nominación al Oscar a Mejor Actriz para Margot Robbie... al igual que la de Allison Janney, quien da vida a su mamá y que es inolvidable.

 

Cómplices

Director: Luis Eduardo Reyes (México, 2018)

A tres años de haberla filmado, los actores Arath de la Torre y Jesús Zavala estrenan Cómplices, una cinta que es un manojo de aventuras sin mayor sentido de creatividad original. El nuevo filme de Luis Eduardo Reyes, quien recientemente estrenó títulos igual de huecos en contenidos, como Una mujer sin filtro y Qué pena tu vida, nos presenta un filme que bebe de algunos filmes populares de forma descarada como Hitch (2005) y Loco y estúpido amor (2011), en torno a la figura del seductor. Nos presenta la historia de Juan Campos (interpretado por el nada carismático Arath de la Torre) quien ha dedicado su vida a seducir a las más bellas mujeres junto a su amigo y cómplice Luis Pani. Cuando se preparan para su viaje a República Dominicana, Luis enferma, y Juan se ve obligado a llevar a su sobrino Mau (Jesús Zavala), un muchacho de 20 años que está pasando por la depresión de perder a su primer amor. Mientras Juan entrena a Mau en el arte de la conquista, aparece Teresa D’Ors (Marina de Tavira), la única mujer en el mundo capaz de paralizar a Juan. Así aprenden el uno del otro. Créanme, no vale la pena.

Imprimir