Todos contra “López”

David Gutiérrez Fuentes

Comentar sobre política en plena efervescencia electoral desata las pasiones. Contagia de rabia al enojón y de solemnidad al serio. Hace poco, el rey de la libertad de expresión, Enrique Krauze, quien hace tres años adquirió la ciudadanía española, finalizaba así su artículo en El País: “Rechacé y rechazo los ataques bajos en contra [de AMLO]. Si triunfa en las elecciones, defenderé su derecho a poner en práctica su programa social y económico, siempre y cuando lo haga respetando escrupulosamente el marco legal e institucional y el régimen de libertades que sostiene ese hogar común que él, con su prédica, se empeña en dividir, pero que nos pertenece a todos. Ese hogar común que es México.”

Es curioso que algunos críticos del discurso mesiánico y polarizante, echen mano de él. Por cierto, Heriberto Yépez escribió un documentado texto sobre los recursos que le ha otorgado el gobierno de Enrique Peña Nieto a los proyectos del heredero de Paz. “Lo que Krauze hace [escribe Heriberto] es construir plataformas que parezcan intelectuales (históricas y literarias) para negociar con el gobierno en turno. Estas actividades, por supuesto, han hecho un daño terrible en México, básicamente construyendo un falso mapa de la historia del país y un aun más falso mapa de la literatura de las últimas décadas.” Recomiendo la lectura de los textos críticos de Yépez. El que acabo de citar, puede leerse únicamente en línea. Aquí el vínculo acotado:
http://bit.ly/2ledxVm.

Pero mientras algunos asumen una postura dramática con respecto al supuesto peligro que representa AMLO para nuestra impecable democracia, hay otros que de plano se descaran en un pragmatismo cínico que no teme ocultar el cobre. Ejemplo: en Foro TV, Leo Zuckermann que cada que podía enarbolaba el discurso del miedo, de la venezualización del país con AMLO, etcétera, etcétera, etcétera. No dudó en preguntarle a sus invitados, después de analizar los resultados de las encuestas y tras varios minutos de perorata de dos de ellos sobre el rezago de Meade: “Déjenme cambiar el foco de esta mesa y preguntarles a ustedes […] ¿Cómo bajar a López Obrador?, ¿cómo bajar a López Obrador? Es obvio, tiene el 38%, pues ¡hay que bajarlo! Y lo bajaron, por cierto en el 2006. Ya vimos cómo. Lo provocaron, campañas negativas, él dice que ‘guerra sucia’… ¿Cómo bajar a López Obrador? Porque eso es lo que viene. Van a tratar de bajar a López Obrador. Así funciona la democracia. Me han criticado mucho estos días porque ando diciendo eso. Pues sí…” Y volvió a insistir: “Pero no me estás contestando la pregunta: ¿cómo bajar a López Obrador […] Si ustedes fueran estrategas y tuvieran que decir ‘Señores hay que bajar a López Obrador’ No lo de Venezuela, uta, ya lo de Venezuela ya no funciona, lo de Rusia, el populismo. Ya qué le falta que no le digan a López Obrador” Vinieron más respuestas y Zuckermann insistió: “¿Cómo bajar a López Obrador?” Luis de la Calle respondió en el mismo sentido que los colaboradores de la mesa: “Una campaña negativa no va a funcionar”. Leo Zuckermann reviró: “Pero se necesita”.

La insistencia de Zuckermann es representativa de un ánimo vigente en muchos intelectuales, periodistas o charlatanes: bajar a López Obrador de las encuestas. Y téngalo por seguro, probarán todas las fórmulas posibles. Algunos, como Krauze, envueltos en la bandera del liberalismo que dicen enarbolar; otros, como Zuckermann, montados en un pragmatismo que no teme ocultar sus fobias con preguntas que rayan en la necedad.

Es cierto que uno de nuestros derechos es la secrecía del voto. Pero no sería más sano para el debate político que quienes estamos inmersos en él manifestáramos con toda libertad por quién vamos a votar. Le apuesto que de aquí al día de la elección, pocos se atreverán a hacerlo. La respuesta está en el título un filme clásico de
Cantinflas: “Ahí está el detalle” ¿O no?

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