Escuchen a Andrew Pollack y perderán toda esperanza - Fran Ruiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 22 de Febrero, 2018
Escuchen a Andrew Pollack y perderán toda esperanza | La Crónica de Hoy

Escuchen a Andrew Pollack y perderán toda esperanza

Fran Ruiz

Hace una semana titulé mi columna “Tienen lo que se merecen: Armas”, pensando más en un improbable lector estadunidense que en un lector mexicano. La razón es ésta: son los estadunidenses —y no los políticos comprados por la Asociación Nacional del Rifle (NRA)— los responsables últimos de que exista la epidemia de tiroteos, porque son sus votos los que deciden si eligen o no a un candidato contrario a un mayor control de armas. Intenté, en todo caso, sumarme al coro de voces que imploran que ocurra algún tipo de reacción de esos estadunidenses anónimos. Intenté, como tantos otros, recordarles que en noviembre se renueva el Congreso y tienen la oportunidad de revertir este círculo infernal de “a más tiroteos, más armas vendidas, y por tanto, más tiroteos”.

Y sí, milagro en el circo: hubo por fin reacción. Al día siguiente de la matanza en la escuela de Florida, los compañeros de los jóvenes asesinados se secaron las lágrimas rápidamente y dijeron “¡Basta ya!”. Empezó de forma espontánea lo que podríamos llamar una “rebelión de la generación Z”.

Acostumbrados como estamos a las típicas escenas de velitas y fotos de las víctimas, de gente llorosa, demócratas enojados y republicanos diciendo que “no es el momento de legislar sobre las armas”, esta revuelta de jóvenes nacidos con el milenio sorprendió a los adultos por la madurez de sus peticiones y la crudeza de sus acusaciones contra el “pedazo de mierda de presidente” que tienen, contra la “NRA asesina” o contra los republicanos, a los que advierten que, si siguen vetando cualquier iniciativa, “tendrán sus manos manchadas de sangre cuando ocurra un nuevo tiroteo”. De la noche a la mañana, miles de jóvenes se manifestaron ruidosamente frente a sus escuelas y frente al Capitolio de Florida, donde se preguntaron quién de ellos será el siguiente en caer acribillado a balazos. Dejaron incluso la imagen insólita de decenas de estudiantes tumbados en el suelo, como si estuviesen muertos, con la Casa Blanca al fondo.

Esa llama rebelde no se ha apagado, pero, desgraciadamente, de momento no ha quemado a ningún político. En pleno duelo por la masacre de Parkland, al norte de Miami, y pese al clamor de los que sobrevivieron, los 71 legisladores republicanos del Congreso de Florida votaron esta semana en contra de una iniciativa demócrata para prohibir la venta de rifles semiautomáticos. Ni uno cambió de parecer a pesar del clamor de los jóvenes. Peor aún, el presidente Donald Trump declaró ayer su amor incondicional a la NRA y proclamó que sus líderes —esos que pagan a los legisladores para que veten cualquier iniciativa contra las armas— son unos “verdaderos patriotas estadunidenses”.

Pero cuando perdí toda esperanza de que Estados Unidos corrija en un futuro cercano esta sangría de muertes absurdas, fue cuando escuché lo que dijo Andrew Pollack, padre de una de las víctimas de la escuela de Parkland, durante la reunión del presidente en la Casa Blanca con víctimas de tiroteos. “Estoy aquí para darle voz a mi hija, que murió de nueve balazos. Estoy muy enojado”, declaró y se preguntó en voz alta ante Trump y ante el resto de jóvenes: “¿A cuántos niños más tienen que disparar?”.

Hasta aquí sería el relato lógico de un padre que acaba de perder a su hija. Todo el mundo habría entendido que a continuación hubiese exigido la necesidad de nuevas reglas que hagan imposible la venta, por ejemplo, de armas semiautomáticas como la que mató a su hija. Pero nada de esto ocurrió.

En vez de reclamar a Trump que su hija murió porque él eliminó la normativa de Obama que obligaba a las armerías a revisar los antecedentes mentales del comprador, lo que permitió al joven perturbado Nikolas Cruz comprar el arma asesina, el afligido papá declaró que no era el momento de debatir sobre las armas.

“Esto ahora no va de leyes sobre armas. Arreglemos primero las escuelas. Unámonos con el presidente y arreglemos las escuelas”, para que tengan profesores armados y entrenados para matar.

No sólo es descorazonador el demencial apoyo de un padre a las armas, con el cuerpo aún caliente de su hija acribillada a balazos, ni que sea el peor homenaje que haya escuchado en mi vida de un padre a un hijo asesinado. Lo que realmente entristece es que, si ni aun así los estadunidenses están dispuestos a cambiar las cosas, mucho me temo que seguiré condenado a escribir durante demasiado tiempo de tiroteos y debates estériles sobre qué hacer con las armas en Estados Unidos.

fransink@outlook.com

 

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