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“Cultivos convencionales con plaguicidas son más nocivos que los transgénicos”: Francisco Bolívar Zapata

"Lamentablemente son muchos los señalamientos contra los transgénicos por supuestos daños a la salud y el medio ambiente, así como la ausencia del reconocimiento de sus beneficios, como lo declaran individuos y grupos de activistas que incluyen aseveraciones parciales, como Greenpeace y en México miembros de la Unión de científicos comprometidos con la sociedad”, señaló Francisco Bolívar Zapata, investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM y miembro de El Colegio Nacional. 

Durante la presentación del libro Transgénicos. Grandes beneficios, ausencia de daños y mitos, añadió que estos señalamientos son por ignorancia y visiones limitadas. “Uno de los propósitos del libro es proporcionar, de manera sistematizada, la amplia y contundente información científica y técnica sobre la ausencia de daños y beneficios de los transgénicos”. 

En el Aula Magna de El Colegio Nacional, refirió que dichos cuestionamientos son falsos y sin sustento científico relevante, puesto que la inocuidad para la salud y medio ambiente han sido comprobadas a lo largo de los 20 años en que se ha comercializado la tecnología y que, en el caso de las plantas, son prácticamente similares a las naturales. 

Dijo además que es injusto e inmoral que los agricultores en México no puedan utilizar libremente los cultivos transgénicos debido a la demanda colectiva que lo impide. “Lo verdaderamente dañino son los insecticidas que se siguen utilizando con los cultivares tradicionales. Por eso, es más grave para la salud de México que sigamos consumiendo maíz producido en plantas convencionales que usan insecticidas para eliminar las plagas (…) Es preferible comer genes que insecticidas”.

La publicación, acotó, es resultado del trabajo de alrededor de cuatro años, en la que participaron científicos miembros del Comité de Biotecnología de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC). Dijo que en la publicación hay referencia a las más de 180 evidencias científicas que sostienen la inocuidad de los transgénicos, así como documentos y declaraciones como el pronunciamiento de 126 premios Nobel que están a favor de lo que han llamado “una tecnología perfeccionada, una agricultura de precisión, superior”.

CONTRAPUNTOS. En el acto, el investigador ganador del premio Príncipe de Asturias realizó enfáticos señalamientos contra los argumentos del grupo de científicos en desacuerdo con los transgénicos, encabezados por la investigadora Elena Álvarez-Buylla, del Instituto de Ecología de la UNAM y recientemente galardonada con el Premio Nacional de Ciencias y Artes —por su trabajo académico que no está relacionado con los transgénicos—.

“Señalan que los seres vivos son complejos y que sus genes interrelacionados no se pueden aislar; que los científicos no están capacitados para entenderlo”. Sobre esto, dijo que “es inaceptable que no se tenga derecho de modificar organismos vivos por supuestos daños (…) Estos cultivos usan fragmentos de genes que existen en todos los seres vivos, con ingeniería que utiliza mecanismos de la transferencia horizontal de ADN que son naturales”.

Éstos son un tipo de paradigmas que en la biología ya están superados, ha referido en otra ocasión Álvarez-Buylla. “Este reduccionismo y genocentrismo se desprenden de ver a los organismos vivos no como sistemas complejos con emergencias autorganizadas, sino como máquinas y los seres vivos no lo son. No somos costales de genes en los que podamos cambiar un gen por otro y tener un organismo distinto que se comportará como uno quiere en todos los ambientes. Cuando hacemos una transformación genética se alteran muchos aspectos de los sistemas complejos, como redes regulatorias y metabólicas”.

De regreso en la presentación del libro, Bolívar Zapata también hizo énfasis en el argumento de que México no necesita de los cultivos transgénicos, el cual ha sido manifestado por José Sarukhán, exrector de la UNAM, investigador emérito del Instituto de Ecología y también miembro de El Colegio Nacional. “Tenemos una variabilidad genética fenomenal, lo cual nos hace independientes de comprar variedades de maíz. No necesitamos de nadie porque, en buenas condiciones, las que tenemos pueden proliferar perfectamente”, ha referido Sarukhán, quien no estuvo ayer en el acto.

En la presentación, Bolívar puntualizó que los tres mil millones de toneladas de insecticidas químicos que se utilizan en los cultivos del país, al año, cambian esta perspectiva, por lo que México sí requiere de transgénicos para emplear menos de estos agroquímicos. 

COMERCIALIZACIÓN. En la presentación, Luis Herrera Estrella, investigador del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad, adscrito al Cinvestav y pionero en el mundo en el desarrollo de plantas  transgénicas, dijo que esta tecnología ha significado una revolución vegetal sin precedente en la historia, que ha generado 20 mil artículos científicos y beneficiado a 8 millones de agricultores en el mundo. 

Por otra parte, sobre algunos señalamientos que han hecho a su persona dijo: “No apoyo a las multinacionales [que producen las semillas transgénicas], sino he buscado cómo ayudar al agricultor mexicano. No apoyamos prácticas ni intereses de empresas multinacionaels y no recibimos un solo centavo de éstas, incluso yo tengo disputas con ellas”. 

Herrera Estrella —Premio Crónica— enfatizó que sus investigaciones han sido encaminadas para desarrollar plantas trasngénicas propias, más adecuadas y alineadas a las necesidades de los agricultores mexicanos. “Son una herramienta poderosa para ayudar en la economía y producción de alimentos en el país”.

No obstante, debido al marco jurídico y poca aceptación de la tecnología, en México es inviable comercializarla. “Parecería que toda esta legislación promovida por los que están en contra ha sido diseñada para ayudar a los monopolios de las empresas multinacionales”. 

Ejemplificó que si se busca “desregular” la tecnología en soya o algodón en EU para después introducirla a México, los costos pueden alcanzar los 30 hasta 50 millones de dólares. “Ninguna empresa pequeña o institución académica pueden hacerlo. Entonces, hay que cuestionarnos para quiénes trabajan estos grupos que están en contra”.

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