Judíos mexicanos en el siglo XXI: el presente pujante | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 23 de Febrero, 2018

Judíos mexicanos en el siglo XXI: el presente pujante

Al tiempo que trabaja para conservar la memoria y la identidad colectiva, la comunidad judía mexicana se involucra en todas las problemáticas y tareas de la vida pública nacional. Partícipes del devenir nacional, personajes relevantes comparten con Crónica sus historias: desde testigos de la vida política hasta la filantropía que llega a las zonas de desastre

Judíos mexicanos en el siglo XXI: el presente pujante | La Crónica de Hoy

Cuando al estratega, publicista y administrador Isaac Chertorivski (ciudad de México, 1948) le preguntan cómo está, siempre responde “¡Excelente!”. Y agrega una expresión que lo retrata en ánimo, en iniciativa y en linaje: “como un tanque de guerra ucraniano”. Este hombre de palabra rápida y enorme sentido del humor, que ha sido y es empresario exitoso, consejero de presidentes y creador de conceptos enraizados en la cultura popular de los mexicanos, condensa el peso de la memoria y la pujanza de su presente.

“Sería una desvergüenza y una falta de respeto hacia mis antepasados decir que estoy “más o menos”, o “mal”. Me molesta esa gente que responde “mal, por que la situación, porque la devaluación…” Yo siempre respondo ¡excelente! Volteo a mirar el pasado y no puedo menos que pensar en la mentalidad y consistencia que tuvieron para llegar aquí. Siempre he dicho que un país se enriquece con las migraciones”.

Los Chertorivski tienen sus orígenes en Ucrania. “Mi papá nació en 1923, en la ciudad de México y vivió en una vecindad de la Merced. Mi madre, nacida en 1929, creció en una vecindad de la Lagunilla. Soy la segunda generación de Chertorivskis y Shkoorman nacidos en México; mi hijo Salomón es la tercera y sus hijas la cuarta. Aún me preguntan, “¿eres mexicano?” ¿Cómo no vamos a serlo, cuando ya somos cuatro las generaciones nacidas aquí?”

LA VIDA EN LA CONDESA

Isaac Chertorivski creció en la Ciudad de México. “Viví en la calle de Atlixco de la maravillosa colonia Condesa. Ahora es un rumbo de moda, pero en esa época era padrísima, podíamos jugar futbol americano en la calle: tochito en Atlixco, futbol soccer a tres cuadras, en Jojutla. Tuve una infancia simple y feliz, con amigos y vecinos, jugando canica y carritos.”

Se formó en el Colegio Israelita de México, en la colonia del Valle. “Creo que yo era de los pocos cuyos padres ya habían nacido en México, pero todos veníamos de la cultura del esfuerzo: pequeñas tiendas, pequeños negocios, empleados… una gran clase media baja, trabajadora y honesta…” La generación de Chertorivski sería la primera de judíos mexicanos que mayoritariamente harían estudios superiores. 

“Mi papá estudió en la Vocacional 12 y tenía un título de radiotécnico y otro de  electricista instalador. No le fue muy bien y se volvió comerciante de tiempo completo. Tuvo una tienda de ropa, chiquita, en la calle de Correo Mayor. Después, tuvo una tienda más grande, en esa misma calle. Cuando mi hijo Salomón arrancó su campaña como precandidato del PRD para jefe de gobierno, lo hizo allí, en el centro, donde estuvo aquella tienda”.

“Mamá fue pintora. De joven, quiso estudiar en San Carlos, pero sus padres no la dejaron. Pero cuando yo tenía 7 años, me puso a tomar clases de pintura y ella se dedicó a pintar el resto de su vida”.

ECOS DE UCRANIA

Los cuatro abuelos de Isaac Chertorivski llegaron a México desde Ucrania. El abuelo paterno recibió la instrucción de sus padres: “agarra a tus dos hermanas y se van a América”. Escapaban de los pogromos y de la revolución rusa. Pisó tierra mexicana cuando tenía 19 años; aquí conoció a la que sería su esposa.

Los abuelos maternos llegaron a México con dos hijos: una nacida en Ucrania y otro en Polonia. El tercer hijo, padre de Isaac, nació en nuestro país. Aquel abuelo, de oficio panadero, salió del pequeño pueblo en el que vivían en una carreta, con familia y con bolsas de pan duro. Conforme avanzaban masticaban el pan y alimentaban a la niña con la papilla.

 “Llegaron en 1921. Yo creo que se quedaron en México por accidente, porque iban hacia Estados Unidos y ya no pudieron entrar. Pero se quedaron en un país que también atravesaba por una revolución. Me los  imagino, desembarcando en Veracruz, sin dinero, con aquellos abrigos para el frío de Ucrania en el calor del puerto, cargando su samovar, al que le metían carbón y se calentaban, además de poder beber té caliente. Tuvieron que aprender el idioma y trabajar muy duro: a mi papá, de pequeño, lo bañaban a jicarazos en una vecindad de la calle de Leandro Valle. Desciendo de emigrantes, por eso soy “el tanque de guerra ucraniano”.

DE CHAPERÓN DE JACOBO AL PARQUE DE BEISBOL

En el edificio de la calle de Atlixco 81, vivían los Chertorivski y, en otro departamento, los abuelos maternos. “Ellos vivían en el 2, en el 3 nosotros, y en el 4  don David y doña Raquel Zabludovsky, con un muchacho que se llamaba Jacobo. Algunas veces me llevó al zoológico y en un par de ocasiones me dijo: “Niño, acompáñame a recoger a mi novia”. Cuando Jacobo murió, en el panteón, Sarita, recordando aquello, me dijo “mi chaperón…”

El abuelo materno de Isaac Chertorivski fue una presencia fundamental. “Lo primero que hizo cuando llegó, muy joven, a México, fue ir a un partido de futbol soccer y se volvió un aficionado. En 55 años no se perdió un partido, ¡era un loco! También tuvo una tienda en Correo Mayor. Fue un gran vago maravilloso; nunca tuvo coche y fue un excepcional jugador de dominó”. Con el abuelo, Isaac iba al beisbol, al futbol. “A los 17 o 18 años ya me daba un poco de flojera ir con él,  pero mi primo hermano que tenía 6 años en ese entonces, se convirtió en mi relevo, el gran acompañante de mi abuelo, y el aficionado número 1”. Ese niño es el periodista deportivo Fernando Schwartz.

EL INFiLTRADO RUSO 68

Chertorivsky habla con amor de su alma mater, la UNAM. Es miembro fundador  de la Fundación UNAM, cuyo Consejo Directivo presidió entre 2000 y 2008.  “Soy el primero de esa parte de mi familia que pudo ir a la universidad y que pudo comprar casa propia. Entré a la que entonces se llamaba Facultad de Comercio y Administración y una de las primeras cosas que hice fue armar con mis compañeros un equipo de futbol en el que enrolamos nada menos que a Aarón Padilla y a Enrique Borja. Tenemos ya 50 años de amistad; imagínate: UNAM, primer año de la carrera y ahí estábamos Padilla, el ídolo nacional, Borja y Cherto, el tanque de guerra. Viví la UNAM con gran intensidad”.

Chertorivski también vivió el 1968. “Tengo el orgullo de decir que fui el primer detenido de mi facultad en 1968, por andar yendo a “verificar”, con algunos compañeros míos, que el ejército hubiese tomado las preparatorias. ¡Se necesitaba ser imbécil para ir de ese modo! A las puertas de Prepa 5 yo empiezo a decir que estaban violando la autonomía universitaria y todas esas cosas ¡y que nos meten a culatazos! Detenidos, nos preguntaron nuestros nombres: Suárez, Villegas, Rodríguez… “Chertorivsky” ¡¡Aaaaghhh!! ¡¡un extranjero!! Pasan las horas. A mis compañeros se los llevan a la delegación. A mí me llevan a la parte trasera de la prepa, y ahí estaban dos representantes de la secretaría de Gobernación. ¡Me querían deportar!  Cuando se dan cuenta de que soy mexicano, deciden llevarme a Gobernación. “Hazme favor, güerito”, me dijo el que fue a recogerme. “Hablaron para decir que tenían a un agitador de nacionalidad rusa”. Me presentaron con un funcionario que me dijo “¿Qué andas haciendo, metido en esto?” Tenían mi expediente. “Tus abuelos llegaron en tal año, vives en tal calle, tu papá tiene una tienda de ropa acá…”. Se enteró de que yo jugaba futbol americano: “¿quién es tu couch? ¿Cómo puede ser que un jugador de futbol americano ande en esto?”  Platicamos. “Esto está feo, esto está mal, va por mal camino”. Levantó un acta donde se decía que me dejaban en libertad al comprobar que yo era un muchacho mexicano. ”Y ahora, háblale a tu mamá”. En el Últimas Noticias salió un encabezado:

“Agitador de nacionalidad rusa detenido en Coapa” y hablaban de mi papá. Y entonces, él le dice a mi madre: “Me late que es tu hijo”. Isaac Chertorivski se muere de la risa.

 LA VIDA PROFESIONAL, EL SERVICIO PÚBLICO

Muchos jóvenes universitarios no lo saben, pero Isaac Chertorivski es el inventor en México de las llamadas “prácticas profesionales”, que permiten a los alumnos de educación superior tener un primer acercamiento a la vida profesional. Este año se cumplen 30 de aquel primer convenio, firmado entre Chertorivski, como presidente del Consejo Nacional de la Publicidad y José Sarukhán, rector de la UNAM. Los primeros beneficiados de ese primer acuerdo fueron alumnos de las carreras de Ciencias de la Comunicación, que vieron allanarse el camino para hacer sus pininos en empresas de mercadotecnia, agencias publicitarias y de medición de opinión pública.

La estrategia se ha replicado de muchas maneras y por muchas instituciones educativas y empresas privadas. “Sigo pensando que es una de las cosas más importantes que deben hacerse con los jóvenes. Volvimos a repetir la experiencia a partir de ConMéxico, una organización que fundé y que agrupa a poco más de 40 de las empresas más importantes del país. Si mañana el rector de la UNAM dice, “oye, hagámoslo”, desde luego que lo volvemos a hacer.”  La vida profesional de Isaac Chertorivski empezó en 1972 como Secretario Administrativo del plantel Oriente del recién creado  Colegio de Ciencias y Humanidades, al tiempo que impulsaba su propia empresa de publicidad y se vinculaba a las asociaciones de profesionales más relevantes de aquellos días. “No quería ser comerciante. Cuando tenía 13 o 14 años, mis papás tomaron sus primeras vacaciones en años. Me dejaron encargado de ir a abrir y a cerrar la tienda. Y allí iba yo, con mi canasta de comida. Abría, cerraba, sellaba las notas. Terminaba agotado. Decidí que no quería tener una tienda”.

Chertorivski se decidió por el mundo de la publicidad. Capitalizó sus primeros aprendizajes en una de las grandes agencias de los años 70, Leo Burnett. De allí daría el salto a Bacardí, a donde llegó como gerente de Publicidad. Una década más tarde, a los 35 años, era presidente de aquella compañía. Donde se quedó 26 años. Muchas de las expresiones derivadas de las campañas publicitarias de la empresa, como “Agarra la jarra” o “la prueba del añejo”, que ya son parte del habla popular, provienen de la creatividad de Isaac. 

EL PRIVILEGIO DE SERVIR

 Desde el Consejo Nacional de la Publicidad, Chertorivski promovió campañas que forman parte de la memoria de las crisis y necesidades nacionales. “Inventamos la publicidad del Pacto de Solidaridad Económica del gobierno de Miguel de la Madrid, porque no tenía credibilidad: así nació la campaña  “Vamos a jalar parejo”. Después surgieron conceptos como el “Hoy no Circula”, “Di no a las drogas”, “Todos contamos”. Así ha sido mi vida profesional, como un circo de tres pistas: ¿de qué comí?, de mi trabajo, de mis empleos como Bacardí y ahora de mi despacho, Caza de Estrategias Latinoamérica. ¿En qué serví? Siempre he tenido una actividad colateral de participación pública; desde el Instituto Nacional de Geriatría hasta el Museo Memoria y Tolerancia. La tercera pista es ¿En qué me he divertido? Y como yo hubiera querido dedicarme a la política y mi esposa no me dejó, a lo largo de seis sexenios he sido, ad honorem, amigo y consejero de seis presidentes de la República. Servir, ayudar en lo posible, ha sido un privilegio”.

 

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