Alí Chumacero

Edgardo Bermejo Mora

Se cumplió el centenario de Ali Chumacero, una de las figuras más emblemáticas de la cultura mexicana de la segunda mitad del siglo XX. Al poeta y editor de Acappneta, Nayarit,  lo recordaremos siempre por su inteligente conversación salpicada de humor y anécdotas memorables. Aquí tres de ellas, tal y como las recuerda  el historiador michoacano Morelos Torres:

Paisaje después de la batalla

Nos contó Alí que, tras una de esas fiestas tremendas, parrandas largas de muchos tragos por hora, se incorporó en la penumbra de la madrugada. La cruda y la oscuridad impedían demasiadas certezas.

Así que el poeta estiró la mano, para descubrir con el tacto donde estaba, y lo único que halló fueron “unas nalguitas”. Entonces, sorprendido, se dijo, o más bien le dijo al Creador: “Dios mío, te pido una sola cosa, que sea mujer”.

Al escuchar esta anécdota, no faltó quien le preguntó a Alí, incrédulo:

“¿Y sí eran de mujer?”, Entonces él contesto: “Claro, pendejo, si no, no lo contaría”.

El pequeño cuarto

Alí, como sabemos, es de Nayarit, y vivió varios años en Guadalajara. Cuando vino a la Ciudad de México se hospedó con una familia modesta pero generosa en un cuarto todavía más modesto, donde a duras penas cabían cuatro personas a la hora  de dormir, Alí, claro, no conocía los giros idiomáticos del capitalino. Así que una madrugada se sobresaltó al escuchar que uno de sus compañeros de cuarto le decía al otro: “Ya párate, ándale, ya párate”. Porque en la Ciudad de México se usaba “pararse” como sinónimo de incorporarse, lo cual no ocurría en Guadalajara, donde “pararse” justamente significa “detenerse”.

Así que Ali se imaginó que, en ese muy pequeño cuarto, alguien estaba corriendo de una pared a otra, como león enjaulado, y que lo conminaban a detenerse.

La viejita

Un día, Ali fue a un paseo por el campo con varios intelectuales, entre ellos Pablo González Casanova. Descendieron del camión que lo había transportado. González Casanova y Alí decidieron caminar un poco, así que el cabo de unos minutos se encontraron en un río. González Casanova, con su conocimiento enciclopédico, le explicó a Alí qué río era ése, de dónde venía, y algo de su historia incluso. Alí repuso: “Sí, es famoso. Salió en el periódico que aquí se cayó una viejita y se ahogó”. Siguieron caminando.

Hallaron una peña. González Casanova le explico a Alí que allí habían ocurrido algunos sucesos de la historia nacional, alguna batalla seguramente. Alí le respondió: “Si, y esta peña también es famosa porque se subió a ella una viejita, no logró guardar el equilibrio y murió tras la caída. Salió en el periódico”.

Siguieron caminando. Se hallaron ante un árbol grande, frondoso. El gran pensador de las ciencias sociales le explicó a Alí que ese árbol había jugado un papel importante en la historia de México. Quizá ahí habían colgado o fulsilado a alguien. Alí reflexionó y dijo: “Y según el periódico, a este árbol se subió una viejita que buscaba fruta, pero no pudo sostenerse, así que cayó y murió”.

Entonces, González Casanova se puso muy serió y reflexivo. Ya no dijo más,

Emprendieron el camino de regreso. De pronto, el historiador encaró a Alí, decidido, y dijo: “Pues mira Alí: tu y tu viejita se van mucho a la chingada”.

Hasta aquí tres anécdotas de un historiador y escritor que le tocó escucharlas cuando Chumacero era su mentor en el Centro Mexicano de Escritores. De Ali Chumacero se podría decir, como alguna vez dijo José Gaos: “Quien no lo oyó, se lo perdió”.


@edbermejo
edgardobermejo@yahoo.com.mx

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