Diez años han transcurrido - Consejo Consultivo de Ciencias | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 28 de Febrero, 2018
Diez años han transcurrido | La Crónica de Hoy

Diez años han transcurrido

Consejo Consultivo de Ciencias

Dr. Gerardo Gamba

La última vez que lo vi fue en el elevador del hotel de Viena a finales de 2007. Al respecto del trabajo recién terminado en mi laboratorio, al despedirme le dije: Te envío el artículo para que lo revises y si te parece lo enviemos al PNAS (prestigiada revista de la Academia Nacional de Ciencias en USA). Meses más tarde, cuando el artículo fue aceptado para publicación en PNAS, me envió un correo que decía: excellent work, congratulations, onward for the next paper (excelente trabajo, felicidades, adelante con el siguiente). Tres días después murió mientras dormía, a la temprana edad de 61 años. Así era Steve, no importaba si hoy habías publicado tu mejor artículo, porque ya estabas trabajando en el siguiente.

Lo conocí cuando fui a entrevistarme en busca del posdoctorado (en 1989) en la División Renal del Brigham and Women’s Hospital de Boston, emblemático hospital asociado a la Escuela de Medicina de Harvard. Él tenía 42 años y yo 27. Me impresionó su inteligencia y claridad mental, pero sobre eso, su valentía. A pesar de que le iba muy bien con lo que hacía y en esos momentos publicaba un artículo original en la revista Nature, me dijo que planeaba dejarlo todo para transformar su laboratorio en una unidad de biología molecular que le permitiera identificar los genes que codifican para los transportadores de membrana que tenía años estudiando a nivel fisiológico.

Meses más tarde, en el laboratorio éramos tres clínicos, Steve, Kevin (también posdoc que ingresó el mismo día) y yo, sin conocimientos en biología molecular, pero con el objetivo de identificar genes que en ese momento parecían imposibles. Sabíamos lo que queríamos hacer y el porqué, pero apenas teníamos una vaga idea de cómo hacerlo. Nuestra ventaja era que estábamos en una Universidad con recursos intelectuales y económicos ilimitados, en donde podríamos encontrar el cómo.  Steve cerraba un capítulo de su vida, para adentrarse en una aventura incierta, de muy alto riesgo. Kevin y yo, recién terminadas las residencias de Medicina Interna y Nefrología, hacíamos lo mismo, pero en nuestra inocencia no teníamos la menor idea del riesgo que corríamos.

Tres años más tarde, habíamos logrado los objetivos planteados, y más. Habíamos clonado los genes que codifican para los transportadores de sal que en el riñón funcionan como los receptores para los diuréticos que más utilizamos en clínica, así como el canal de potasio Kir1.1, que es clave en múltiples eventos fisiológicos de diversos órganos, clonamos también el receptor-sensor de calcio, con el cual abrimos un capítulo nuevo en la historia de la medicina.  Mostramos que el calcio en los líquidos corporales funciona como hormona al regular múltiples variables fisiológicas por unirse a un receptor específico de membrana. Los resultados de esta aventura fueron publicados en dos artículos en la revista Nature (362:31, 1993 y 366:575, 1993), uno en el PNAS (90:2749,1993) y uno más en el Journal of Biological Chemistry (269:17713,1994), que en conjunto han sido citados miles de veces.

Steve Hebert era el arquetipo del investigador científico, visionario, siempre interesado en resolver un problema que fuera original e importante. Anteponía lo necesario para encontrar la verdad del fenómeno. De los muchos que le conocí, narro un episodio que muestra con claridad su naturaleza científica.

Después de cinco meses de batallar con revisiones que fueron y vinieron a la revista Nature, el artículo que describe la clonación del DNA que codifica para el canal de potasio rectificador entrante (Kir 1.1) fue aceptado. Éste era el primer canal de esta gran familia que fue identificado molecularmente. Sería el Research Article, que ocupaba la parte central del ejemplar y que en ese entonces se publicaba sólo uno por semana. El trabajo describía, entre otras cosas, que el canal es inhibido por ATP, mientras el trabajo estaba en prensa, Steve le envió la clona de DNAc a un investigador en otra universidad por motivos de colaboración. Justo el día en que recibimos el fax con las galeras para su revisión (entonces no había correo electrónico) el investigador le llamó a Steve para decirle que había hecho un par de experimentos y no podía reproducir la inhibición del canal por ATP, al terminar la llamada, y a pesar de que Steve sabía que la clonación de otro miembro de esta familia, por Lily Jan de la Universidad de California, le pisaba los talones a nuestra publicación, en un acto de valentía y ética científica, tomó el teléfono y llamó al Editor de Nature para pedirle que detuvieran la publicación del artículo, hasta que no estuviera seguro del dato que ahí venía sobre el ATP. La publicación que debió haber ocurrido en enero se retrasó por dos meses. Afortunadamente alcanzó a ver la luz antes que el de la Dra. Jan, por una semana de diferencia.

Hace diez años Steve murió mientras dormía. Es la única forma de inmortalidad que conozco, porque él nunca supo que moría. Es una pena, porque tenía tantas cosas por hacer. Había generado la idea de que estimular el sensor de calcio en el epitelio intestinal podría ser una terapia útil para la diarrea secretora, que tantas vidas sigue cobrando en el mundo y la fundación Gates le había autorizado un monto estratosférico para explorar esta posibilidad. Asimismo, la fundación Nobel empezaba a tomarlo seriamente en consideración, por haber identificado el sensor de calcio. Gracias a él tenemos medicamentos que modulan la actividad del sensor de calcio, útiles en la terapia de pacientes con enfermedad renal crónica. Steve me enseñó a ser científico. Han pasado 10 años desde que se fue y lo seguimos extrañando profundamente. Nos ha hecho mucha falta.

Director de Investigación del INCMNSZ y Unidad de Fisiología Molecular del IIBO de la UNAM.

Imprimir

Comentarios