Donación de órganos: un obsequio de vida (a veces, después de ésta)

Jesús Casillas Romero

La salud es uno de los elementos más relevantes para el desarrollo de una vida larga y cualitativa. Es por eso que la medicina y la ciencia relacionada con ella es tan antigua como la especie humana misma, pues la preservación de la vida ha sido y será el motor central de las investigaciones científicas.

Los descubrimientos y avances de la ciencia para preservar la vida son innumerables, pero uno de los más grandes y trascendentales es sin duda la posibilidad de trasplantar órganos. Se trata de la sustitución de un órgano o tejido que ya no funciona como debiera, con el objetivo de restituir las funciones perdidas, que para muchos pacientes, constituye la única alternativa que puede salvarle la vida y recuperar la calidad de la misma.

Así, la donación y trasplante de órganos y tejidos se constituye como una oportunidad para que miles de personas puedan vivir y mejorar su calidad de vida cuando no quedan más alternativas terapéuticas.

En México existen más de 20 mil personas enfermas en espera de un trasplante de órgano o tejido, según datos del Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra) de la Secretaría de Salud. De ellas, más de 11 mil requieren un riñón, más de 7 mil una córnea y las demás, un hígado, corazón, un páncreas, entre los más destacables. Lamentablemente un aproximado del 80% no lo recibe y muere, por ello, muy importante avanzar en este tema.

Reflexiones a colación, de que esta semana el 27 de febrero se conmemoró el Día Nacional del Trasplante, como una jornada que pretende promover la concientización de las personas en esta asignatura, además de agradecer y reconocer el altruismo de quienes se han constituido en la calidad de donantes.

Y es que esta calidad, la de donante, bien puede ser entre personas vivas en los casos en los que no se afecten las funciones que requiere el organismo para mantener un buen estado de salud, por lo que la procuración y extracción órganos para trasplantes se hace preferentemente de personas en las que se haya comprobado la pérdida de la vida.

Es una forma de dar vida, después de la vida misma. Es uno de los gestos más humanos que existen, supone un acto de tremenda solidaridad, generosidad y amor en una lucha por la vida, y una demostración de que la realidad se puede cambiar para algunas personas.

Nuestros órganos no son útiles en “el otro mundo”, es aquí, en éste donde pueden dar vida aún después de que hayamos partido.

Un pensamiento que debemos fomentar e impulsar para participar en los esquemas de manifestación de voluntad para constituirnos en donadores voluntarios de órganos y dejar vida, cuando por la propia, ya no hay nada qué hacer.

También, para reflexionar sobre la importancia de transitar a esta nueva cultura de la donación altruista, al fortalecimiento de nuestros sistemas sanitarios, para hacer patente el reconocimiento, solidaridad y apoyo a las personas en espera de una donación, y conceder un recuerdo a la memoria de quienes han perdido la vida al no lograrlo, sin dejar de lado, la difícil labor de familiares y profesionales de la salud implicados en cada uno de estos procesos de vida.

 

 

Senador por Jalisco

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