La ética en las publicaciones de docentes universitari@s - Voces de la UAM | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 01 de Marzo, 2018
La ética en las publicaciones de docentes universitari@s | La Crónica de Hoy

La ética en las publicaciones de docentes universitari@s

Voces de la UAM

Jorge Alberto Álvarez Díaz*

 

Alasdair MacIntyre es un filósofo británico. Uno de sus mejores textos (probablemente el más influyente) lo escribió en 1981: “After virtue”. Traducido al español como “Tras la virtud”, hace un estupendo diagnóstico moral contemporáneo y se le considera pionero en la línea de pensamiento llamada “comunitarismo” (relevante en filosofía moral y en filosofía política). La obra aborda muchos temas. Uno de ellos es el de la ética de las profesiones. MacIntyre piensa que cada profesión tiene un fin, y que ese fin se pone al servicio de la sociedad. A ese fin lo denomina “bien interno”, y es tal porque solamente esa profesión lo pone y no es posible suplirlo por otra. Imaginemos en el momento actual un mundo sin ingeniería, nutrición, antropología, o medicina. No sería el mundo que es si se perdiera el bien que ponen estas profesiones al servicio del grupo social.

¿Qué ponen al servicio de la comunidad docentes universitari@s? Suele considerarse actualmente que las actividades sustantivas de la universidad son 3, y con ello, las actividades del personal académico: docencia, investigación y difusión y preservación de la cultura. El fin de la función docente no es tanto “enseñar”, sino conseguir que el alumnado adquiera sistemas de pensamiento, además de conocimientos, habilidades y desarrollo de actitudes. El fin de la difusión sería conseguir llevar el conocimiento al gran público y no solamente a las aulas. El fin de la investigación es aumentar el conocimiento. ¿Aumentar el conocimiento? Así es. Aunque ahora hay libros de metodología de la investigación que aseguran que la finalidad de la investigación es publicar, no es así. La finalidad de la investigación es generar nuevo conocimiento. ¿Por qué mucha gente piensa que publicar es el fin de la investigación? Por una perversión moral.

MacIntyre considera que cada profesión tiene un bien interno específico, y también dice que existen tres bienes externos comunes a todas las profesiones. Es decir, hay tres bienes que, independientemente de la profesión que se tenga, se van a obtener, en más o en menos. Estos bienes externos son: prestigio, dinero y poder. Si un estudiante escoge una determinada profesión por los bienes externos, empieza a pervertir su ética profesional. Es así porque si lo que se busca es prestigio, dinero o poder, se pueden obtener de muchas formas, en tanto que los bienes internos de la profesión solamente se consiguen al ejercerla con decoro. Si como docente universitario se hace investigación, deben buscarse modelos explicativos de la realidad, teorías que ayuden a la comprensión humana, etc. Por ello, investigar para publicar es una perversión: hay que publicar, indudablemente, pero cuando haya algo que decir.

Puede publicarse buscando prestigio. “Publica en la revista X”. Muy bien. ¿Qué dice en lo que publica? El contenido de la publicación debería ser el relevante, no el medio en el que se cuenta algo. Buscando prestigio no solamente se privilegia a unas revistas encima de otras, también se busca que se cite el trabajo publicado. Es el famoso “factor de impacto”, que supuestamente mide el impacto de un artículo, un autor, una revista, etc.  En realidad no mide nada; solamente dice que alguien dice haberlo leído. Solamente lo dice; cuando se ha estudiado esto se ha visto que no todo lo que se cita en un artículo realmente se leyó. Puede haber un impacto real mucho mayor si el texto se incluye como lectura básica en procesos educativos, si mejora procesos o procedimientos, etc.

Puede publicarse buscando dinero. Efectivamente, si quien lee estas líneas publica en revistas científicas especializadas, sabe que se ceden los derechos de reproducción y que no hay beneficio económico por un artículo publicado. La vía para conseguir el dinero no es directa, sino indirecta a través de sistemas de evaluación: los “puntos”. Puede ser que el docente ingrese en los sistemas de evaluación de la propia universidad donde trabaja para recibir becas por su desempeño. Está claro que como el sueldo es poco, se busca compensar de algún modo. Y hay becas por docencia y por investigación. Esos sobresueldos son con los que finalmente se consigue vivir; con el sueldo base apenas se sobrevive. Así, al publicar, ¿se hace por contar algo nuevo ante la comunidad especializada, o para no perder la beca? Lo mismo aplica para capítulos en libros, libros (compilaciones o de autoría propia), siempre y cuando tengan el mismo ritual de revisión por pares académicos y publicación en editoriales “de reconocido prestigio”. El Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, es otro ejemplo. Quien conoce al famoso SNI del —Conacyt sabe que representa tener un reconocimiento del gobierno federal como investigador en un área específica, pero también representa una beca mensual. Dicho menos sutilmente: dinero público puesto en manos de l@s investigadores por poner el bien interno de la investigación al servicio de l@s demás. Es decir, para que aumenten el conocimiento, no solamente para que publiquen.

Puede publicarse buscando poder. “El año pasado publicó 55 artículos”. Es una frase que puede escucharse de vez en cuando. Pero, ¿es posible? Solamente si el investigador tiene un problema de investigación el lunes, diseña su estudio el martes, recoge sus datos el miércoles, el jueves los interpreta y concluye algo escribiendo un artículo que envía el viernes… y además es aceptado… TODAS LAS SEMANAS DEL AÑO. Claramente no es cierto. No puede ser cierto. Hay que hacer una crítica de este tipo de prácticas que surgen desde grupos de poder que lo que hacen es generar poder para sí, no aumentar el conocimiento. Si a esto se le agrega además la citación, pues… “yo te cito; tú me citas; él me cita; vosotros os citáis; ustedes citan; ellos citan”. También puede pervertirse la citación (ya lo está, de hecho).

Inicié el texto con un filósofo y lo cierro con un sociólogo: Pierre Bourdieu publicó en 1984 “Homo academicus”, una crítica con fuertes tintes autobiográficos al papel del profesor universitario, al papel de la universidad, al papel del saber. Quienes trabajamos en una institución universitaria debemos hacer que nuestra labor sea de auténtico compromiso, para conseguir poner al servicio de la sociedad esos bienes internos sin perseguir los bienes externos por los bienes externos mismos, ya que en más o en menos, llegarán. Sin autocrítica no solamente se es parte de una institución, sino que la institución termina absorbiendo a la persona.

 

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Profesor-investigador del Departamento de Atención a la Salud de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana y Miembro del Consejo de Bioética de la Ciudad de México.

 

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