Putin se cree Darth Vader

Fran Ruiz

El presidente ruso Vladímir Putin sorprendió ayer al mundo con su nuevo juguete nuclear, el misil Sarmat, capaz de romper el escudo antimisiles de Estados Unidos e impactar en cualquier punto del planeta.

De confirmarse este anuncio-bomba —y la Casa Blanca y el Pentágono no dudan de que el misil es tan temible y eficaz como dice Putin— Rusia habría logrado vengar su humillante derrota en la Guerra Fría, 27 años después de que Estados Unidos se proclamase ganador, tras el colapso de la Unión Soviética.

De ese momento se han escrito tanto que quedó casi como una anécdota un factor clave en la caída del imperio comunista: el anuncio de Ronald Reagan de crear un paraguas nuclear, mediante un sistema antimisiles desde la estratosfera, que fue bautizado como la “Guerra de las Galaxias”, dado el origen Hollywoodiense del republicano.

Reagan siempre fue un tipo con suerte y, aunque su fantasiosa guerra espacial fue un fracaso, su efecto colateral fue providencial, ya que los soviéticos se asustaron tanto que dedicaron cantidades ingentes del presupuesto nacional a la tecnología militar, al punto de que el país casi se va a la bancarrota, que contribuyó a la crisis que precipito el fin de la URSS.

Sin embargo, fue un segundo intento de “Guerra de las Galaxias” el que despertó al “oso ruso” de la larga hibernación en la que cayó tras perder su imperio.

En 2007, otro republicano, el presidente George W. Bush, anuncia que había llegado a un acuerdo con Polonia para desplegar un sistema antimisiles, con la excusa de la necesidad de formar un escudo contra la amenaza nuclear de Irán y Corea del Norte.

El anuncio irritó al Kremlin porque basta con ver dónde está situada Polonia —el punto más cercano a Moscú y más alejado de Teherán—, para darse cuenta del descaro de Bush. Esta chispa provocadora fue la que despertó en el presidente Vladímir Putin su deseo de venganza, que se fructificó ayer en forma de misil a prueba de cualquier escudo antimisiles.

De nada sirvió que Barack Obama cancelase el polémico despliegue en 2009; el lado más oscuro y bélico de Putin había sido despertado. Peor aún, el presidente ruso parece encantado en su papel de Darth Vader y babea cuando recuerda a sus compatriotas que lo importante no es garantizar sus libertades personales y una democracia justa (ambas gravemente dañadas bajo su mandato), sino sus grandes éxitos militares: desde la anexión de Crimea, pasando por la victoria militar de Rusia en Siria, que ha salvado de una casi segura derrota a su amigo, el tirano Bachar al Asad, y ahora el “misil invencible”, con el que Rusia reclama el papel de protagonista en lo que parece una tercera parte de la “Guerra de las Galaxias”.

A ver qué opina Trump.

 

fransink@outlook.com

 

Imprimir

Comentarios