Vladímir Putin

El presidente de Rusia ya no sabe qué más hacer para ganar las elecciones. Primero sus tribunales eliminaron a su único adversario, el opositor Alexéi Navalni, y ayer convirtió el anuncio de un nuevo misil en una fiesta patriótica en torno a su fuerte liderazgo. El problema es que el ruso, cuya intención clara es perpetuarse en el poder, vive encantado en su papel de estadista militar y parece dispuesto a provocar una nueva carrera armamentista con EU. Y el problema ya no sería sólo Putin, sino Donald Trump.

 

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