El escribidor y el populista

Juan Manuel Asai

Mario Vargas Llosa se metió al proceso electoral mexicano. Se trata, para muchos, del mejor narrador vivo en idioma español. Es sobreviviente del legendario boom latinoamericano que encumbró la literatura hecha en este rincón del mundo. Ha ganado todos los premios que se otorgan a quienes practican su oficio, entre ellos el Premio Cervantes, el Nobel de Literatura y aquí, entre nosotros, el Premio Carlos Fuentes. Lo que dice y escribe tiene resonancia planetaria.

No es la primera vez que Vargas Llosa le entra a la política mexicana, en eso no tiene reparos. Acaso su irrupción más célebre la hizo hace casi tres décadas. Entonces ya era famoso, pero no tanto. Describió al sistema político mexicano como una “dictadura perfecta”, escripción que cayó en terreno fértil. Se quedó para siempre.

Dijo el peruano: “La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México. Tiene las características de la dictadura, la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido. Y de un partido inamovible”. Ese partido era el PRI que diez años después de los dichos de Vargas Llosa, en el año 2000, perdía su primera elección presidencial en casi 80 años. La frase fue celebrada por todos los adversarios del antiguo régimen, que eran legión sobre todo entre los grupos de izquierda, cuando todavía era usual explicarse el mundo siendo de izquierda o de derecha, no como ahora.

El narrador volvió a la carga hace apenas unas horas, en España, cuando dijo: Tengo la esperanza de que haya lucidez en México ante el populismo, la demagogia, las recetas fracasadas. Añadió que un eventual triunfo de Andrés Manuel López Obrador significaría un retroceso para México y convertiría al país en una democracia populista y demagógica. Algunos países prefieren suicidarse, espero que eso no ocurra porque sería muy trágico.

Son dos intervenciones ruidosas, no del todo exactas. Si México hubiera sido en verdad una dictadura perfecta, Vargas Llosa no hubiera podido decir lo que dijo y después seguir como si nada. Lo dijo en la tele rodeado de un grupo de intelectuales. “Yo no creo, dijo refiriéndose al PRI, “que haya en América Latina ningún caso de sistema de dictadura que haya reclutado tan eficientemente al medio intelectual, sobornándole de una manera muy sutil”. Por supuesto le cayó gordo a muchos.

Por ahí andaba Octavio Paz, entonces cacique de la intelectualidad mexicana, quien le enmendó la plana. Dijo, según notas de prensa, que había que agradecer la intervención de Vargas Llosa pero que era necesario aclarar ciertas cosas. “Primero, dijo, México no es dictadura, es un sistema hegemónico de dominación, pero no una dictadura militar. Habló luego de lo “bueno” que el PRI había realizado en la construcción del México moderno. Explicó que no ha suprimido la libertad —aunque aceptó que sí la ha manipulado— que ha conservado la sociedad civil y que no es un partido conservador, como el de Francisco Franco en España.

Con respecto a la declaración sobre el populismo de AMLO. Me parece que no se sostiene la idea de que para México sería una tragedia un triunfo del tabasqueño. Somos una democracia robusta. El Peje resintió el golpe y se limitó a decir que Vargas Llosa es un buen escritor, pero un mal político. Su esposa, la señora Beatriz Gutiérrez, que canta bien las de la trova cubana, dijo que era una vergüenza lo dicho por el Nobel.

Eso dicen ellos, pero usted, amable lector ¿qué opina?

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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