46-47 - Edgardo Bermejo Mora | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 03 de Marzo, 2018

El título de esta colaboración más que un título es la representación numérica de una paradoja, o mejor dicho, de una anomalía: la de un gobierno, como el mexicano, que  invierte poco en su diplomacia cultural, ese espacio notable y lúcido, donde se despliega la tradición cosmopolita del país  y se reinventa a diario  su capacidad para establecer un diálogo cultural de identidades cruzadas con el resto del mundo; pero que gasta —no invierte, gasta— una cantidad  mayor de recursos para financiar de manera masiva  a una compañía de circo internacional, que goza de plena bonanza, éxito y expansión global, sin necesitar en modo alguno para su operación del dinero público de los mexicanos.

Me explico. Durante la actual administración se anunció con gran orgullo que la Secretaría de Turismo dispuso de 47.4 millones de dólares para comisionar un espectáculo circense de gran calado que  pone a girar sobre el escenario los arquetipos visuales y temáticos de lo mexicano. La compañía es nada menos que ese  gran corporativo mundial  de la industria del entretenimiento con sede en Canadá y muy conocido por todos: El Cirque du Soleil.

El gasto, repito, el gasto, no la inversión, habrá de traducirse en incorporar al catálogo de los espectáculos de esta compañía un espectáculo  “mexicano”, titulado Luzia, como una manera artística e innovadora, nos dicen, de promover la imagen de nuestro país en el mundo y atraer al turismo internacional.

Al anunciarse el proyecto se indicó que Luzia habrá de mantenerse en la  cartelera internacional de la compañía hasta el 2023 y que terminará presentándose en 450 ciudades a lo largo y ancho del planeta. No hay manera de saber si esta promesa de las 450 ciudades es un dato verificable o si forma  parte del  compromiso contractual que se habría firmado; no sabemos tampoco qué mecanismo de selección se utilizó o si hubo algún tipo de licitación para comisionar algo de ese monto, aunque uno podría suponer que se trata de esa forma del dedazo administrativo al que llamamos “asignación directa”.

No sabemos tampoco si se cuenta con algún  mecanismo de evaluación del proyecto en términos de impacto, retorno de la  inversión, e indicadores duros que arrojen cómo cada uno de los dólares invertidos se traducirá en visitantes extranjeros en el país, o si hubo algún compromiso adicional entre las partes para incorporar diversas disciplinas del talento artístico mexicano en sus diversas fases de producción y ejecución.  Sorprendentemente, en el anuncio del proyecto se informó que  el espectáculo “cuenta con un elenco de 45 actores, de 15 países, entre ellos cinco mexicanos”.

Probablemente para la compañía canadiense, cuya sede en permanente en la ciudad de Las Vegas forma parte del paisaje de la gran capital mundial del juego y las apuestas, producir un espectáculo con 47 millones de dólares debe resultar una cantidad ordinaria y nada sorprendente. Hay que imaginar, para ello que tan sólo el presupuesto anual  que permite la temporada de ópera en el MET de Nueva York es de 3 mil millones de dólares.

Ocurre sin embargo que, de acuerdo con un ensayo  del profesor e investigador mexicano César Villanueva, publicado en 2013 en la revista de ciencias sociales de El Colegio de México, durante los seis años del gobierno de Felipe Calderón el gasto de la Secretaría de Relaciones Exteriores para los temas de difusión cultural y cooperación para el desarrollo, es decir, los dos rubros que se conjugan en lo que entendemos como la diplomacia cultural de nuestro país, no superó los 46 millones de dólares sumando los seis años de la administración.

46 vs. 47. Se entiende ahora mejor el título de esta colaboración.

Desconozco cuál sea el equivalente de este gasto en el sexenio que termina, pero no debe ser muy diferente, y en cualquier caso, la desproporción  se antoja apabullante y asombrosa. 

Más aún, de acuerdo con las cifras ofrecidas en el ensayo  que el profesor Villanueva tituló; “La diplomacia cultural de México, crónica de un declive anunciado”,  aquellos 46 millones de dólares ejercidos a lo largo del sexenio pasado, representaron apenas el 1.6 por ciento del gasto total de la cancillería.

El gasto  anual de operación de una embajada tan importante como la de México en los Estados Unidos no supera los 6 millones de dólares, según lo indica una nota de la periodista Laura Sánchez publicada en El Universal, en noviembre  de 2016.

¿Qué podría haber hecho la diplomacia cultural mexicana con un cheque de 47 millones de dólares? Supongo que algo un poco más diverso, más inclusivo, más complejo, más innovador y sustentable, con un legado constatable y medible en el corto y largo plazo,  que invertir en un espectáculo de circo, así sea la mejor compañía de circo del mundo. 

@edbermejo

edgardobermejo@yahoo.com.mx

Imprimir

Comentarios