Humanistas mesoamericanos, modelo para mi propia verdad: León-Portilla | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 03 de Marzo, 2018

Humanistas mesoamericanos, modelo para mi propia verdad: León-Portilla

El historiador destaca a 24 de estos personajes en Humanistas de Mesoamérica, el cual fue presentado en la FIL de Minería. Sus obras y pensamientos son una motivación en su vida, dice

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Un humanista es una persona que dedicó su vida al estudio de las culturas antiguas de México o una persona que dedicó su vida y sus esfuerzos para mejorar la vida material y espiritual de los indígenas. Esa es la consigna con la que el historiador y nahuatlato más importante de México, Miguel León-Portilla (Ciudad de México, 1926), realizó el libro Humanistas de Mesoamérica, en donde reúne la biografía de personajes como Nezahualcóyotl, Francisco Xavier Clavigero, Rosario Castellanos y Beatriz de la Fuente.

La reciente publicación coeditada por el Fondo de Cultura Económica (FCE), El Colegio Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es una ampliación de los libros Humanistas de Mesoamérica I y II publicados por el FCE en 1997, y fue presentada ayer en la 39 Feria Internacional del Palacio de Minería por los ayudantes de investigación de León-Portilla: Juan Carlos Flores, Francisco Morales Baranda y Hugo Ángeles.

“León-Portilla nos comentó que para estar en este libro no sólo se necesita dedicar su vida al mejoramiento de los indígenas, sino ya haber fallecido, es un homenaje del siglo XVI y hasta la fecha a quienes han luchado a favor de la historia y de los pueblos indígenas”, señaló el investigador Juan Calos Flores, ya que el historiador emérito de la UNAM no asistió debido a problemas de salud.

En la introducción del libro, el nahuatlato destaca que los 24 nombres que seleccionó, se debe a que sus obras y pensamientos son una motivación en su vida.

“Han sido en distintos modos motivo de admiración y modelo para mi propia verdad. Experimento profunda admiración por tan extraordinarios humanistas. Sus vidas, pensamientos y obras son, como dice un texto en náhuatl, ‘luz de gruesa antorcha que no ahúma’. Evocarlos es acercarlos a nuevas generaciones que podrán enriquecerse culturalmente con sus aportaciones. Bien puede decirse que con su saber se fortalece nuestro existir en la Tierra”, escribe León-Portilla.

Algunos de esos humanistas, son: Nezahualcóyotl, Antonio Valeriano de Azcapotzalco, Fernando Alvarado Tezozómoc. Fray Alonso de Molina, Fray Bartolomé de las Casas, Lorenzo Boturini, Manuel Orozco y Berra, Manuel Gamio, Ángel María Garibay, Alfonso Caso y Rosario Castellanos.

“Los humanistas de Mesoamérica no necesariamente son personas nacidas en ella sino, hombres y mujeres que, acercándose a la cultura de raíces originarias, la que existió a través de milenios y asimismo a quienes hoy mantienen rasgos de esa civilización, se sienten atraídos por ella y la investigan. Quienes obran así son humanistas de Mesoamérica. Y hay, puede afirmarse, que desde el siglo XVI los ha habido y hoy, quizá más que nunca, los hay”, indica en su prólogo León-Portilla.

FORMADORES. Una escuela que formó a grandes humanistas en México fue el Colegio de Santa Cruz Tlatelolco, señaló Francisco Morales Baranda, hablante de náhuatl y colaborador en la investigación del libro Humanistas de Mesoamérica.

“En 1532 surgió la idea de fundar una escuela a la usanza europea, en ese momento el obispo Juan Fray de Zumárraga, el primer virrey don Antonio de Mendoza, Sebastián Ramírez Fuenleal, Bernardino de Sahagún, Andrés de Olmos y Alfonso de Molina, se reunieron con la idea de crear la escuela de Santa Cruz Tlatelolco que se fundó el 6 de enero de 1536”, dijo.

A ese colegio asistieron indígenas nahuas para aprender el trivio y el quadrivium. “El trivio estaba formado por gramática, retórica y lógica; y el quadrivium estaba formado por aritmética, geometría, astronomía y la música”, agregó Morales Baranda.

En esa escuela se elaboraron códices como el de Tlatelolco, se redactó La historia de las cosas de la Nueva España de Bernardino de Sahagún, los Cantares mexicanos y los Coloquios.

De los fundadores Santa Cruz Tlatelolco, Morales Baranda resaltó la vida de Fray Alonso de Molina quien nació en 1510 y llegó a la Nueva España en 1523, es decir, a sus 13 años de edad. “Le decían Alonsito, se trasladó a Texcoco y ahí aprendió el náhuatl con los niños de su edad, después se convirtió en el autor del primer vocabulario de lengua náhuatl”.

Otro personaje que destacó el también académico fue el español Sebastián Ramírez de Fuenleal, quien fue enviado a México para ser presidente de la Segunda Audiencia, sin embargo, fue expulsado de España por defender a los indígenas, ya que asumió su defensa.

“Se interesó por conocer lo tocante a las realidades naturales y culturales de México, entre otras cosas preparó una descripción geográfica de la región central y asimismo de las realidades culturales del país. Gracias en buena parte a él se fundó el Colegio de Santa Cruz Tlatelolco. A él acudieron centenares de jóvenes nahuas que estudiaron ahí las materias propias de las humanidades y asimismo recibieron lecciones de medicina”, escribe León-Portilla.

Morales Baranda también resaltó la figura de Bernardino de Sahagún, quien llegó a México en 1529, a sus 30 años de edad, junto con 20 frailes franciscanos y algunos gentiles mexicanos que hablaban náhuatl.

“Entonces él empezó a escuchar en el trayecto palabras en náhuatl, se interesó y les preguntó por el significado de muchas de ellas. Comenzó a interesarse de esa manera con la lengua náhuatl. Llegó y se instaló de inmediato en Tlalmanalco, cerca de Chalco, vivió ahí algunos años. Después se fue a Xochimilco en donde platicó con los indígenas de la región y ahí se enamoró de la lengua náhuatl”.

CONTEMPORÁNEOS. Miguel León-Portilla dedica páginas de esta novedad literaria a sus dos maestros: Manuel Gamio y Ángel María Garibay, pero también a dos mujeres: Rosario Castellanos y Beatriz de la Fuente.

“Rosario Castellanos, de estirpe chiapaneca, además de haber escrito novelas de tema indígena, trabajó en Chiapas a lado de tzotziles y tzetzales. Una muestra de su actividad le ofrece el Teatro Petul, acercamiento cultural que cautivó a miles de indígenas”, señala.

Por su parte, añade, Beatriz de la Fuente se concentró en el arte mesoamericano, sobresaliendo sus estudios sobre la escultura olmeca y huasteca, así como la pintura mural prehispánica en Teotihuacán, Oaxaca y Cacaxtla.

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