Contiúa el tiempo de silencio y reflexión en las campañas

Maria Elena Álvarez de Vicencio

Después de las abrumadoras “precampañas” se ha tenido un tiempo de silencio para reflexionar. Podríamos continuarlo recordando la Historia Patria de la primaria, que nos emocionaba profundamente, (como lo propone Enrique Krauze en su interesante ensayo “De héroes y mitos”). Imaginarnos el Grito de Dolores, el sitio de Cuautla, la trágica muerte de Galena en Puruarán, la frase de Vicente Guerrero cuando su padre llegó a ofrecerle el indulto, el “Abrazo de Acatempan”; o imaginar la casa de la Corregidora para ver la duela suelta por donde se trasmitió el mensaje sobre la conjura descubierta. No quisiéramos ver el horror de las cabezas de Hidalgo Allende, Aldama y Jiménez en sus jaulas de hierro para escarmiento público. Con esos recuerdos cada uno podría pensar cuál es su héroe favorito y compararlo con los de ahora.
Pensaríamos después en la Revolución con la ruda violencia de la desigualdad social y daríamos un  salto para encontrarnos con los Siete Sabios en la UNAM y ver a ese grupo de jóvenes llenos de entusiasmo, buscando la forma de transformar a México. Unos argumentando que la solución estaba a la izquierda y otros vislumbrándola a la diestra.
Esos jóvenes no estaban tramando cómo ser incluidos en las listas de los plurinominales para tener su curul asegurada, o en los diez primeros lugares para el Senado que cada partido ya los considera  propiedad de sus senadores, ellos se reunían para reflexionar sobre la penosa realidad por la que atravesaba el país y proyectaban los  posibles remedios.
Manuel Gómez Morin, quien fue uno de esos siete jóvenes, plasmó la realidad de México en un Ensayo que tituló “1915”. En él hizo un análisis sobre la situación ideológica y material del país  y expresó su desacuerdo con la política de los gobiernos pos revolucionarios, decía: “Todo era movimiento de grupos cerrados y facciones descontentas contra el monopolio Cardenista. Y todos se singularizaban por una total ausencia de doctrina, o por la más completa confusión de ideas y la más primitiva demagogia  verbalista”. Consideraba que el régimen mexicano carecía de programas, de orden, de justicia y de honradez. Se concebía al pueblo como una masa y a la nación como patrimonio del totalitarismo de Estado”.
Concluyó después de su  análisis que la base del problema estaba, principalmente, en la falta de ciudadanía; los mexicanos no habían sido formados como ciudadanos; primero fueron los años de la Colonia en los que les tocaba callar y obedecer; después de la Independencia empezaron las guerras civiles; luego la época de la Intervención. No se había tenido la oportunidad de organizar la democracia.
Efraín González Luna, abogado contemporáneo de Gómez Morin, decía refiriéndose a  esa época “El monopolio totalitario aumentaba; no existía verdadera opinión pública y menos podría haber una ciudadanía organizada; se había extinguido no solo una conducta política electoral normal, sino también la noción de su posibilidad”.
Hoy reflexionaríamos que nuestra realidad se parece a la de 1939, aunque existe el sistema democrático, hay un vacío de justicia y honradez. Los candidatos, con alguna excepción, tienen ansias de poder y no lo desean para servir. Muchos ciudadanos no piensan elegir al candidato más capaz y honesto; emitirán su voto deseando satisfacer una necesidad particular o cumplir un compromiso a cambio de algo. El votante no analiza el pasado de los candidatos; los valores que privilegia y haya cumplido en su vida personal y profesional ni el resultado de sus cargos anteriores.
Al reanudarse las campañas habrá que estar atentos a los debates para conocer las propuestas que presentarán. Estaremos a tiempo para reflexionar y elegir las mejores candidaturas para alcanzar el Bien Común de la Nación.


Doctora en Ciencias Políticas
melenavicencio@hotmail.com

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