Cultura

Publican intercambio epistolar entre Octavio Paz y Jaime García Terrés

El FCE edita El tráfago del mundo…, donde se muestra el calor de su amistad y a un Octavio Paz íntimo. También muestra cómo se relacionaba con sus contemporáneos

Los escritores italianos Italo Calvino y Elio Vittorini, los franceses Michel Butor y Roger Caillois, así ­como el editor italiano Alberto Moravia, fueron quienes votaron a favor de ­Jorge Luis Borges en 1961 para que obtuviera el Premio Formentor en la categoría de Premio Internacional. Los detalles de la ­votación, acontecida en Mallorca, son narrados por Octavio Paz en una carta que ­envió a su amigo Jaime García Terrés.

Esa misiva que por primera vez es publicada, forma parte de las 52 cartas inéditas que se reúnen en el libro El tráfago del mundo. Cartas de Octavio Paz a Jaime García Terrés 1952-1986, compilado, prologado y anotado por el poeta Rafael Vargas para el Fondo de Cultura Económica (FCE).

“La victoria de Borges se debe, en buena parte, a los franceses (Caillois y Butor, ­sobre todo) y a los italianos (Moravia, que hizo una pequeña y exuberante intervención, Vittorini y Calvino). Yo presenté a Borges a la consideración del jurado. Caillois y Moravia ‘apoyaron’ (¡qué lenguaje de político o diputado!) mi sugestión”, escribió Paz ­desde la Embajada de México en París, un 23 de mayo de 1961.

Al final, agregó el Premio Nobel de Literatura 1990, “la votación se empató (y de ahí la división del premio entre Beckett y Borges): tres votos (EU, Inglaterra y Alemania) por Beckett; tres votos (Francia, Italia, España-Hispanoamérica) por Borges”.

La primera edición del Premio Formentor sucedió en 1961 y fue otorgado al ­argentino Jorge Luis Borges por su obra Ficciones y al irlandés Samuel Beckett por su libro Trilogy. Este galardón fue impulsado por la editorial española Seix Barral, en colaboración con los propietarios del Hotel Formentor de Mallorca, que en aquella época eran un importante foro literario.

En una misiva del 14 de marzo de 1961, el autor de El laberinto de la soledad le adelantó a su amigo y editor en la Revista de la Universidad y Poesía en Voz Alta, García Terrés, que había sido invitado a ser parte del jurado en la primera edición del Premio Formentor.

“La editorial Barral me invitó para que formase parte del jurado (grupo de lengua española) del premio Internacional de la Novela. Acepté, porque creo que debemos colaborar con los nuevos escritores españoles, sobre todo si se trata de un grupo como ese, que hace una oposición activa al régimen español. Confidencialmente te diré –nada de esto puede todavía publicarse– que los tres candidatos de lengua española son, por su orden: Rulfo, Delibes y Carpentier. Yo había propuesto, además, a Carlos Fuentes y a Julio Cortázar. Posiblemente estos dos figuren en la ­selección de los novelistas jóvenes”.

Dos meses después, Octavio Paz escribió más detalles de los resultados del galardón, en el que el mexicano Juan Rulfo ­tuvo varios votos a su favor:

“Sólo te diré, que los primeros sorprendidos por el triunfo de Borges fueron los amigos españoles. Por común acuerdo a mí me tocó, en nombre del grupo de la lengua española, proponer a los escritores hispanoamericanos (Cela y Castellet lo habían hecho por los españoles). Me limité a citar tres nombres: Borges, Carpentier y Rulfo. Los tres obtuvieron ­votos en las innumerables votaciones preliminares. Rulfo obtuvo norteamericanos (era uno de los candidatos de Donald Allen), alemanes y el nuestro. Ojalá que Rulfo continuase escribiendo. Su obra es vista con gran interés en muchos sitios y por la gente mejor”.

La mayor sorpresa que Paz plasmó en esas misivas fue el desconocimiento de los españoles de la literatura latinoamericana: “Para mí (aparte de la vanidad de los premios literarios) la importancia de todo esto reside en que los españoles quizá empezarán a descubrir la existencia de la literatura hispanoamericana. Los únicos tres ­nombres hispánicos mencionados fueron latinoamericanos: Borges, Carpentier y Rulfo”.

Y agregó: “Encontré que en España (hasta donde pude darme cuenta) ignoran casi totalmente la literatura hispanoamericana. La culpa es de ellos (sería ridículo atribuirlo a la censura), primordialmente. Sin embargo, nosotros también tenemos cierta responsabilidad”. 

UNA AMISTAD. Octavio Paz y Jaime García Terrés se conocieron en París en febrero de 1950; Paz era segundo secretario de la embajada de México y García Terrés llegó a estudiar en la Universidad de París. Su amistad se reforzó cuando  García Terrés fue jefe del departamento editorial en México en el arte y después, director de la Revista de la Universidad de México.

“Paz siempre se ha visto como la persona que lideró y marcó la vida cultural de México, lo cual es cierto, pero se tiene la idea de que él decidía qué se publicaba y qué no. En gran medida, esta correspondencia ayuda a despejar esa idea, porque más bien funcionó como un faro al que todos se acercaba, del que se nutrían y podían aprender ­algo de él. Sí podía marcar pautas, pero había mucha independencia de cada uno de los ­actores”, señala en entrevista el editor Eduardo Matías.

Un ejemplo de lo anterior es la carta del 9 de febrero de 1960, en la que Paz le pregunta a Jaime si la Revista de la Universidad aceptó su columna:

Tu secretaria me dice que estás ausente de la República y que regresarás dentro de una o dos semanas. ­Para ganar tiempo he escrito a Juan García Ponce —supongo que sigue siendo el encargado de la Revista— y a José Emilio Pacheco que, tengo entendido, es uno de sus redactores. Les envío una copia de la primera entrega de Las horas contadas, con la súplica de que me contesten si la Revista acepta mi colaboración mensual”.

Esta correspondencia, que resguarda Celia Chávez de García Terrés, señala Eduardo Matías, muestra el calor de la amistad y a un Octavio Paz íntimo, más cercano a sus amigos y cómo se va relacionando con el resto de sus contemporáneos.

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