Italia huye hacia adelante

Fran Ruiz

Empecemos por la única buena noticia del día: Italia no ha arrastrado al mundo a un lunes negro. Ha sido así gracias a que, mientras los italianos votaban, Alemania anunciaba que la canciller Angela Merkel había amarrado una gran coalición con los socialdemócratas, con el consiguiente alivio para la estabilidad europea. De hecho, ayer fue un lunes de subidas suaves en las bolsas del viejo continente y de una prima de riesgo italiana sin sobresaltos. El mérito no es sólo de Alemania. También se debe a que el domingo no ganó en el país transalpino ningún candidato cuya promesa de campaña fuera asustarlos con un referéndum sobre la salida del país de la Unión Europea.

Los dos partidos triunfadores de las elecciones en Italia —el populista Movimiento 5 Estrellas (M5S) y la xenófoba Liga Norte— son euroescépticos, pero no al extremo de otras formaciones extremistas europeas, como el xenófobo UKIP, que empujó al Reino Unido al desastroso Brexit; o el Frente Nacional francés, cuya promesa de la candidata Marine Le Pen de sacar al país de la UE ayudó a la victoria del liberal europeísta Emmanuel Macron.

Pero no nos engañemos: ni el candidato del M5S, Luigi di Maio, es Macron (lo único que tienen en común es la juventud y que aborrecen a los partidos tradicionales), ni desde luego lo es Matteo Salvini, líder de la xenófoba Liga Norte, y autor de la frase “la raza blanca está en peligro por la inmigración”. De hecho, tanto Macron con Merkel se estarán preguntando con profunda inquietud qué ha pasado para que los italianos hayan votado mayoritariamente por dos candidatos populistas, que nada bueno puede traer a la estabilidad y al prestigio de la cuarta economía de la UE.

Parte de la explicación ya se ha dicho. Los italianos no escapan de esa corriente mundial de hartazgo ante una clase política tradicional, que no respondió como debía a la grave crisis económica que estalló hace ya una década, pero que se aferra al poder, a sus privilegios y a la corrupción. Pero los italianos tampoco son suicidas, como los fueron los polacos y los húngaros, que le entregaron todo el poder a la extrema derecha autoritaria y ahora ven cómo el país se hunde en el autoritarismo y es un estado paria dentro de la UE.

La consecuencia es que el M5S y la Liga Norte ganaron, pero los italianos se negaron a concederles ese mágico 40 por ciento para que no formen gobiernos autoritarios.

El escenario, en cualquier caso, es para echarse a llorar, porque el reparto de escaño obligará a esas formaciones extremistas o bien a aliarse entre ellas (muy poco probable, pero en Italia nada es imposible), o bien a buscar apoyo precisamente en los partidos tradicionales castigados en las urnas por los italianos: el gobernante Partido Democratico (PD), que tuvo la cara dura de presentar de nuevo como candidato al exprimer ministro Matteo Renzi, pese a su empeño en reformar la Constitución, mediante un referéndum que nadie pidió y que fue un fiasco; y Forza Italia, con el que el inhabilitado judicialmente Silvio Berlusconi pretendía volver al poder de la mano de un candidato europeísta y nada carismático, Antonio Tajani.

El panorama, pues, es desolador y augura una vuelta a la inestabilidad política crónica que difícilmente se resolverá con unas nuevas elecciones. A ver cómo enfrentan los italianos este nuevo experimento populista. De momento, lo que vemos es una huida hacia adelante, no sabemos a dónde.

fransink@outlook.com

 

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