Cómo combatir la corrupción - Gilberto Guevara Niebla | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 06 de Marzo, 2018
Cómo combatir la corrupción | La Crónica de Hoy

Cómo combatir la corrupción

Gilberto Guevara Niebla

Colocar la corrupción en el centro del debate electoral es correcto, porque ha alcanzado en nuestra sociedad proporciones enormes y de no cambiar pronto esta tendencia, México estará próximo a llegar al estado de “anomia idiota” en la cual la abundancia de pícaros termina pervirtiendo la democracia (Javier Sábada, Diccionario de ética). ¿Pero cómo enfrentar el problema? Andrés Manuel López Obrador dice que el fenómeno habrá de disminuir desde el momento en que él, una persona honesta, ocupe la silla presidencial. Pedagogía del ejemplo: él será el modelo para todos los funcionarios públicos que se verán obligados a contener sus deseos de saquear el tesoro público. Propone, además, elaborar, ­­—mediante un concilio de personas sabias, de moralidad intachable— una Constitución Moral que contribuirá a perfeccionar el carácter de los mexicanos, inculcándoles buenos hábitos y buenos valores. Con dicho instrumento normativo la transa, la pillería, el robo, la prevaricación, los moches, las mordidas y demás bribonadas disminuirán sensiblemente. 

Todos compartimos la idea de que es necesaria una reforma moral de la sociedad, aunque no suficiente. En realidad, para acabar con la corrupción también se necesita una reforma de las instituciones públicas, una reorganización, a fondo, del Estado.

Para impulsar la reforma moral es indispensable volver la mirada hacia la educación. Los ciudadanos mexicanos somos, en gran parte, producto de la educación que recibimos y la descomposición moral se explica, en la misma proporción, por el fracaso de la familia y de la escuela como agencias educadoras. De esto se deduce que para enfrentar el problema de la corrupción lo que los candidatos presidenciales necesitan, en primer lugar, es proponer un proyecto de política educativa dirigido a formar en niños y jóvenes una nueva conciencia moral y política que sea el fundamento para una nueva ciudadanía. Esto no ha sucedido; en vez de proyectos se han dedicado a lanzarse imprecaciones e insultos.

La reforma moral exige asimismo una re-educación moral de los adultos. En una democracia, tal re-educación debe sustentarse en el respeto irrestricto a la libertad de las personas. Algunos juristas sostienen que esa re-educación debe comenzar por dar a conocer las leyes a los ciudadanos y otros argumentan que la mejor pedagogía para volver honestos a los pícaros es aplicar la ley con todo rigor. Obvio: ambos métodos son válidos. Para re-educar adultos no basta con poner carteles públicos con las conocidas exhortaciones o llamados a seguir una vida virtuosa, como cuando se lee en la pared: “En esta oficina todos somos honestos”, “El respeto es un valor de todos”, “Los valores de esta empresa son: la honradez, la cooperación y el patriotismo”, etc. Aunque hay que reconocer que esos carteles —diseñados con inteligencia— pueden tener alguna eficacia. Sin embargo, lanzar campañas masivas bien concebidas en los medios de comunicación para promover las virtudes morales y cívicas, podría tener mucho éxito.

Pero la corrupción no es un asunto que dependa exclusivamente de las personas. Además de una reforma en educación, la lucha contra la corrupción exige reorganizar el entramado del Estado y de algunas instituciones privadas como las iglesias y las empresas. El Estado mexicano actual opera en total desorden. Es apremiante asegurar un equilibrio real entre los tres poderes de la Unión; el legislativo debe vigilar al Ejecutivo y el judicial perseguir realmente a los funcionarios que roban. Se necesitan leyes precisas y breves que sustituyan la inoperante y densa selva legislativa que hoy existe. Urge crear un servicio civil de carrera, un sistema que regule a la burocracia y asegure a los funcionarios públicos un estátus profesional, condiciones salariales dignas y perspectivas de ascenso y progreso en su trabajo.  Se necesita igualmente crear contrapesos políticos a toda figura de autoridad que use recursos públicos y, también instancias que garanticen la transparencia y la rendición de cuentas. Del mismo modo, se requiere estimular la participación ciudadana y a los grupos de la sociedad civil que puedan ejercer un poder de vigilancia y control sobre la actuación del sector público. Urge que funcione el Sistema Nacional Anticorrupción. En fin, para superar la corrupción México necesita proyectos concretos de transformación social y no meras homilías cuasi-religiosas como las de López Obrador con las cuales, simplemente, nada va a cambiar.

 

 

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