Abusos de ONU y ONG: Sexo por comida

Wendy Garrido Granada

Los humanos hemos construido un lugar atroz para vivir: guerras, dictaduras, hambruna, explotación, desigualdad económica y social. Y también hemos creado figuras que representan y demuestran lo contrario. La imagen de voluntarios o trabajadores de organizaciones civiles que son solidarios, bondadosos, que ayudan al prójimo en los peores escenarios y catástrofes.

Y es cierto. Muchas personas han trabajado arduamente para intentar contrarrestar los efectos de guerras o desastres naturales. Por ejemplo, la ONG Oxfam, que se encarga de enviar ayuda humanitaria de emergencia y apoya a largo plazo a comunidades vulnerables de diferentes países. También ha pugnado para reglas más justas en el comercio o exigir mejores servicios educativos y sanitarios.

Sin embargo, un informe publicado en febrero por el periódico británico The Times reveló que en el 2011, miembros de su personal contrataron prostitutas en Haití, entre las que había menores de edad explotadas sexualmente, para realizar orgías en las dependencias pagadas por la organización, durante la operación de ayuda humanitaria posterior al terremoto que destruyó ese país en 2010.

También hubo acusaciones contra algunos de sus empleados por contratar a trabajadoras sexuales en Chad en 2006 y Sudán del Sur.

La semana pasada, la BBC informó de casos de abusos y explotaciones sexuales sobre refugiadas y desplazadas de Siria, perpetrados por empleados de organizaciones dependientes de la ONU.

En el informe “Voces de Siria 2018” se recogen varios testimonios de mujeres que sufrieron chantaje por parte de distribuidores de ayuda humanitaria, literalmente pan a cambio de sexo, y casos de mujeres y niñas que se veían obligadas a casarse con funcionarios por un breve período para recibir comida por servicios sexuales.

Las mujeres viudas o divorciadas y las niñas huérfanas o sin “protector masculino” —como menciona el informe— son las consideradas como más vulnerables a la explotación sexual. Las prácticas son tan recurrentes en diversas partes de Siria, que las mujeres son estigmatizadas cuando reciben ayuda. Las personas a su alrededor asumen que si asisten a los centros de distribución de ayuda humanitaria, participan en algún tipo de acto sexual a cambio de la ayuda.

Tanto la ONU como las ONG tienen una política de cero tolerancia y siguen protocolos específicos, después del escándalo sobre los crímenes como violaciones, pedofilia y tráfico de seres humanos de los cascos azules, que forzó a Naciones Unidas a implementar más medidas para evitar cualquier tipo de abuso en misiones de paz.

Estos casos son inadmisibles, porque suman más injusticias y abusos a las personas más vulnerables que están sufriendo catástrofes. Cuando la ONU y las ONG tienen como misión aliviar y subsanar las consecuencias de una política internacional que refleja desigualdad, habría que recordar que zonas como África se encuentran en las condiciones actuales por la explotación histórica de países europeos o Siria es el escenario donde Estados Unidos y Rusia miden su fuerza política y militar.

¿Por qué un grupo de hombres, que se suponen son los buenos de la historia, perpetran y utilizan la ayuda humanitaria como moneda de cambio para acosar y explotar sobre todo a las mujeres y niñas? ¿Cómo evitarlo?

Las ONG y la ONU tienen que seguir mejorando y replanteándose sus protocolos de contratación de personal foráneo y local, atender a las demandas de las víctimas y sobre todo trabajar en coordinación con sus entidades como ONU Mujeres para frenar los abusos y trabajar bajo una perspectiva de género.

@wendygarridog

wengarrido@gmail.com

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